Venezuela

Freddy Pérez: La transición no es un discurso, es un acuerdo nacional impostergable

Venezuela no saldrá de la crisis por la vía de la imposición ni del triunfo de un bando sobre otro, sino mediante un Gobierno de Coalición que conduzca una transición real hacia la democracia plena

Freddy Alberto Pérez no es un improvisado en la política larense ni un recién llegado al debate nacional. Su trayectoria se ha construido desde la gestión local y el ejercicio legislativo, con una mirada que combina experiencia institucional y lectura crítica del colapso venezolano. Fue alcalde del municipio Palavecino en momentos complejos de la descentralización venezolana y luego diputado al Consejo Legislativo del estado Lara, desde donde insistió en la necesidad de políticas públicas sostenibles y en el respeto a la Constitución como columna vertebral del Estado.

Hoy, alejado de los cargos, pero no del debate, Pérez se posiciona como una voz que insiste en lo que muchos evitan decir con claridad: Venezuela no saldrá de la crisis por la vía de la imposición ni del triunfo de un bando sobre otro, sino mediante un Gobierno de Coalición que conduzca una transición real hacia la democracia plena.

No se trata de una consigna coyuntural, sino de una arquitectura política pensada para desmontar la emergencia estructural que vive el país.

Un acuerdo antes que una victoria

Para Freddy Pérez, el punto de partida es ineludible: Venezuela necesita un gran acuerdo nacional, amplio, incluyente y dialogante. En su visión, la polarización dejó de ser un conflicto político para convertirse en un obstáculo existencial para la República.

“Estamos frente a una emergencia integral: política, social, económica e institucional. Ningún sector, por sí solo, tiene hoy la capacidad de sacar al país del colapso”, sostiene el dirigente político.

De allí su defensa de un Gobierno de Coalición para la Transición, integrado por sectores del gobierno y de la oposición, con el acompañamiento de Estados Unidos. No como tutela extranjera, aclara, sino como factor de confianza, verificación y respaldo internacional para un proceso delicado y excepcional.

Elecciones como objetivo, no como punto de partida

Pérez introduce una advertencia que suele incomodar tanto a oficialistas como a opositores: sin estabilidad previa no hay elecciones libres, pero sin elecciones libres no hay democracia.

Por eso plantea que una de las tareas centrales del Gobierno de Coalición sea crear las condiciones políticas, jurídicas y técnicas para un proceso electoral integral, donde se elijan todas las autoridades de elección popular, comenzando por la Presidencia de la República.

La transición, insiste, no puede ser indefinida, pero tampoco improvisada.

La economía como eje de la gobernabilidad

En el centro de su propuesta aparece un plan económico que asume la gravedad del deterioro nacional sin rodeos retóricos. El Gobierno de Coalición, plantea, debe diseñar y ejecutar un plan de estabilización y crecimiento macroeconómico, sustentado en tres pilares: política fiscal responsable, política monetaria creíble y una política comercial abierta al mundo.

En ese contexto, Pérez propone una medida de alto impacto: la dolarización formal de la economía venezolana, mediante un convenio entre el Banco Central de Venezuela y la Reserva Federal de Estados Unidos.

No como dogma ideológico, sino como mecanismo de estabilización, recuperación del salario real y reconstrucción de la confianza.

PDVSA, inversión y reindustrialización

La recuperación económica, en su planteamiento, pasa necesariamente por una reingeniería profunda de PDVSA, orientada a recuperar su capacidad productiva y abrirla a inversiones nacionales y extranjeras bajo reglas claras y transparentes.

Los ingresos derivados de la venta de petróleo —junto con los activos venezolanos retenidos en el exterior— deben ser direccionados, según Pérez, a una política de reindustrialización del aparato productivo nacional, alejándose definitivamente del rentismo improductivo que marcó décadas de gestión.

La deuda social de la transición

El dirigente larense subraya que ningún proceso de transición será legítimo si no aborda de inmediato la catástrofe social que atraviesa el país. Propone un programa de emergencia enfocado en la recuperación del salario y las pensiones, así como en la atención alimentaria, sanitaria y educativa de la población más vulnerable.

“La democracia no se construye sobre el hambre”, repite como idea fuerza.

Derechos humanos: una línea roja

Uno de los pasajes más contundentes de su planteamiento es el referido a los derechos humanos. El Gobierno de Coalición, afirma, debe garantizar el respeto absoluto a la Constitución Nacional, a la vida, a la libertad de pensamiento, de expresión y al ejercicio de la actividad política.

En ese marco, es tajante con el tema de los presos políticos: liberación inmediata e incondicional, sin disfraces jurídicos.

Pérez rechaza explícitamente una ley de amnistía, por considerar que esta termina encubriendo a los responsables de violaciones de derechos humanos y revictimizando a quienes nunca cometieron delito alguno.

La propuesta de Freddy Pérez no busca aplausos fáciles ni adhesiones emocionales. Es, más bien, una invitación incómoda a asumir la magnitud del fracaso colectivo y la necesidad de una salida igualmente colectiva. En su visión, la transición no es una épica de vencedores y vencidos, sino un proceso de reconstrucción nacional donde cada actor debe ceder algo para salvarlo todo.

Un Gobierno de Coalición no es el final del conflicto venezolano, pero sí puede ser el inicio de su superación. La alternativa —seguir apostando al colapso del adversario mientras el país se desintegra— ya demostró su esterilidad histórica. La pregunta, entonces, no es si Venezuela puede permitirse un acuerdo nacional.
La verdadera pregunta es si puede seguir dándose el lujo de no hacerlo.-

-El Impulso

luisalbertoperozopadua@gmail.com

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba