¿Cómo puede servir el laico en la sociedad?
La Doctrina Social de la Iglesia instruye cuatro servicios que los laicos están llamados a brindar a la sociedad. Aquí te los presentamos

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (CDSI) ofrece una exposición particular acerca de la “Doctrina social y (el) compromiso de los fieles laicos (nn. 541-574) en la que se encuentran los cuatro servicios que el laico está llamado a brindar en los diversos ámbitos de la vida social. Estos son fundamentales pues dan testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina social en la solución de los problemas que aquejan a la sociedad:
“(…) obedeciendo a las diversas exigencias de su ámbito particular de compromiso, los fieles laicos expresan la verdad de su fe y, al mismo tiempo, la verdad de la doctrina social de la Iglesia, que encuentra su plena realización cuando se vive concretamente para solucionar los problemas sociales. La credibilidad misma de la doctrina social reside, en efecto, en el testimonio de las obras, antes que en su coherencia y lógica interna”.
(CDSI, n. 551).
1El servicio a la persona humana
El primero y principal servicio del laico a su sociedad es a la persona. Este se encuentra centrado en la promoción de la dignidad de cada persona, creada por Dios Padre con amor, redimida por Dios Hijo con amor, y animada por Dios Espíritu Santo con amor.
“Redescubrir y hacer redescubrir la dignidad inviolable de cada persona humana constituye una tarea esencial; es más, en cierto sentido es la tarea central y unificante del servicio que la Iglesia, y en ella los fieles laicos, están llamados a prestar a la familia humana”
(Christifideles laici, 37).
La Doctrina Social de la Iglesia precisa lo que implica esta promoción de la dignidad humana:
– La afirmación del inviolable derecho a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural.
– El reconocimiento de la dimensión religiosa del hombre, que no es ‘una exigencia simplemente confesional, sino más bien una exigencia que encuentra su raíz inextirpable en la realidad misma del hombre’.
– El reconocimiento efectivo del derecho a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa.
– El compromiso de defender el matrimonio y la familia.
(Cf. CDSI, n. 553).
2El servicio a la cultura
Resulta frecuente encontrar que la experiencia de fe se encuentra separada de la vida cotidiana; como si el ser cristiano fuera incompatible con el ser ciudadano. La Doctrina Social de la Iglesia juzga este fenómeno como uno de los errores más graves de nuestro tiempo (Cf. Gaudium et spes, 43); por ello, la Iglesia exhorta a los laicos a vivir y testimoniar una cultura inspirada en el Evangelio: “Presentar en términos culturales actualizados el patrimonio de la Tradición católica, sus valores, sus contenidos, toda la herencia espiritual, intelectual y moral del catolicismo, es también hoy la urgencia prioritaria” (CDSI, n. 555).
La cultura que corresponde a los laicos promocionar y testimoniar tiene, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, las siguientes dimensiones, derechos y desafíos:
– La dimensión ética, que dirige a la perfección del ser humano en el bien común de la sociedad (Cf. CDSI, n. 556).
– El derecho a una cultura humana y civil: derecho a una escuela libre y abierta; la libertad de acceso a los medios de comunicación social; la libertad de investigación, de divulgación del pensamiento, de debate y de confrontación; y el compromiso por la educación y la formación de la persona (Cf. CDSI, n. 557).
– El desafío de fomentar una cultura centrada en la verdad, evitando visiones reductivas e ideológicas del ser humano y de la vida (Cf. CDSI, n. 558).
– La dimensión religiosa de la cultura. “La pregunta que proviene del misterio de la vida y remite al misterio más grande, el de Dios, está, en efecto, en el centro de toda cultura; cancelar este ámbito comporta la corrupción de la cultura y de la vida moral de las Naciones” (CDSI, n. 559).
– La atención relevante a los medios de comunicación social, considerando sobre todo los contenidos, eligiendo siempre las normas del orden moral (Cf. CDSI, n. 560).
3El servicio a la economía
La economía, señala el Magisterio social de la Iglesia, debe estar centrada en la persona. Velar por este principio es uno de los servicios que los laicos están llamados a brindar a la sociedad (Cf. CDSI, n. 563). Parte de este servicio es el discernimiento cultural sobre los actuales modelos de desarrollo económico.
“La reducción de la cuestión del desarrollo a un problema exclusivamente técnico llevaría a vaciarlo de su verdadero contenido que es (…) ‘la dignidad del hombre y de los pueblos’” (CDSI, n. 563).
4El servicio a la política
El cuarto servicio es a la política: “Para los fieles laicos, el compromiso político es una expresión cualificada y exigente del empeño cristiano al servicio de los demás” (CDSI, n. 565). En resumen, este servicio contempla las siguientes orientaciones:
– La búsqueda del bien común con espíritu de servicio.
– El desarrollo de la justicia con atención particular a las situaciones de pobreza y sufrimiento.
– El respeto de la autonomía de las realidades terrenas.
– El principio de subsidiaridad.
– La promoción del diálogo y de la paz en el horizonte de la solidaridad.
(Cf. CDSI, n. 565).
La Iglesia no pretende que este servicio en el orden político sea ajeno a la debida preparación profesional que la materia exige:
“Vivir y actuar políticamente en conformidad con la propia conciencia no es un acomodarse en posiciones extrañas al compromiso político o en una forma de confesionalidad, sino expresión de la aportación de los cristianos para que, a través de la política, se instaure un ordenamiento social más justo y coherente con la dignidad de la persona humana”
(CDSI, n. 566).
En este sentido, la participación política en el marco democrático se debe llevar a cabo en el servicio al bien común, cuidando la distinción y la conexión entre los órdenes legal y moral que esencialmente no riñen entre sí (Cf. CDSI, n. 569).
Por lo que respecta al ámbito legislativo, el Magisterio enseña que “la conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral” (CDSI, n. 570).
Finalmente, el Magisterio social orienta en torno al discernimiento acerca de la participación política en la adhesión a un partido:
“Es necesario efectuar una opción coherente con los valores, teniendo en cuenta las circunstancias reales. En cualquier caso, toda elección debe siempre enraizarse en la caridad y tender a la búsqueda del bien común. Las instancias de la fe cristiana difícilmente se pueden encontrar en una única posición política: pretender que un partido o una formación política correspondan completamente a las exigencias de la fe y de la vida cristiana genera equívocos peligrosos. (…) su adhesión a una formación política no será nunca ideológica, sino siempre crítica, a fin de que el partido y su proyecto político resulten estimulados a realizar formas cada vez más atentas a lograr el bien común, incluido el fin espiritual del hombre”
(CDSI, n. 573).
Luis Carlos Frías – publicado el 27/01/26-Aleteia.org




