Opinión

No robar

Gloria Cuenca:

Tajantemente, como lo señalan los 10 Mandamientos de la Ley de Dios, titulo este artículo, con la esperanza de que, tenga resonancia en las personas que me leen y, a la vez, se lo hagan llegar a otros. Es una esperanza, para poner un granito de arena en la educación moral y cívica. Siempre ha habido gente que le gusta lo ajeno. Aparece claramente, tanto en los Mandamientos de la Ley de Dios, como en la mayoría de las legislaciones del mundo. Siendo el castigo: desde la prisión hasta cortarle la mano al ladrón o fusilarlo, como en la República Popular China.

Sin embargo, creo que nunca había habido una etapa tan terrible como esta que vive Venezuela, con el “Socialismo del Siglo XXI”, o por lo menos no la recuerdo en mi larga vida. Desde que, desventuradamente, el innombrable dijo con decisión “que se podía robar si era para dar de comer a los hijos”, observo con tristeza que es un problema que se ha expandido.

A diario nos enfrentamos con esa plaga. Con honorables y honradas excepciones que permiten seguir confiando en los seres humanos. En otras oportunidades he escrito: robar, además de pecado, es delito. Se contempla así en todas las legislaciones del mundo y también en las religiones. Ni que decir, de las formulaciones éticas, donde se establece que no está permitido robar, bajo ningún concepto. He pensado bastante sobre las motivaciones del ladrón/a. Con cierto desenfado, alguien que, me robó algo, me dijo: “Es que usted tiene más que yo”. Nunca se preguntó el personaje en cuestión, por que causas, yo tenía más.

Cuando le dije en “mi casa todo es producto del trabajo de mi esposo (QEPD) y mío”, me miró con cierta sorna y me dijo ¿todo? “Pues si, todo”, le respondí. “Hemos trabajado duro para tener lo que tenemos”. Esto ocurrió hace algunos años, y tristemente noto que el problema va en aumento: se incrementan los robos, no hay para dar el vuelto, hay que dar una especie de vacuna en algunos momentos para conseguir las cosas. Lo que no es sino otra forma de robo. 

Eso que la gente llama comúnmente “el matraqueo” es, también una forma de robo, quizá de los peores por cuanto se produce gracias a la autoridad que ostenta quien te exige un pago a cambio de algo. Los que te quitan dinero, a veces, lo hacen con una sonrisa, como para que no te vayas a ofender; lo interpreto así: “Eso es lo que hay, mejor pagar que buscarse un lío”. Casi siempre nos sometemos, aún cuando internamente estamos protestando. Hace bastantes años, en un programa de radio que tenía Adolfo Herrera, entrevistamos a la Dra. Lulula Quintero, psicólogo clínico.

El asunto a tratar: ¿cómo es la personalidad de un ladrón? Resultó ser un descalificado/a. Cree que no puede tener nunca lo que tienen las otras personas de su entorno. Ocurre también con los que se cuelan en las colas de la gasolina y de cualquier tipo. Produce una profunda rabia. Hay que tener cuidado, no le  dé un infarto a uno/a de la rabieta que agarre. En conversaciones cotidianas, he escuchado como la gran mayoría no está de acuerdo, pero por evitar un conflicto se quedan callados.

Hay, en algunas partes, avisos que invitan a denunciar el matraqueo. Escuché una conversación, los hablantes comentaban el aviso y señalaban: “¿Con qué autoridad van a sancionar a la gente sí los principales corruptos están en el gobierno y todos los saben?

Habría que empezar por ellos.” Se referían las personas en cuestión a algo que sabemos desde hace mucho tiempo: “Se predica con el ejemplo” y más aún se enseña con el ejemplo. La persona que ve los robos, la ratería de sus padres, amigos, hermanos mayores entre otros, lo ve como una cosa normal y de una vez, inicia su proceso de robar, por cuanto siente que eso es normal.

Después se ha hecho norma y esto viene de tiempo atrás. Por años se supo de gente que sustraía bienes, dinero, joyas, entre otras cosas. La mayoría no iban a la cárcel. Los perdonaban siempre. Ahora pagamos las consecuencias, cada vez más complicadas. ¡Dios nos agarre confesados!.-

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