Dos jesuitas (Mariana y Suárez) enfrentados por la licitud de matar al tirano que oprime al pueblo
Se enfrentaron en el siglo XVII sobre si era lícito moralmente el tiranicidio, es decir: matar al tirano, y en qué circunstancias

¿Es moralmente aceptable matar a un tirano que oprime al pueblo de forma extrema? En este sentido, ¿hubiera sido aceptable moralmente aplicar el tiranicidio a Hitler, Stalin, Mao Zedong, Pol Pot, Castro, Idi Amin u Omar al-Bashir, entre otros?
A finales del siglo XVI y principios del XVII dos jesuitas españoles, Francisco Suárez (1548-1617) y Juan de Mariana (1536-1624), reflexionaron sobre este asunto y escribieron varios tratados sobre el derecho de resistencia y el tiranicidio.
En el centro de la discusión estaba la cuestión de si los pueblos tienen derecho -podríamos decir que en defensa propia-, a quitar la vida al tirano que gobierna de forma despótica en grado sumo.

La elevación del debate jurídico, político, filosófico y teológico es una de las características de la España de los siglos XVI y XVII.
La posición de Juan de Mariana
El jesuita Juan de Mariana, que trata el tema del tiranicidio en De rege et regis institutione (1599), distingue entre una tiranía moderada y otra grave.
En el primer caso: “Mientras no desprecie las leyes del deber y del honor a las que está sujeto por razón de su oficio”, habría que sufrir al gobernante.
Pero si la tiranía es de gravedad extrema: si el rey “trastornase toda la comunidad, se apoderase de las riquezas de todos, menospreciase las leyes y la religión del reino y desafiase con su arrogancia y su impiedad al propio cielo”, “hay que pensar el medio de destronarlo”.
Y añade el jesuita: “(el tirano) Puede ser despojado por cualquiera del gobierno y de la vida”, pues es un “enemigo público”.
Juan de Mariana indicaba varias circunstancias hasta justificar el tiranicidio, pero al final apelaba que quien “quiera ayudar a la salvación de la patria”, puede, “si no hubiera otro modo posible de salvarla, matar al príncipe […] con la autoridad legítima del derecho de defensa”.
Suárez, el otro jesuita sobre el tiranicidio
Por su parte, otro jesuita, Francisco Suárez, entra en el debate con Mariana sobre la resistencia civil y el tiranicidio con su obra Defensio fidei, y señalará que nadie tiene autoridad para matar al tirano, ni por su gobierno tiránico, ni por otros tipos de crímenes, salvo en dos circunstancias concretas.
Estas circunstancias expuestas por el jesuita Suárez las resume Pablo Font Oporto, profesor de la Universidad Loyola Andalucía, y experto en el tema:
- “En primer lugar, es posible matar al tirano con título legítimo en caso de legítima defensa de la propia vida e integridad física. En segundo lugar, también es posible en caso de legítima defensa de la comunidad, cuando el rey está agrediendo a la misma con la intención injusta de destruirla y matar a sus miembros”.
Font Oporto resume las seis condiciones que manifestaba Suárez para que al tirano se le pueda aplicar el tiranicidio por cualquier miembro de la comunidad que sea víctima de la tiranía:
- “Primera, que no quepa interponer recurso ante un superior que juzgue al usurpador;
- segunda, que la tiranía y la injusticia sean públicas y manifiestas;
- tercera, que la muerte del tirano sea imprescindible para liberar a la comunidad política de tal opresión;
- cuarta, que no exista entre el tirano y el pueblo un tratado, tregua o pacto ratificado con juramento;
- quinta, que no se tema que de la muerte del tirano van a resultar para la comunidad política los mismos o mayores males que los que sufre bajo la tiranía;
- sexta, que la comunidad política no se oponga expresamente al acto de dar muerte al tirano usurpador”.

El asesinato de Julio César, el año 44 a.C., es considerado un prototipo de tiranicidio, por los participantes (senadores) y por su motivación (el temor a la concentración de poder).
Divergencias por el tiranicidio
Mariana y Suárez tenían sus convergencias sobre la resistencia civil del pueblo, pero también sus divergencias a propósito del tiranicidio.
Si bien el primero (Mariana) matiza poco sobre las razones y circunstancias para justificar moralmente la muerte del tirano-opresor, el segundo (Suárez) se muestra más prudente.
“Suárez intenta legitimar la muerte del mal gobernante sobre la base de la legítima defensa -señala Font Oporto-, y por tanto su visión es de nuevo más restrictiva. Aunque esas situaciones de ataque a la existencia de la comunidad y sus miembros que en Suárez justifican la legítima defensa podrían equiparase a la tiranía grave de que habla Mariana, esta similitud no queda clara, pues este último no se centra tanto en los resultados de la acción del gobernante cuanto en el incumplimiento que éste hace de sus deberes propios”.
El magisterio
¿Qué dice la Iglesia sobre la justificación moral del tiranicidio?
A lo largo de los siglos se ha mantenido la controversia. El Concilio de Constanza (1414-1418) condenó la proposición que exige que todo tirano sea matado por cualquier persona. Por su parte, Santo Tomás dejó algo abierta la posibilidad del tiranicidio en sus obras de madurez.
El sacerdote argentino Federico Highton, de la Orden de San Elías, señala que “ni la sentencia constanziana ni la doctrina tomasiana (sobre el tiranicidio) son del todo claras y definitivas, lo cual deja la cuestión tan abierta que hay tomistas que se oponen totalmente al tiranicidio, como el padre Miguel Ángel Fuentes, y otros que lo defienden, incluso antes del célebre jesuita Juan de Mariana –que legitima el tiranicidio bajo ciertas condiciones–, como Vázquez de Menchaca”.
¿Y qué dice el Catecismo de la Iglesia católica sobre este tema? Propiamente no se refiere al tiranicidio, y sobre la resistencia civil el punto 2243 menciona lo siguiente: “La resistencia a la opresión de quienes gobiernan no podrá recurrir legítimamente a las armas sino cuando se reúnan las condiciones siguientes:
- en caso de violaciones ciertas, graves y prolongadas de los derechos fundamentales;
- después de haber agotado todos los otros recursos;
- sin provocar desórdenes peores;
- que haya esperanza fundada de éxito;
- si es imposible prever razonablemente soluciones mejores”.
Por otra parte, en el contexto de la legítima defensa, el Catecismo, en el punto 2264, subraya que “el amor a sí mismo constituye un principio fundamental de la moralidad. Es, por tanto, legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se vea obligado a asestar a su agresor un golpe mortal”.
Volvemos a la pregunta del comienzo: ¿es moralmente aceptable matar a un tirano que oprime al pueblo de forma extrema? Es un gran dilema difícil de resolver, que implicaría aplicar un juicio moral a una situación muy concreta. A día de hoy, no hay un pronunciamiento eclesial sobre la licitud moral de la llamada Operación Valkiria, que fue un complot de un grupo de cristianos (protestantes y católicos), entre los que estaba el pastor luterano Dietrich Bonhoeffer, que tenía como fin asesinar a Adolf Hitler, y de esta manera poner fin o acortar la dictadura nazi.-
Pie de foto: A la izquierda, Juan de Mariana, en un retrato de Matías Moreno (1878); a la derecha, Francisco Suárez, en un retrato de Juan de Sevilla Romero y Escalante (1667)





