Opinión

El jazz y sus misterios

 Para los músicos, quienes hacen la vida más placentera

 

Gloria Cuenca:

Amé la música de jazz desde el primer momento en que la oí. Me pareció fascinante y misteriosa al escuchar por vez primera, una canción. Creo que fue “Moon River” o, “Collar de Perlas” (Glen Miller) una de las dos, con seguridad. Tenia la referencia de mi padre, admirador de Louis Armstrong, decía: “¡Cómo será de grande este músico!”  “Siendo negro los norteamericanos se han rendido ante é!” Estoy escribiendo algo  que ocurría en la década de los 50, en Estados Unidos. Mi primer encuentro con este país, tenía solo 10 años y todo me pareció estupendo, menos el frio. Luego supe: la cuna de esa música maravillosa fue la hermosa ciudad de New Orleans. Adulta visité esa ciudad, estuve en sitios donde tocaban Jazz a orillas del río Mississippi. ¡Como disfruté! Hice una de las mías:  cometí la imprudencia de pedirle a la orquesta tocar dos piezas que amo: “Hojas Muertas” (Autumn Leaves) y “A mi manera” (My way). Hice esto con oposición de los hombres que me acompañaban: mi marido y mi hijo, (uno con conocimientos musicales, músico el otro, según ellos no es adecuado decirle a un músico que toque determinada pieza.) Me miró el director del conjunto extrañamente. Después dijo “by recuest” y me complació. Grandioso e inolvidable.

Me explicaron: lo extraordinario, se trata música improvisada. Al mismo tiempo tocan melodías inéditas y conocidas; otras desconocidas. ¿Cómo? Misterio de los músicos. Indispensable, en conciertos de jazz: saxo, corneta, clarinete, batería y teclados. Ahora también el bajo y la guitarra. ¿Siempre estaban? Maravillosos cantantes: hombres y mujeres. La música con encanto especial. Siento melancolía, tristeza y alegría, mi espíritu se eleva; de allí mi pasión y disfrute con esta música.

Me gustaba bailar y aprendí jazz. Un amigo, apasionado por el jazz, me enseñó. Bailé jazz sin complejos. ¡Cómo disfruté aquellas fiestas por años! Inolvidables para mí. ¡Gracias a Dios! Bailé jazz por mucho tiempo.

La vida me llevó por otros cauces, sin embargo, siempre apasionada por la música y el Jazz. De repente, hace años, leí en los inolvidables, hoy desaparecidos periódicos, las páginas culturales:  se iba a hacer un Festival de Jazz en Caracas (Fines de los 80) Sería en el auditorio de la Casa Rómulo Gallegos, en Altamira. Sin dudarlo compré entradas, decidí ir e invité a mi hijo que tenia más o menos 12 años. Nos fuimos a disfrutar. Adolfo quedó impactado y enamorado del Jazz desde entonces.  Después decidió ser músico y baterista. (Y, obligado, Comunicador Social)

Cuesta trabajo escribir sobre esto -casi 40 años después- la emoción sigue intacta. Adolfo me ha llevado a varios conciertos en Miami, donde lo visito: de Jazz y otros. Es baterista. Al verlo y oírlo tocar siento gran conmoción. Lamento ausencias definitivas de quienes habrían disfrutado al máximo esos momentos. Soy privilegiada al escuchar y asistir a esos eventos y presentaciones.

Al lado de gente, qué en efecto, va a disfrutar de la música, con atención y pasión, hay otros que se dedican a conversar – en los bares y restaurantes, particularmente-  haciéndo escándalo y molestando. No se dan cuenta de que, los músicos están trabajando y dando lo mejor de sí para que se oiga en grande lo que después de ensayos minuciosos y dedicados, han preparado para que escuchemos disfrutemos y apreciemos su arte.

No es fácil para estos músicos aceptar a la gente que se “distrae” no con la música; no importa el virtuosismo y la maravilla que se esté escuchando. Los hay de todo tipo: escandalosos, medio payasos, agresivos, fastidiosos entre otras categorías que no quiero seguir enumerando.

Como público, los he clasificado de cuatro maneras: a) los que les gusta la música, son educados y saben comportarse, estos son magníficos. b) los que les gusta la música y no saben comportarse, hacen comentarios, se ríen a carcajadas se paran, entre otras formas inadecuadas de comportarse, serían maleducados. c) los que no les gusta la música y se saben comportar, cara de fastidio y molestia, pero no hacen ruido; los diplomáticos y d) los que no les gusta, tampoco se saben comportar, constituyen los peores en el público. Groseros y mal educados. A los venezolanos nos encanta la música; por eso me resulta interesante hacer esta reseña, de una observadora, apasionada por el baterista y por la música. Sin tener ningún conocimiento, pero si admiración, respeto y mucha felicidad por esos músicos maravillosos que me hacen recordar de las etapas más felices de la vida: cuando empecé a escuchar Jazz. ¡Respeto para los músicos, sin ellos la vida pierde significación!

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba