La Tierra de Gracia y el Nuevo Federalismo

RCL
RCL

 

Francisco González Cruz:

El principio de subsidiariedad establece: “lo que puede ser realizado por las personas, las familias, los organismos intermedios y las comunidades locales no debe ser absorbido, suplantado ni destruido por instancias superiores o estatales. Las instituciones de nivel superior deben reconocer, proteger y promover la libertad y la creatividad de los niveles inferiores, coordinando sus aportaciones para que cooperen eficazmente al bien común”. Lo dice textualmente el papa León XIV en su Carta Encíclica Magnífica Humanitas.

Este principio tiene su base fundamental en dos principios previos: la dignidad de la persona humana y el bien común. Toda persona tiene una dignidad, que debe respetar y ser respetada, independientemente de cualquier condición social, económica, cultural y de cualquier otra naturaleza. Es inmanente a su condición de ser humano. El bien común se refiere que cada persona debe contar con una serie de condiciones que le permita su realización plena, su libre asociación e iniciativa, sin otro limitante que el derecho de los demás. 

En la naturaleza del ser humano tiene su explicación todo el entramado social e institucional. El niño nace indefenso, como ninguno otro animal sobre la tierra. Si no tiene a la madre cerca, o quien haga sus veces, muere. Y ese soporte materno exige plena dedicación por lo menos durante sus primeros 3 años, y preferiblemente hasta los 6 años. Para esta tarea la madre necesita el apoyo del padre o de otra persona, con lo que se conforma la familia. Esta, la familia, también exige una comunidad solidaria, que asuma la complementariedad de las tareas de vivir con dignidad, de allí la importancia del bien común. 

El conjunto de las comunidades a medida que la trama se hace compleja van conformando la llamada sociedad civil, que asume en su diversidad organizativa, la satisfacción de las necesidades humanas y sociales. Cuando la complejidad crece y las sociedades son rebasadas, crea el Estado, con el fin de delegar en él tareas que no puede realizar por sí sola. 

Por todo esto el Estado es subsidiario de la sociedad, y esta de la familia, y a su vez esta de la persona humana, base de todo. Lo que pueda hacer el niño por sí solo, no tiene que hacerlo la madre o el padre, y si lo hace es para ayudar al niño, no para sustituirlo. Si lo puede hacer la familia no tiene que hacerlo la comunidad, y si ayuda no puede sustituir a la familia. Si lo puede hacer la sociedad no tiene porqué hacerlo el Estado, debe cooperar sin sustituir, pues es creación de la sociedad.

La refundación de Venezuela planteada con toda claridad por María Corina Machado tiene estas bases doctrinarias. Por ello no se trata de reactivar el proceso de descentralización, tan necesario en el pasado. Se trata de aprovechar la claridad del pueblo venezolano en estas materias para armar la nueva institucionalidad desde la base, de abajo hacia arriba, nada más y nada menos que como arrancó la creación de nuestra república, proceso frustrado muy temprano por la guerra de independencia, la más cruenta del continente americano.

Hoy son otras realidades y los avances de todo tipo en el campo de las ideas, de la tecnología, de los principios ya esbozados, permiten concretar aquellos sueños primigenios de Juan Germán Roscio, de Miranda, de Bolívar, Cristóbal Mendoza y los demás próceres, en una sabia combinación de tradición y vanguardia. Fue en las “juntas” locales y provinciales donde se acunaron los sueños autonómicos. 

La gente, la sociedad civil, desde cada lugar del país está lista para ser el gran protagonista de esta refundación de una república basada en los principios que nos unen: la libertad, la dignidad humana, la familia y su patrimonio, el bien común. El Estado debe estar al servicio de contribuir a construir esas realidades, para que nunca más vuelva a ser humillado y arruinado como en estos años del socialismo del siglo XXI. 

La Tierra de Gracia está en cada persona, en cada familia y en cada uno de los lugares de la gran diversidad de nuestra Nación. Frente a los años de un centralismo asfixiante que sustituyó y mediatizó la iniciativa del ciudadano, el Nuevo Federalismo emerge como un acto de justicia. Si la sociedad civil es la legítima creadora del Estado, es hora de que el creador reclame su obra y la ponga a su servicio. Al resguardar la libertad, la familia y el bien común, devolvemos a la Nación su dignidad inmanente. La Tierra de Gracia está lista para florecer en cada rincón del país. Trabajemos unidos y con determinación desde nuestras comunidades. La alborada se anuncia; preparémonos activamente para que la luz alcance su plenitud.-

Share This Article