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La Biblioteca Vaticana compra un manuscrito que desapareció de su colección hace más de dos siglos

Contiene cinco vidas de santos y la Historia de los Longobardos que pondrán a disposición de los estudiosos

Una carambola en una prestigiosa librería anticuaria de Viena ha permitido a la Biblioteca Apostólica Vaticana recuperar un valioso manuscrito del siglo XVI que faltaba de sus estanterías desde hace más de 200 años. Llegó al Vaticano en 1623 y más de dos siglos después se le perdió la pista. El volumen, que contiene raras biografías de cinco santos alemanes, perteneció previamente a la Biblioteca Palatina de Heidelberg, una de las colecciones europeas más prestigiosas del Renacimiento, y también ha estado en manos de importantes coleccionistas privados.

La recuperación del manuscrito ha sido posible gracias a la colaboración entre dos bibliotecas. Hace unas semanas, Jochen Apel, director de la Biblioteca Universitaria de Heidelberg supo que esta obra estaba en venta en un anticuario de Viena. Inmediatamente contactó al prefecto de la Biblioteca Apostólica Vaticana, donde se conserva la colección original, y a continuación el Vaticano decidió comprarlo para impedir que vuelva a desaparecer.

«Las adquisiciones en las bibliotecas son constantes, pero operaciones como estas ocurren raramente. Esta tiene un valor histórico pues ha hecho posible recolocar un manuscrito en la colección a la que pertenece. En la biblioteca ahora el volumen vuelve a estar a disposición de los estudiosos», explica Claudia Montuschi, directora del departamento de manuscritos de la Biblioteca Apostólica Vaticana y ‘scriptor Latinus’.

De Heidelberg a Roma

La historia de este manuscrito es apasionante. Originalmente estaba en la biblioteca de los príncipes electores del Palatinado, en Heidelberg, en la colección del conde Otón Enrique, quien introdujo la Reforma protestante en el Palatinado; desde 1556, esta era una de las que compusieron la Biblioteca Palatina, una especie de ‘sistema bibliotecario’ que reunía tres bibliotecas diferentes de la ciudad.

Reunía volúmenes tan preciosos que, durante la Guerra de los Treinta Años, el Papa Gregorio XV ordenó al entonces obispo de Maguncia que si las tropas católicas atacaban la ciudad luterana, debían salvaguardar la biblioteca. Una vez que en 1622 conquistaron el Palatinado, el duque y más adelante elector Maximiliano I de Baviera, al frente de la Liga católica, regaló la biblioteca a Gregorio XV como agradecimiento por su apoyo.

Cuentan las crónicas que tras la decisión de Maximiliano I, el Pontífice envió a Heidelberg al ‘scriptor Graecus’ de la Biblioteca Vaticana, Leone Allacci, con la indicación de que trajera a la Ciudad Eterna todos los manuscritos de esta colección y las obras impresas más interesantes.

Allacci empaquetó 184 cajas con más de 10.000 volúmenes entre manuscritos y obras impresas. Los llevó a lomos de unos 200 mulos que atravesaron los Alpes rumbo al Vaticano. El viaje duró casi seis meses, desde febrero a principios de agosto de 1623. «Gregorio XV falleció mientras llegaban los ejemplares y los recibió el papa Urbano VIII, quien preparó una galería con armarios especiales para acoger esta colección y mantenerla unida, como solicitó Maximiliano de Baviera. Estas salas hoy forman parte del recorrido de los Museos Vaticanos y tienen un epígrafe monumental que recuerda la donación», explica Montuschi.

De esta colección, en el Vaticano se conservan volúmenes manuscritos e impresos redactados en alfabetos latino, griego, hebreo, árabe o siriaco entre otros. Contiene joyas como el Evangeliario de Lorsch, hecho en la corte de Carlomagno a principios del siglo IX, y un manuscrito del tratado de cetrería ‘De arte venandi cum avibus’, de Federico II de Suabia, que podría datarse entre 1258 y 1266.

Uno de aquellos volúmenes que Allacci trajo fue clasificado como «Pal. lat. 851», y «hasta la primera mitad del siglo XVIII estaba en la Biblioteca Vaticana. En una revisión de 1798 ya había desaparecido, junto a otros, y en los registros aparecía señalado como «No localizado»», describe Claudia Montuschi. La noticia de la venta del volumen comunicada por la Biblioteca Universitaria de Heidelberg a la Biblioteca Vaticana «puso en marcha un intercambio entre ambas instituciones, en un espíritu de verdadera cooperación científica», recuerda.

«Este volumen es del siglo XVI, y el primer texto que contiene lleva fecha del año 1501. Son 115 hojas redactadas por varios copistas con la vida de cinco santos y una copia de la ‘Historia Langobardorum’ que Pablo el Diacono escribió en el siglo VIII. Al menos dos de los textos hagiográficos son un testimonio muy poco común», describe Montuschi, que aún lo está estudiando.

La encuadernación tiene fecha del 1556, y en las tapas aparece el retrato del conde Otón Enrique junto a su lema ‘Mit der Zeit’ (Poco a poco). Las ‘hojas de guarda’ añadidas entre las tapas y las páginas muestran los ‘ex libris’ de los propietarios del volumen a lo largo de estos años, entre ellos Frederick North (1732-1792), que fue primer ministro del Reino Unido, Sir Thomas Phillipps (1792-1872) o el francés Maurice Burrus (1882-1959). La reciente adquisición supone que se reincorpora a la colección a la que pertenecía retomando su signatura vaticana original «Pal. lat. 851» y que en el registro se ha eliminado la expresión «No localizado».

El manuscrito será sometido ahora a trabajos de conservación. Luego será digitalizado como los demás manuscritos vaticanos, siguiendo el proyecto que esta biblioteca inició en 2010 precisamente a partir de los fondos de la Biblioteca Palatina, en un proyecto compartido con la Biblioteca Universitaria de Heidelberg. Una vez digitalizado, estará disponible en línea para investigadores de todo el mundo. «Junto al estudio, la catalogación, las salas de consulta y la custodia del patrimonio, ahora también la digitalización nos permite cumplir nuestra misión esencial: proteger estos valiosos testimonios del pasado, hacerlos accesibles en el presente y conservarlos para el futuro», concluye Montuschi.-

Javier Martínez-Brocal/ABC de Madrid

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