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El Papa León XIV advierte que ninguna institución eclesial “puede ser absolutizada” y pide conversión constante

El Papa León XIV pidió no descuidar la dimensión escatológica o sobrenatural de la Iglesia —es decir, en la salvación en Cristo— y subrayó que “ninguna de las instituciones eclesiales puede ser absolutizada”.

«Ninguna de las instituciones eclesiales puede ser absolutizada; es más, como viven en la historia y en el tiempo, están llamadas a una conversión constante, a la renovación de las formas y a la reforma de las estructuras, a la continua regeneración de las relaciones, de modo que puedan responder verdaderamente a su misión”, señaló durante la Audiencia General de este miércoles.

Desde esta perspectiva, el Pontífice instó a reconocer «humildemente» la fragilidad humana y «la caducidad de sus propias instituciones».

Durante su intervención, el Santo Padre explicó que esta dimensión escatológica —la que remite a las “cosas últimas” de la humanidad, como la muerte, el juicio o la plenitud definitiva— es esencial para comprender la naturaleza de la Iglesia.

“Estamos llamados a considerar la dimensión comunitaria y cósmica de la salvación en Cristo, y a dirigir la mirada a ese horizonte final, para medir y evaluar todo desde esa perspectiva”, señaló.

El Santo Padre centró su catequesis en el capítulo VII de la constitución Lumen gentium del Concilio Vaticano II para afirmar que “la Iglesia camina siempre orientada hacia la meta final, que es la patria celeste”.

El Pontífice agradeció a los Padres conciliares— los cerca de 3.000 obispos y superiores religiosos de todo el mundo que participaron en el Concilio Vaticano II– haber recuperado esta dimensión fundamental de la fe y animó a los fieles a “cultivarla” en su vida cotidiana.

Descuidamos o minimizamos la dimensión sobrenatural

En este sentido, advirtió que esta dimensión que es “esencial”, a menudo “la descuidamos o minimizamos, porque estamos demasiado concentrados en lo inmediatamente visible” y en las dinámicas “más concretas de la vida de la comunidad cristiana”.

León XIV explicó que Jesucristo inauguró la Iglesia al iniciar el Reino “de amor, de justicia y de paz”, invitando a los fieles a mantener la mirada puesta en ese horizonte definitivo para orientar su vida.

Asimismo, destacó que la Iglesia vive en el mundo “al servicio de la llegada del Reino de Dios”, anunciando esta promesa de manera constante y anticipándola en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía.

En este contexto, subrayó que la Iglesia es el lugar donde la unión con Cristo se realiza “más estrechamente”, aunque reconoció también que la salvación “puede ser donada por Dios en el Espíritu Santo también fuera de sus límites visibles”.

Citando Lumen gentium, el Papa reiteró que la Iglesia es “sacramento universal de salvación”, es decir, signo e instrumento de la plenitud de vida y paz prometida por Dios.

Rechazar todo lo que mortifica la vida

En esta línea, recordó que la Iglesia custodia una esperanza que ilumina el camino y tiene la misión de “pronunciar palabras claras para rechazar todo lo que mortifica la vida” y de tomar posición “a favor de los pobres, los explotados, las víctimas de la violencia y de la guerra”.

Como pueblo de Dios peregrino, añadió, la Iglesia interpreta los dinamismos de la historia a la luz del Evangelio, denunciando el mal y anunciando, con palabras y obras, la salvación que Cristo ofrece a toda la humanidad.

No obstante, precisó que la Iglesia no debe identificarse plenamente con el Reino, ya que es solo “su germen e inicio”, cuyo cumplimiento “será dado a la humanidad y al cosmos solamente al final”.

Por ello, animó a los fieles a vivir con esperanza, incluso en medio de las dificultades. Los creyentes, dijo, recorren esta “historia terrena”, marcada por el crecimiento del bien pero también “por injusticias y sufrimientos, sin caer en ilusiones ni en la desesperanza”, sostenidos por la promesa de Dios, “Aquel que hace nuevas todas las cosas”.

Finalmente, el Papa recordó la comunión entre los fieles vivos y los difuntos, subrayando que todos forman una única Iglesia. Esta “comunión de los santos”, explicó, se vive de modo particular en la liturgia y fortalece la esperanza cristiana.-

Victoria Cardiel

Victoria Cardiel/Aciprensa

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