Iglesia Venezolana

In memorian: Fabiola López Rodríguez

Su clínica, en la cercana quinta de la Santa María, me pregunto si era su fuente de ingresos o su generoso dispendio desde donde atendía a muchos que solo le podían dar un “Dios se lo pague”

Cardenal Baltazar Porras Cardozo:

Hay noticias que mueven los resortes del afecto de los seres queridos. El 17 de diciembre entregó su alma al creador la Dra. Fabiola López Rodríguez, quien fue durante muchos años mi diligente dentista a la que recurría cada vez que necesitaba sus servicios. La amistad con la familia López Rodríguez comenzó desde mi llegada a Mérida a través de su hermano el Dr. Néstor, por la vinculación con la Universidad de los Andes en los diversos cargos que ocupó en su larga vida universitaria. La frecuente visita a la casa de sus hermanas Nelly y Fabiola, con su mamá y otros seres queridos fue punto de frecuente visita para degustar la amistad y las excelentes atenciones de las que siempre hicieron gala. Y unos metros más arriba en la casa de Néstor y Libia donde nunca ha faltado la acogida fraterna para mil cosas, entre ellas, las tertulias con el grupo de profesores y amigos para cotejar puntos de vista de la realidad nacional y regional.

Quiero destacar las virtudes humanas y cristianas de Fabiola, reflejo de los otros miembros de su dilatada familia, amasada en el hogar de Ejido que marcó indeleblemente la vocación de servicio, la preocupación por el prójimo, aderezadas con la profunda fe cristiana que se adornaba con las bellas tradiciones religiosas andinas.

La sencillez de su vida es para mí espejo fiel de la vocación auténtica de servicio desinteresado, abierto a las necesidades de los demás. Su clínica, en la cercana quinta de la Santa María, me pregunto si era su fuente de ingresos o su generoso dispendio desde donde atendía a muchos que solo le podían dar un “Dios se lo pague”. Fue Fabiola de esos que no mojan, pero empapan, sin ruidos, sin buscar aplausos con la satisfacción del espíritu samaritano que la hizo ser querida y admirada por todos.

En estos últimos años, Néstor fue el ángel guardián de las tres Libia, su esposa, Nelly y Fabiola. Sinceramente hay que reconocer la dedicación total de la atención a ese trío de mujeres que significaron tanto para Néstor. Se me antoja que se parecían a los tres jóvenes lanzado al pozo por Nabucodonosor quien tuvo que reconocer en ellos a unos ángeles a quienes había que buscar para conseguir el bien. Dios te pague querido Néstor por el ejemplo que nos has dado a muchos de los que te conocemos.

He ofrecido en estos días mi oración desde la lejanía pero en la cercanía que da el afecto que debe ser siempre correspondido. Desde el cielo, todas ellas a las que hay que unir a los otros seres queridos que las precedieron y sembraron buena semilla que dio fruto abundante en las generaciones siguientes. Descansa en paz, querida Fabiola e intercede por todos nosotros ante el trono del Altísimo que buena falta nos hace.-

20-12-25

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