Lecturas recomendadas

La Fe que no podrán silenciar

Mínimos apuntes sobre la expulsión del sacerdote jesuita[1] David Pantaleón de nuestro país

 

Julio Pernús, desde Cuba:

Durante tres años tuve la oportunidad de trabajar como comunicador de la Compañía de Jesús en Cuba. En esa etapa, el superior era el P. David Pantaleón, lo que me permitió tejer una sincera relación de respeto y admiración por su persona. El pasado 13 de septiembre las redes sociales de nuestro país fueron cubiertas con mensaje de cercanía al padre Pantaleón, luego de que se diera a conocer de forma pública lo que era un secreto a voces: su expulsión del país. Creo válido, antes de juzgar la historia, comenzar por apreciar el contexto que desembocó en este desenlace y que muestra con transparencia el frágil hilo que sostiene las relaciones entre la Iglesia católica y el Estado cubano hoy.

En el 2022 se cumplieron cinco años del arribo del padre David Pantaleón a nuestra Isla, proveniente de su natal República Dominicana. Todos los que conocemos a David podemos dar fe de su sencillez y es que siendo miembro de una prestigiosa banda de músicos católicos nombrada Jesuitas Acústicos, decidió dejar cualquier tipo de comodidad y fama acumulada, para unir su destino a los cubanos.

Sin proponérselo el padre David –quien por lo general siempre prefiere labores de servicio por encima de las administrativas- fue elegido por los demás compañeros de la orden para ser el superior de la Compañía de Jesús en nuestro país. Fue esa una labor que asumió con una entereza enorme, promoviendo un modo de proceder basado, sobre todo, en el acompañamiento a los sectores de mayor vulnerabilidad en nuestro pueblo.

En su etapa de superior le tocó asumir grandes desafíos, pues llegó a la Isla todo el desequilibrio social relacionado con la pandemia y el ordenamiento monetario, lo que agudizó la crisis multidimensional que veníamos sufriendo los cubanos.

En medio de ese proceso, la voz del P. Pantaleón se hizo notar con reflexiones valientes que ponían en evidencia la precaria realidad a la que eran empujadas varios sectores de nuestra población. Lo trascendente de su narrativa es que surge desde una denuncia sin odio. Alguna vez me dijo que había escuchado el dolor de la gente a su alrededor y que su voz era, junto a la de otras religiosas, laicos, obispos, una especie de grito por aquellos sin plataformas mediáticas para ser escuchadas.

Quizás, desde ese momento pasó a ser mirado con ojos diferentes por la Oficina de Asuntos Religiosos del Partido Comunista de Cuba, pues es sabido que desde ahí se comunica el poder estadual con los sectores religiosos del país. Sin buscarlo, su coherencia llamó la atención de la Junta Directiva de la Conferencia Cubana de Religiosas-os, conocida como CONCUR por sus siglas, que lo eligieron como su presidente.

Como jesuita, el P. David ya había acompañado misiones en lugares mordidos con fuerza por la pobreza en su natal dominicana, lo que siempre le ha despertado una especial sensibilidad hacia los más vulnerables dentro del tejido social. En varias de sus canciones se puede apreciar un oído cercano a los clamores populares del pueblo.  Su huella sigue los pasos de un grupo de compañeros jesuitas que prestaron servicio en el barrio de Guachupita de Santo Domingo y que lograron transformaciones tangibles en la calidad de vida de sus habitantes.

Es importante destacar también que varios de estos religiosos latinoamericanos trabajaron durante años en los barrios ubicados en los cinturones de pobreza de las grandes metrópolis de sus países y llegaron a Cuba entusiasmados de alguna forma por conocer la realidad del mito de la más grande Revolución social en Latinoamérica que se hizo para darle a los pobres una mayor dignidad. Lo que sucede es que al bajar del avión y empezar a tocar la realidad se dan cuenta de que es: “un lugar donde la gente no es feliz y muchos jóvenes están desesperados por salir del país. Es un territorio donde las cosas no andan bien y algo debe cambiar.”[2]  Como dijo recientemente Joaquín Sabina en una entrevista.

El padre David como superior de los jesuitas y presidente de la CONCUR, tuvo que viajar a lo largo de la Isla varias veces para visitar las obras de la Compañía. En cada uno de estos recorridos, él solía aprovechar el tiempo para conversar con los laicos, religiosas y compañeros jesuitas sobre la realidad que vivían en cada contexto. Muchas de esas conversaciones pueden evidenciarse en los pequeños textos que solía publicar a principio de cada mes para describir la cotidianidad de la familia ignaciana en el país.

Una de las claves de la espiritualidad ignaciana es desentrañar el mal y exponerlo para que pueda ser vencido por el bien. David es un sacerdote de diálogo y justo, pero le molesta la injusticia, por eso apoya la construcción de propuestas sociales que logren restablecer una cultura democrática dentro de la sociedad. Más que ejercer un protagonismo, su papel era acompañar muchas veces en silencio, pero de forma tangible, a esos actores que soñaban con una Cuba donde no reinara un pensamiento único y la prosperidad no sea una utopía congelada para siempre en el discurso y la vida de la clase en el poder.

El 11 de julio de 2021 sucedió lo que ya varios como él venían anunciando: un estallido social que terminó con más de mil presos, en su mayoría jóvenes, producto de la precaria situación del país. Desde el momento inicial, el P. David, desde su posición de superior de la Compañía de Jesús y presidente de la CONCUR, facilitó el acompañamiento a los detenidos y sus familiares tras las protestas. Sin pretenderlo, su acción lo colocó en un puesto incómodo ante la Oficina de Asuntos Religiosos que prefería no ver a la Iglesia u otras religiones como actores en estos temas de denuncia política.

Relación entre la Conferencia de Religiosos y la Conferencia de Obispos

La Iglesia tiene una estructura jerárquica que está presidida por el obispo de Roma, en estos momentos, el Papa Francisco y se va estructurando a través de obispos que son responsables de las diócesis, donde cuentan con clero, religiosos y laicos para dar movilidad a la vida pastoral. En nuestra Isla, como en otros países, existe la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, (COCC) que es el espacio de concertación que reúne a los obispos de cada diócesis local y es la estructura de mayor peso jerárquico en el mapa eclesial nacional.

Por la situación de conflicto que se vivió en las primeras décadas de la Revolución, la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba se convirtió en la única voz oficial de la Iglesia, como una forma de proteger a los católicos cubanos en ese contexto. Hoy, esa realidad es interpelada por otras variables como las nuevas tecnologías que se convierten en plataformas tangibles, donde diferentes actores eclesiales esbozan criterios diversos sobre distintos asuntos de interés eclesial y social. Pero, cada una de esas voces no eclesiales que pueden tener una mayor o menor singularidad suele estar por lo general en comunión con el obispo de su diócesis.

En algún momento se han publicado criterios en redes o en grupos de debate, sobre un desencuentro entre la CONCUR y la COCC.  Es oportuno aclarar que cada paso dado por la Conferencia Cubana de Religiosas-os, ha contado con la aprobación y el acompañamiento de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. En la época del P. David Pantaleón como presidente, este diálogo se mantuvo como en tiempos anteriores. Sé que las declaraciones y actuaciones de la CONCUR que han sido acogidas como testimonios de una Iglesia encarnada, han sido decisiones y posiciones consultadas con anterioridad a la Conferencia Episcopal de nuestro país.

Entre ambas instituciones existen buenas relaciones. Los católicos cubanos son conscientes de esa unidad en nuestra Iglesia y lo promueven con fuerza. Lo anterior no impide que haya diversas formas de apreciar la realidad y que de forma singular un católico consagrado o no, pueda dar un juicio propio sobre un tema. Aún en esas circunstancias, la brújula de actuación con la que se evalúa ese aporte debe ser siempre la Doctrina Social de la Iglesia, donde vienen recogidas las pautas para muchas de estas situaciones que se presentan en nuestra cotidianidad.

En los últimos tiempos, con mayor fuerza desde el papa Francisco, se ha venido construyendo al interior del mundo eclesial católico una cultura sinodal. Con esto se hace referencia a un modo de proceder que no parta solamente de la clericalidad, sino que se busca cambiar la toma de decisiones piramidal por una de mayor horizontalidad, donde puedan ser escuchadas todas las voces y los laicos jueguen un papel decisivo también en la toma de decisiones. De hecho, los católicos de Cuba han estado viviendo un proceso asambleario en cada comunidad, donde se ha planteado con fuerza la importancia de caminar juntos.

El desenlace final

Luego del 11 de julio y la actuación de la Compañía de Jesús y la CONCUR en el acompañamiento a los familiares y detenidos tras las protestas, la relación del P. David Pantaleón y la Oficina de Asuntos Religiosos del país vinculada al Partido Comunista, se fue debilitando hasta romperse. Usualmente a los religiosos que vienen de misión a Cuba le ofrecen un permiso de residencia por un año que deben ir renovando cada vez que se vence ese plazo. Esta variable legal, en ocasiones ha facilitado que a extranjeros que desean misionar en Cuba, les sea condicionada su estancia a partir de mantener un comportamiento “políticamente” correcto en el país.

El caso del P. David Pantaleón quizás sea el de mayor mediatismo en los últimos tiempos, pero no es el único que se ha sucedido, recordemos en el año 1961 la expulsión de 140 religiosos en el buque Covadonga. Todos tenían en común el ser considerados políticamente incómodos para el gobierno revolucionario en el poder. En las últimas décadas también se han dado situaciones parecidas que han sido silenciadas para no comprometer las relaciones entre las instituciones eclesiales y estatales, en pos de un bien mayor.

Al no renovarle la visa de residencia en Cuba al sacerdote David Pantaleón, la Oficina de Asuntos Religiosos visibilizó aún más el grado de tensión que está rigiendo las relaciones Iglesia – Estado en nuestra nación. En una reciente entrevista ofrecida por el cardenal Juan García, arzobispo de La Habana, el purpurado hizo referencia a los pedidos de la Conferencia para sostener un diálogo con el gobierno, donde se podrían abordar varios de los temas de mayor urgencia en nuestra sociedad y habló del silencio recibido como respuesta de esa petición. En los encuentros televisados del presidente con diversos actores de la sociedad civil, no hubo ninguna con la Iglesia católica, lo que denota que la relación entre el catolicismo y el partido están en una época con rasgos parecidos al punto álgido del conflicto en los sesenta.

La expulsión como residente en nuestro país del P. David Pantaleón, quien al momento de su salida ejercía como superior de los jesuitas en Cuba y presidente de la CONCUR, es un error político que ha mostrado la incongruencia entre el discurso oficial de dialogar con todas las voces y la realidad de expulsar al que muestre un pensamiento divergente. Lo que sucede es que el padre David no es el único que piensa en libertad y con un modo de proceder abocado hacia la instauración de una verdeara reconciliación y mayores cuotas de justicia social en nuestra sociedad. Como él, hay muchas otras voces con una fe en el cambio que no podrán silenciar.

[1] La Compañía de Jesús fue fundada en 1540 por el español San Ignacio de Loyola, con la aprobación del Papa Pablo III. Ignacio de Loyola había reunido a su alrededor a un grupo de hombres dinámicos y bien educados, que no deseaban más que ayudar a otros a encontrar a Dios en sus vidas. El plan original de Ignacio era que los jesuitas fueran misioneros itinerantes, que predicaran y administraran los sacramentos allí donde hubiera esperanzas de lograr el bien mayor. Desde su fundación, la Orden ha ido creciendo desde los 10 jesuitas iniciales a más de 15.000 en todo el mundo.

[2] El regreso de Sabina: documental con Fernando León, disco, gira y ajuste de cuentas con la izquierda latinoamericana; 11 de septiembre de 2022 por elpais.com – Jesús Ruiz Mantilla

 

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