Opinión

Golpe urgente al timón de la mediocridad

El principal desafío es volvernos a aceptar y a respetar

 

Nelson Chitty La Roche:

Es de pocos esa inquietud de perseguir ávidamente alguna quimera, venerando a filósofos, artistas y pensadores que fundieron en síntesis supremas sus visiones del ser y de la eternidad, volando más allá de lo real. Los seres de tu estirpe, cuya imaginación se puebla de ideales y cuyo sentimiento polariza hacia ellos la personalidad entera, forman raza aparte en la humanidad: son idealistas “J

osé Ingenieros, El hombre mediocre.

Cuando era muchacho, por allá en los sesenta del siglo pasado, recuerdo que, en el liceo, pero, también con los vecinos de la calle de mi vivienda, los chicos tenían muy a menudo interés en las lecturas clásicas y conversar sobre ellas, era un hábito frecuentísimo.

Recuerdo especialmente entre muchos, ese debate que se abrió a propósito de la leída de la obra de José Ingenieros y lo apasionante que resultaron las pláticas que generó.

Éramos una promoción preocupada por estar al corriente y sentir nuestro tiempo; por destacarnos, por conocer y saber con alguna prisa y desesperanza incluso y, con una perspectiva participante sobre lo que éramos y queríamos ser. Incluso resaltaré un hecho con emoción; todos queríamos reformar aquel mundo nuestro en que apreciábamos grandes desajustes, injusticias y desequilibrios. La revolución nos seducía y atraía y con ella, la polémica y la lucha.

Debo acotar que aquel entorno ofrecía oportunidades para progresar y la universidad era un auténtico trampolín a la movilidad social; el país distribuía la riqueza petrolera privilegiando la educación y la construcción de obras de infraestructura de primer orden. La esperanza obraba aun en aquellos que militaban en un proyecto radical de transformación de la patria. Todos en el fondo, apostaban por esa patria que más que una palabra hueca como parece hoy en día vehiculaba un contenido edificante, leal, hermosamente comunitario.

Me angustia la apatía de los jóvenes de hoy, hipnotizados con la tecnología y el celular. Claro que no es un asunto típico venezolano sino universal, pero, nos hace acá un perjuicio terrible, gravoso, peligroso. Entre la fuga de los chamos nuestros a la diáspora, buscando en su mayoría salir de la pobreza, del marasmo y de la revolución de todos los fracasos de un lado y la bucólica presencia de los que se quedan, nos vaciamos de los bríos que tanto requerimos.

Empero; la razón de esta remembranza apunta a hacer constataciones que me permitan una reflexión que considero, humildemente y no exagero, capital para atender el gran escollo que tenemos enfrente y que nos diezma, aflige, empobrece y nos mediocriza a diario.

En efecto; hemos sido irradiados, en un aciago momento, por un ejercicio de poder pernicioso, demagógico, populista, pretoriano y por la incapacidad de dar respuestas efectivas a las perturbaciones derivadas, de la consecuente desrepublicanización, desinstitucionalización y banalización, a un punto que, ha comprometido nuestro impulso antropológico.

Un pernicioso bloque histórico opera para ello. De una parte, una coyuntura mundial de individualización paroxística, el desarme social y humanístico, se suma a una consciencia histórica resentida, porque la secuencia que vivimos nos priva de pensar y desde luego, nos hace acríticos. Devenimos intrascendentes, por inconscientes.

Sobreviviendo; es así cómo explicamos a los otros lo que hacemos o mejor lo que dejamos de hacer o permitimos impávidos que nos hagan y, por lo que dejamos la existencia ciudadana en el hombrillo.

Nos desarticulamos como sociedad política y nos ausentamos de lo nuestro, de lo público, por vegetar como respuesta. Esa es la estación en que nos quiere y ya nos tiene, este autoritarismo kakistocrático.

No tenemos como otrora y, me refiero a la nación venezolana, la que queda acá digo, porque se separo una cuarta parte materialmente y muchos más que lo están pensando y la hemorragia continúa y 2022 fue una contundente evidencia de lo que afirmo, con el apoyo de los informes de la ONU, carecemos reitero, de arraigo espiritual y disposición para la contienda histórica que es connatural a cada generación.

Todo ha sido sin embargo el producto de circunstancias de diverso género que engendraron el monstruo, cuya paternidad es compartida, por los que hicieron el papel de intelectuales orgánicos, como diría Gramsci y señalo a los medios de comunicación que se desviaron de su tarea para ambicionar mas que el control, el poder mismo y, decisiones erráticas que tomamos o dejamos de tomar aquellos que creíamos dirigir a la sociedad. Todos hemos sido castigados y todos nos debemos una reivindicación.

No obstante, lo asentado acá, es un imperativo reaccionar o intentarlo, con todo lo que nos resta en el alma ciudadana, optar para no diluir la fortaleza que nos queda y es la convicción de que estamos en el lado correcto de la historia y que una vez más, siempre ha pasado, hay que batirse con el mal y derrotarlo, aunque en ello nos vaya la respiración.

Cada uno de los miembros de esta patria debe asumir su responsabilidad que, consiste en retomar el camino que conduce a la liberación. Mirar lejos para no desviarnos más. Enderezar el volante que nos ha extraviado. Que los que se autodefinen como opositores, no se dejen tentar por ellos mismos y sus ansias y bajezas. Basta de asumirnos unos a otros, como sórdidos enemigos de una misma familia.

Asumir el reto es la consigna. Rescatar a los nuestros encadenados a sus necesidades que no han entendido que su gran penuria son esas cadenas que los hacen manipulables y prescindibles. El principal desafío ratifico, es volvernos a aceptar y a respetar.

El adversario está delante y reúne tres características que lo definen; es inescrupuloso, es cínico y es apátrida. Hay que apartarlos para que fluyan las aguas nuevamente del progreso y la redención nacional.

Después de lo acontecido en la Asamblea Nacional; quedó claro que, haciendo lo mismo, no obtendremos sino el mismo resultado y de Perogrullo pareciera, pero, fijémonos bien. La gente pierde apego por los partidos y por la sociedad civil que no se le advierte ni figura ni ascendiente. Si seguimos desconectados del pueblo, no lo esclarecemos y seguiremos alejados de él.

¡No a la mimetización de la mediocridad que nos ha tocado en suerte! Podemos ser otra cosa y expliquémosles por qué, a unos y a otros, salgamos del coto de caza de las ambiciones fútiles, para reencontrarnos y hagamos lo que hay que hacer. El que quiere dirigir que lidere.

¡Viva la utopía, la ilusión, la fantasía, viva la libertad, viva la patria! .-

Nelson Chitty la Roche, @nchittylaroche, nchittylaroche@hotmail.com

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