Las fuerzas de Montserrat Torrent, una organista centenaria
“Cuando toco, la primera sensación es que me siento joven…”

La gran organista Montserrat Torrent tiene programados este año 2026 un gran número de conciertos, exposiciones y otras actividades con motivo de su centenario.
De todas ellas, la inauguración de un órgano barroco que lleva su nombre en la iglesia de San Felipe Neri de Barcelona es la que espera con más ilusión: “El sueño de la juventud será realizado en la vejez”, dijo en una entrevista a Radio Estel.
Torrent es un portento al órgano, como muestran los importantes premios que ha recibido y las destacadas instituciones académicas y artísticas que la han reconocido y donde ha enseñado.
El próximo 17 de abril cumplirá 100 años. “Celebro esta vida y aprovecho esta prórroga que tengo para ser tan feliz como puedo”, agradece.
Cada día se levanta a las 5 de la mañana y de 6 a 8 estudia órgano dos horas, “las más preciosas del día”, dice.
Montserrat está convencida de que la música ha sido su alimento, lo que la ha sostenido y le ha dado ganas de vivir.
Afirma incluso que este arte ha sido la “medicina” que le ha permitido superar un cáncer y otros graves problemas de salud.
La organista siempre ha vivido la fe católica y ha mantenido una relación estrecha e incondicional con la Iglesia, tanto desde el punto de vista personal como profesional.
“Vengo de una familia muy creyente y he hecho mía la fe toda la vida, y no tengo ningún problema en reforzar las dudas que puedan surgir”, explica a Aleteia.
Del piano al órgano
Montserrat nació en Barcelona el año 1926. Fue la sexta de siete hermanos, de padre médico y madre pianista, alumna del compositor Enrique Granados.
“Mi madre intuyó que tenía una facilidad especial para la música y se dedicó muy, muy en serio a educarme y a cultivar mis pequeñas cualidades”, explica en un documental sobre su vida de la empresa alemana Musikverlag Motette Psallite.
Montserrat realizó los estudios de piano, aunque tocar ese instrumento “no me llenaba del todo”, recuerda.
La guerra civil española afectó a la familia de Montserrat, que pasó a veranear en Santa Coloma de Farners.
En la iglesia de ese pueblo, descubrió el órgano. Le impactó mucho escuchar cómo lo tocaba Narcís Jubany, quien más tarde se convertiría en arzobispo de Barcelona.
Plenitud
Decidió aprender a tocar el instrumento litúrgico por excelencia y tras muchos ejercicios se topó con su más admirado compositor.
“Cuando toqué el primer coral de Bach, encontré como una plenitud de mi existencia”, rememora.
“Ahora me voy a encerrar en una iglesia y voy a tocar y ser feliz”, recuerda que pensó, harta de exhibiciones pianísticas.
“Con un egoísmo no ejemplar, me lo quedaba para mí sola”, reconoce. Sin embargo, al acabar la carrera de órgano, el director del conservatorio le pidió dar clases.
Ella rehusó pero él y sus padres insistieron. “Tan tristes estaban que obedecí, di las clases y el sentimiento de egoísmo cambió por el sentimiento de compartir”, destaca.
“Me encantaba poder comunicar la alegría a los alumnos y así toda mi vida -añade-. Ahora puedo cantar el dunc dimitis”.
Aunque ha perdido audición, Montserrat sigue estudiando a diario y ofreciendo conciertos.
“Cuando toco, la primera sensación es que me siento joven, algo que no sabría explicar con palabras”, explicaba en una ocasión.
“Después me adentro en la música y me emociono, siento un gozo fuerte, alegría, una profundidad muy grande -añade-. Y estudio para poder transmitirlo y dar alegría”.
Esta semana, en la rueda de prensa de presentación de su centenario con gran difusión, aseguró: “Todo en mi vida ha sido providencial”.-
Patricia Navas – publicado el 13/02/26-Aleteia.org




