Venezuela

Editorial El Mundo, España: La caída de Maduro debe ser una oportunidad para los venezolanos

La captura del dictador debe marcar un punto de inflexión y devolver el Estado de derecho al país a través de las urnas

La operación ejecutada por el Gobierno de Estados Unidos para capturar al dictador venezolano Nicolás Maduro debe marcar un punto de inflexión en la historia del país y de la región. La caída de un régimen que ha despreciado como pocos las bases de la democracia, que ha exterminado con brutalidad cualquier tipo de pluralidad política y cuya represión ha propiciado un éxodo sin precedentes no puede ser motivo de tristeza. Sí de esperanza para que los destinos del país vuelvan a estar en manos del pueblo venezolano, que expresó en su última cita con las urnas su apoyo a Edmundo González y María Corina Machado.

La vía elegida por Donald Trump -una operación militar sin el aval de la comunidad internacional ni del propio Congreso estadounidense- es ajena a la legalidad que ha regido en las últimas décadas las relaciones exteriores. Es, por tanto, un motivo de inquietud. Se trata, eso sí, de una conducta acorde a la transformación del orden mundial, que está abandonando un espacio normativo multilateral para sustituirlo por el control de los espacios de influencia. Trump reclama para Estados Unidos el del llamado hemisferio occidental, que comprende la totalidad del continente americano, y actúa sin paños calientes. Toda una señal para Europa, que debe seguir apostando de forma urgente por su autonomía estratégica con una inversión decidida en Defensa.

Más preocupante que esto resultaron las palabras de Trump respecto del futuro inmediato del país. Su diálogo reconocido con algunos de los cuadros más despreciables del régimen, con la vicepresidenta Delcy Rodríguez a la cabeza, y el desdén que manifestó hacia María Corina Machado exigen una rectificación. María Corina Machado no padece, como dijo el presidente norteamericano, «la falta de respeto de los venezolanos». Muy al contrario, su liderazgo y su coraje fueron premiados en las urnas durante las últimas elecciones.

Aunque comprensibles por la retórica empresarial de Trump, las continuas referencias a la captura de las reservas de hidrocarburos por las empresas norteamericanas también merecen más mesura. Venezuela no es un protectorado petrolífero de nadie, sino una nación cuyo Estado de derecho debe ser restituido, así como la voluntad de sus ciudadanos. El pueblo venezolano merece una oportunidad para su libertad.

La delicada situación del país compromete también al Gobierno español, cuya complacencia con el dictador derrocado ha sido motivo de sonrojo y de sospecha por las estrechas relaciones de algunos mandatarios del PSOE con el régimen. El ex presidente Rodríguez Zapatero debe dejar de ser un mediador para nadie. Y el Gobierno actual y los que vengan tienen que adoptar una posición acorde con la crudeza de los tiempos venideros, en los que la defensa de la democracia sólo será posible desde la firmeza y el pragmatismo.-

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