Entrevistas

Pbro. Leonardo Marius: “La sinodalidad no es una consulta pasajera”

Uno de los responsables de la consulta sinodal en Caracas ofrece la radiografía de la Iglesia Católica actual, en base a lo discernido. Mayor protagonismo laical y una evangelización fuera del templo destacan como uno de los desafíos para los tiempos actuales.

Fabiana Ortega (RCL):

La Iglesia Católica atraviesa actualmente un proceso de discernimiento y de renovación eclesial, a propósito del llamado del Papa Francisco con el denominado “Sínodo de la sinodalidad”, que significa “hacer camino juntos”, o lo que es lo mismo, caminar juntos. Dicho proceso inició en el mundo a finales de 2021 y se espera finalice en 2023.

Aunque en Venezuela se habían dado otros procesos sinodales como el de la Familia o el de la Amazonía, lo novedoso en esta ocasión es el llamado a la introspección individual y colectiva por parte de cada una de las partes involucradas, o al menos llamadas a participar, en la Iglesia: laicos, pastores y Obispos. Todos de forma conjunta, y no aislada.

De esta forma, en Caracas, desde principios de 2022 se inició la fase diocesana con la organización para la consulta sinodal y así conocer los retos, desafíos, fortalezas y debilidades en la tarea evangelizadora.

En el caso de Caracas, se delimitaron a estudiarse a través de tres instancias: comunión, participación y misión (que responden al lema del Sínodo).

Primero, a lo interno de la Iglesia: se elaboró, una consulta exclusiva para las parroquias. Después, especialmente para los colegios parroquiales y colegios de La Asociación Venezolana de Educación Católica (AVEC). Luego se elaboró una consulta para el Consejo Nacional de Laicos y otra para la Pastoral Juvenil. También para la catequesis de niños y jóvenes y para la vida religiosa.

En segundo lugar, se analizaron fuera de la Iglesia. Para ello, se elaboraron otras dos consultas: una para empresarios y otra para las ONG’s.

En última instancia, también se realizaron unas consultas mucho más breves, publicadas desde la página de la Arquidiócesis de Caracas, “para personas de buena voluntad, alejados de la iglesia”, para abrir también el compás de la pluralidad de pensamiento.

Fueron cerca de 4.000 encuentros a nivel nacional de las Asambleas del Sínodo de la Sinodalidad en la fase Diocesana, con una participación de 56 mil personas, según la Comisión Nacional del Sínodo de la Sinodalidad.

El pasado 18 de junio se realizó la Asamblea Arquidiocesana en Caracas y se presentó en diez páginas la síntesis de todas las opiniones y propuestas por parte de los encuestados en la Arquidiócesis de Caracas, a través de las reuniones entre iglesias locales y posteriormente entre los 11 arciprestazgos. En total, en la ciudad capital fueron cerca de 200 encuentros.

Luego es la Conferencia Episcopal la que, tras recibir las síntesis de todas las Diócesis Arquidiócesis del país, lo sintetizarán en un dossier de diez páginas que debe ser enviado antes del 15 de agosto a la Santa Sede a la secretaría general del Sínodo en Roma.

Para analizar la fotografía de la Iglesia Católica que arrojó dicha síntesis en Caracas, en RCL conversamos con el Pbro. Leonardo Marius, quien, junto al Vicario General de la Arquidiócesis de Caracas, Padre Armelím de Sousa, fue designado por Cardenal Baltazar Porras para organizar todo el proceso de la consulta sinodal.

A juicio del Pbro. Marius, se trata de un proceso novedoso pero complejo. Lo cataloga de positivo, aún cuando se evidenciaron resistencias.

Entre los principales aspectos a resaltar, el también Director General de Desarrollo Estudiantil en la Universidad Católica Andrés Bello destaca la necesidad de la Iglesia de estar en el medio de la sociedad, de reducir el “adultocentrismo” y dar oportunidad a los jóvenes, así como permitirle al laicado tome mayor protagonismo. En ese sentido, asegura que la Beatificación de José Gregorio Hernández, es uno de los signos de los tiempos que tiene una contundencia grandísima para los pasos que se deben dar como Iglesia.

Si se pretenden ver resultados inmediatos, dice, puede ser una trampa. El reto, por el contrario, es dar continuidad a un proceso dilatado de renovación. “La Sinodalidad no es una consulta pasajera. Es algo que vino para quedarse”.

– ¿Cómo evalúa el proceso?

Si se toma como un abreboca para sensibilizar sobre la experiencia de la Sinodalidad es totalmente positiva. Estos son procesos largos. La Sinodalidad, obviamente, que no es algo nuevo en la Iglesia, pero con el enfoque que se le dio fue novedoso. Pero por ello, para algunas personas resultó un poco extraño.

– ¿Qué tipo de resistencias encontraron?

Siendo sinceros, las mayores resistencias las encontramos, en realidad, en los mismos agentes más comprometidos con la Iglesia. Esas resistencias son multifactoriales: desde un sacerdote que no podría estar de acuerdo con la propuesta de la Sinodalidad, en los términos que se gozan…o que quizá no lo ve como prioridad dentro de sus ocupaciones.

Los tiempos fueron acelerados y coincidieron con momentos difíciles y de mucho trabajo. Por ejemplo, una parte en Cuaresma; otra parte en Pascua. Eran tiempos litúrgicos fuertes y ciertamente implicó para los sacerdotes y las comunidades unos sacrificios. Aunque bueno, siempre puede haber una excusa cuando tú no lo tomas como prioridad.

Otra cosa es cómo lo promueves: ¿en función de lo que el Obispo te está pidiendo o si descubres, como pastor de la comunidad, que esto es importante, y lo promueves realmente y la gente participa más?

– ¿Qué realidades identificaron están invitadas a ser expresión de la Sinodalidad?

Destacaron varias cosas: La necesidad de la formación del laicado, en el sentido del protagonismo. Porque los laicos, su tarea fundamental por el bautismo es ser protagonista de Cristo en medio del mundo, en medio de la sociedad, de su trabajo…Y de eso, prácticamente no salió nada.

En la síntesis tú no te vas a encontrar que se hable realmente de los desafíos sociales, socioeconómicos, políticos. Ahí no apareció nada. Como si la Iglesia fuera un ente que se mira solo para dentro. Eso te prende una alarma y te dice: “¡Hey! Aquí falta un laicado que esté formado para ser protagonista en medio de la sociedad”.

 

– En ese sentido, ¿Cómo se forma el laicado? ¿Debe ser iniciativa propia o es la Iglesia quien debe propiciar el espacio?

La Iglesia lo tiene que propiciar.

 

– ¿Y actualmente lo propicia?

La verdad es que no, en términos generales. Lo que te dice la fotografía de la síntesis es que no pareciera ser algo determinante en este momento. Hay comunidades que sí lo estarán haciendo. Pero no es tan visible. No es algo común dentro de la vida de nuestras comunidades.

Lo que sale como actividades extra parroquiales, fuera de la comunidad, son las obras de caridad, que de verdad son muchas las obras asistenciales. Es decir, dar de comer al pobre, darle ropa, medicinas, como acción social. Pero más allá de eso, no aparece tanto.

 

– ¿Cuál sería el mejor escenario? ¿Qué debiéramos hacer como laicos?

Eso es muy variado. Yo creo que lo que tiene que propiciar la Iglesia es que haya espacios de diálogo; espacios de formación. Lo que se percibe en la síntesis es que eso está como separado. Es decir, una cosa es mi vida parroquial. Una cosa es mi compromiso en el grupo parroquial y otra cosa es mi vida laboral y lo que yo hago en otras instancias. En el fondo se percibe esa fragmentación de la vida.

Y eso es lo que habría que propiciar más en la Iglesia: una visión más integral. Así como es importante que tú de repente participas en una cofradía, igualmente es importante cómo tú eres signo de Cristo en medio de tu trabajo, en la junta de vecinos, en la zona donde tú vives, etc.

Por ejemplo, no salió el tema de la Ecología integral. Eso no está presente. Por ejemplo, cuidar de la naturaleza, hasta interesarnos porque mi cuadra esté limpia y organizarnos con los vecinos. Pareciera que eso no tiene nada que ver con la fe.

 

– ¿Por qué cree que no esté presente la ecología integral?

Porque yo creo que, a título personal, hemos propiciado un modo de vivir la fe muy sacramentalista. Es decir, muy centrada en los ritos, más que en una experiencia que sea totalizante en la vida. Muchas cosas no pasan porque pareciera que estamos replegados en el templo. Nos limitamos a los sacramentos (cosa que no está mal, si los sacramentos son el corazón de la vida cristiana). Pero nos limitamos a la catequesis y a ciertos servicios que tenemos en la parroquia, de caridad, por ejemplo.

Esas cosas estuvieron muy ausentes en la síntesis. Pero te habla de una fotografía de una Iglesia que es así. Por eso te digo que el proceso sinodal va a ser lento.

 

– ¿Cómo describe lo que se hace hoy día en torno a actividades de evangelización y celebraciones en espacios públicos? ¿Son suficientes? ¿Qué es necesario para que el esfuerzo de comunión sinodal sea completo?

 

Yo sí creo que hay gestos públicos de la Iglesia. Que pudiesen ser más, sí. Pero los hay. Ahora, aquí lo que hay que replantearse es según los signos de los tiempos. Es decir, según lo que Dios nos puede estar pidiendo en estos momentos, en este siglo, en este año, en esta ciudad. ¿Realmente la forma en la que expresamos estos gestos públicos serán los más pertinentes? No lo sé. Pero, a veces pienso que reproducimos formas de expresar la fe pública que, de repente, no son las más adecuadas para el contexto.

Yo creo que la Sinodalidad es para repensarnos la piedad popular y esas expresiones de fe que tiene el pueblo. Se deben innovar formas de expresar la fe pública. Nos falta creatividad.

 

– ¿Es falta de creatividad o responde a un enfoque conservador de los mismos ministros de la Iglesia?

Muchas veces se entiende que en la parroquia hay un párroco y hay un grupo de laicos que colaboran. Si tú concibes así la parroquia, obviamente el párroco tiene mucho trabajo y frente a cualquier iniciativa nueva va a decir que no. Porque él asume que es solo su responsabilidad.

Ya en eso hay que cambiar. Uno tiene que entender que una parroquia es una comunidad cristiana y que no todo cae en el sacerdote. Hay que entender que todos somos iguales por el Bautismo aunque tengamos roles distintos. Pero no es lo mismo un lugar donde hay un jefe y los demás son empleados. Eso es otra cosa.

 

– Reconocen que hay espacios de diálogo, escucha y participación. Sin embargo, igualmente evidencian en la síntesis la necesidad de fortalecerlos, renovarlos, interconectarlos más. ¿De qué forma se haría esto?

 

La iglesia tiene muchas instancias. Por ejemplo, si hablamos de la vida religiosa, eso se pudiera traducir en tener más encuentros intercongregacionales. Si hablamos de las parroquias, nosotros en Caracas tenemos espacios de comunión y de participación, de manera particular tenemos los arciprestazgos. Normalmente son instancias de encuentro entre los párrocos. Pero muchas veces no se dan esos espacios con las comunidades. Haciendo las asambleas arciprestales, los laicos se dieron cuenta que era interesante y que hay que mantenerlas. Es ahí donde nosotros tenemos que propiciar esos espacios.

 

– ¿Por qué aseveran que hay mucha distancia de la juventud con la Iglesia?

Yo creo que hace falta dentro de la Iglesia que los jóvenes armen lío, que nos desafíen, que nos provoquen. Que, de repente no será de la mejor forma, pero bueno, esa es su realidad. Yo creo que hace falta espacios para dejarlos armar lío, para que se expresen, para que encuentren que una sociedad los acoge. Para evitar esos “Adultocentrismo”. Yo creo que eso salió como una demanda.

 

– ¿Cómo atrae la Iglesia a los jóvenes?

Yo no tengo la fórmula mágica para eso en lo absoluto. Pero yo creo que hay un principio que funciona frente a cualquier generación. Y es que se encuentren en una humanidad vida que los desafía, los escuche y sea cercana. Que los provoque y los invite a soñar en grande, pero que a la vez los haga protagonistas; que no les diga qué es lo que tienen que hacer. Pero bueno, muchas veces, las comunidades no están preparadas para eso.

 

– ¿Cómo responden a la solicitud de los empresarios y ONG’s ante la necesidad de ver a la Iglesia más en la calle y menos en la sacristía; más abierta a todos sin excluir a nadie. Abierta al diálogo sobre la diversidad sexual, entre otros temas…?

 

A mí lo que me parece valioso es que lo hayan hecho con libertad. Porque además nosotros no solo consultamos ONG’s pro-católicas. Lo primero no es buscar una respuesta sino dejarse interpelar por esto que nos dice la gente, desde afuera. Ponerlo frente al Señor, y ver qué nos pide el espíritu con esto. Yo sí creo que el reclamo de una Iglesia menos en la Sacristía y más en la calle es válido. Una Iglesia que pueda discutir cualquier tema sin censurar ninguno.

Es exactamente lo mismo que pasa con el ámbito político. Puedo estar en desacuerdo con ciertas visiones pero eso a mí no me excluye de que yo me sienta a dialogar contigo. Debería ser lo normal.

 

– ¿Hacia dónde caminamos? ¿Hacia dónde cree nos está llamando el Espíritu?

A hacer una iglesia más viva, más cercana, más esperanzadora, sobre todo de cara a los jóvenes. Sobre todo muy caritativa, misericordiosa, más inclusiva, más presente en lo público, mejor formada, que impulse a los laicos.-

 

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