Fernando Luis Egaña:
Apreciada Dra. Virginia Domínguez, Decana de la Facultad de Educación de la Universidad Monteávila y demás autoridades universitarias.
Distinguidos conferencistas y participantes.
Muchas gracias por la oportunidad de expresar algunas ideas en este merecido homenaje al Rector Fundador de la Universidad.
Debo confesar que para mi es muy difícil hablar del Dr. Pérez Olivares en esta jornada. En primer lugar porque los que me han precedido han desarrollado muchos aspectos fundamentales de su vida y obra; comenzando por la luminosa intervención de Luis Pérez Oramas.
Y también porque para mi el Dr. Pérez Olivares no es una figura ajena, que ya mora en el firmamento de nuestros héroes civiles. No. Es una persona cercana y
entrañable por la relación familiar y por la experiencia compartida de los Egaña con los Pérez Olivares, y en especial los Pérez Oramas. Me es imposible ser objetivo.
Al cerrar los ojos y pensar en Enrique Pérez Olivares, se me vienen a la mente, de manera inmediata y espontánea, tres palabras… Palabras que tienen su contenido específico y por tanto separable,
pero no así en el caso de Pérez Olivares, porque forman un conjunto orgánico. Esas tres palabras son: Servidor, Público, e Integral… El conjunto ya unido es servidor, público, integral.
Viktor E. Frankl, el creador de la Escuela de Logoterapia discípulo aventajado de Freud, analizó a fondo el tema de que cuando una persona encuentra el porqué de su vida, el sentido de su vida, seguramente logrará encontrar el cómo o los medios para seguir adelante en su camino.
Siempre he pensado que el porqué fundamental de la vida de Enrique Pérez Olivares era el servicio. El servicio a los otros. No servirse de los demás sino servir honradamente a los demás. No dedicar su vida a la acumulación de dinero, o de prestigio exhibicionista, sino a entregar su voluntad y su inmenso talento a los demás.
Pero un servicio de carácter público, en el dominio del bien común, de la dignidad humana, de la justicia social, del derecho, de la democracia, de la educación y la paz. Y un servicio público integral porque en todas las facetas de su vida queda marcada esa huella.
Enrique Pérez Olivares, bien se ha ponderado acá, fue abogado, profesor, académico, escritor, formador de militancia socialcristiana, gobernador, ministro dos veces –gran ministro de Educación–, dirigente político, fundador de instituciones. Y en todas éstas se encuentra con claridad su sentido de servicio público integral. Realmente admirable.
Cuando uno refiere el ejemplo en cuestión, y tantos otros a los estudiantes de las nuevas generaciones, se percibe sorpresa escéptica… Este profe se volvió loco…me parece escuchar en silencio, porque los referidos jóvenes están convencidos que casi cualquiera que se relacione con el mundo de lo público-político es un corrupto consumado o potencial. A malhaya, como recitaba Andrés Eloy. Venezuela tiene una larga y espléndida tradición de servidores públicos, constructores del país afirmativo, como Enrique Pérez Olivares. La ignorancia al respecto, siquiera parcial, es una maldición que debemos conjurar, no sólo en honor a la memoria y justicia histórica, sino para tener una base firme con la cual encarar los desafíos del futuro.
El Dr. Pérez Olivares tenía ánimo emprendedor. Ánimo de fundador. Con el Maestro García Pelayo, fue artífice de la fundación de instituciones académicas para el estudio de la Ciencia Política. Junto a compañeros políticos como Rafael Caldera, Arístides Calvani, Luis Herrera Campíns y otros de reconocida valía, se fundó e impulsó el Ifedec, institución de formación ideológica y dirigencial, cuyo legado continental fue la transformación democrática de América Latina, con el aporte caudaloso de la Democracia Cristiana y fuerzas afines. Luis Enrique recordó que a su casa llamaban importantes líderes de la DC, como el chileno Patricio Aylwin, o el brasileño André Franco Montoro, y buena parte de los más influyentes dirigentes. ¿Y por qué lo hacían? Porque sabían que encontrarían consejo seguro, luces y solidez. Tuve el privilegio de trabajar en el Ifedec, junto a Luis Enrique, haciendo seguimiento informativo en la campaña de Luis Herrera. En un pequeño apartamento en la azotea de la casa, vivía José Napoleón Duarte, fundador de la democracia en El Salvador, quien entonces estaba exiliado en nuestro país. Recuerdos inolvidables.
Enrique Pérez Olivares tuvo una vida bien vivida durante 81 años, de 1931 al 2012. Su hijo, en su luminosa intervención, sostuvo que su padre era un hombre de pensamiento, de acción y de oración. Sí, un hombre de pensamiento profundo: la importancia de la doctrina demócrata cristiana en sus tiempos de auge, así lo demuestra. También un hombre de acción fecunda: sus grandes ideas no se quedaban en el papel sino que se transformaban con paciencia y criterio en grandes realidades. Esta Casa de Estudios es una parte de su amplia gama de realizaciones. Su último sueño hecho obra fecunda.
Y desde luego un hombre de oración fructífera, la clave principal para entender la trayectoria vital de Enrique Pérez Olivares, siempre con su esposa Marta Oramas, de delicado ingenio y bondad, y de mi fraterno y admirado amigo Luis Pérez Oramas.
Enrique Pérez Olivares: Servidor Público Integral. Y sobre todo, Ejemplar.-


