El camino

 

Julio Dávila Cárdenas:

 

A esta tiranía lo único que le interesa es mantenerse en el poder para seguir disfrutando de sus mieles. Cuando perdieron la Asamblea Nacional, el “jefe” señaló que más nunca perderían una elección. Ahora, necesitan recuperarla cueste lo que cueste. Para lograrlo designan un nuevo consejo nacional electoral cuyos rectores son casi todos, por no decir todos, afines al régimen. Para asegurar el triunfo se apropian de los partidos más importantes de la oposición y designan a incondicionales para dirigirlos. Más no les basta con eso y para tratar de legitimarse  “consiguen” el apoyo de quienes en algún momento fueron dirigentes de partido y hasta candidatos presidenciales y los ponen a decir que la única forma de salir de quienes paradójicamente esos “dirigentes” apoyan, es concurriendo a un proceso electoral que más de sesenta países han calificado de farsa.

 

Bolívar, a quien tanto menciona este régimen tuvo muy claro que la permanencia de un hombre por largo tiempo al frente del gobierno, conlleva al abuso de quien lo detenta y a la sumisión de los gobernados. “Yo no puedo mandar más, Excmo. Señor, la república colombiana: mi gloria me lo prohíbe y la libertad de Colombia me lo ordena”, escribió el 4 de junio de 1826, luego que se le comunicara que la elección para la presidencia de la república había recaído en él. ¡Cuanta falta hace hoy una reflexión como esa! ¿Es que acaso más de veinte años de ignominia no son suficientes?

 

Cuando se está buscando un camino para el futuro próximo es oportuno recordar que quienes disponen de los bienes públicos como si se tratara de su propio patrimonio, no pueden dar lecciones de pulcritud administrativa ni perseguir a quienes se enriquecen a expensas del Tesoro público.

 

En el presente lo que existe es una lucha permanente por lograr la ambición personal. Se busca que se acepte convivir con el mal común, en detrimento de los supremos intereses nacionales que deben estar por encima de las preferencias y parcialidades políticas.

 

El camino para recuperar un país que se encuentra sumido en la miseria es la excelencia, tanto en la educación como en la salud del pueblo. Eso debe ser alta prioridad para quienes gobiernen, así como la pulcritud en el manejo de los dineros públicos, el respeto al imperio de la Ley y a la autonomía de los poderes. Un poder judicial en manos de individuos capaces y probos resulta indispensable para evitar que la delincuencia y el tráfico ilícito de drogas se muevan con impunidad.  La Fuerza Armada debe estar sujeta al poder civil y a acatar las normas constitucionales que le obligan a estar al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna.

 

Debemos tener sumo cuidado con las palabras que se escuchan, sobre todo cuando quienes las pronuncian han dado muestras de no cumplirlas.  Debemos estar conscientes que existe el peligro de que nos carguen de cadenas hablándonos de libertad, ya nos llenaron de miseria hablando de progreso.

 

Por encima de todo, lo que se requiere es UNIDAD. Si en verdad se quiere salir de la podredumbre es indispensable ponernos de acuerdo en ese objetivo y una vez unidos, decidir el cómo y cuándo lograrlo. Luego habrá tiempo suficiente para resolver quién o quiénes serán los encargados de dirigir la construcción del nuevo país. Ya basta de seguir el camino del calvario que estamos transitando.