Trabajos especiales

Lope de Aguirre, un despiadado conquistador que se apoderó de Venezuela

El 20 de junio de 1561, el conquistador Lope de Aguirre arribó a las tranquilas costas de la isla de Margarita en Venezuela, era un lunes por la tarde y desde allí inició su espantosa carnicería convirtiéndose en pocos días en una mortandad de indios y cristianos.

Era natural de Oñate, provincia de Guipúzcoa, perteneciente al reino de Castilla, España, en donde había nacido el 8 de noviembre de 1510. Vino al continente en busca de el dorado, sembrando el horror por donde pasaba. Se hallaba en el Perú cuando el gobernador don Andrés Hurtado de Mendoza, resolvió una expedición con unos 400 españoles, algunas decenas de esclavos negros, unos 500 sirvientes indios, 40 caballos, embarcados en dos bergantines, dos barcazas chatas y unas cuantas balsas y canoas.

La expedición le fue confiada al navarro Don Pedro de Ursúa. Entre los conquistadores iban también Lope de Aguirre, su joven hija mestiza, llamada Elvira y sus marañones.

Antes de atracar en Venezuela, enloquecido por la codicia, Lope de Aguirre urdió su primer crimen, fue entonces cuando persuadió al primer oficial al mando de uno de los barcos don Fernando de Guzmán, para que asesinaran a Don Pedro de Ursúa, jefe expedicionario, y así éstos comandarían la empresa y se repartirían el oro.

Concebido el plan, Lope de Aguirre y sus hombres esperaron cayera la noche y, entre las sombras, irrumpieron con ferocidad en el camarote del capitán Ursúa. Fueron tantas las puñaladas asestadas, que éste y su ayudante, el capitán Juan Vargas, quedaron irreconocibles.

Inmediatamente los marañones, todos arcabuceros, ahogados en licor y excitación proclamaron a de Guzmán jefe de la expedición y a Aguirre lo nombraron Maestre de Campo, rango que ostentará por poco tiempo, toda vez fue masacrando a todo aquel individuo que intuía podía hacerle alguna obstrucción. Finalmente asesinó también a de Guzmán, tomando el mando absoluto de la empresa expedicionaria.

Se reveló contra su rey

Aguirre navegó río abajo por el Amazonas, alcanzando el mar; luego, mar adentro, hacia el norte, llegó hasta Margarita y Tierra Firme. Durante el transcurso de este viaje, instó a 186 capitanes y soldados a firmar una declaración de guerra en contra de la corona española autoproclamándose príncipe del Perú, Tierra Firme y Chile. Le mandó una carta a Felipe II -de insólita soberbia e insolencia-, explicándole sus planes de libertad y autogobierno firmada con el sobrenombre de el traidor.

Tal rebeldía de Aguirre era desconocida en Margarita, cuando llegó fingiendo lealtad y conducta intachable, apunta el escritor español Isaac Otero, en La leyenda viva del tirano Aguirre y las tierras de Venezuela. 

A sangre y fuego

Entró el tirano Aguirre a Pampatar con su horda de marañones tomando como prisioneros a las autoridades, a vecinos notables y, sin juicio, ordena sean ahorcados. Allanan las casas, roban cuanto pueden y, es entonces cuando degüella a Ana de Rojas, una de las antepasadas del Libertador Simón Bolívar.

Después de los cruentos asesinatos en la isla, en donde a sangre y fuego liquidó a la población nativa de los pueblos vecinos, el tirano resolvió embarcarse con destino a tierra firme, así evadiría también a Francisco Fajardo, el conquistador mestizo margariteño con órdenes expresas de su majestad de apresarlo y ajusticiarlo in situ.

Antes de abandonar Margarita el tirano mató a garrote al gobernador y a 50 vecinos adeptos a la autoridad de la isla, y nuevamente escribió una descomedida carta al rey; que suscribió como El Peregrino y Príncipe de la Libertad.

Junto a sus marañones, llegó el tirano a Borburata y su primera víctima fue uno de sus arcabuceros, cuando el desgraciado le preguntó si estaban en una isla o en tierra firme. Esta población no se escapó de la degollina y el saqueo general. Quemó todas las embarcaciones, las suyas y las que permanecían en el puerto.

Solo le quedaban un poco menos de 150 marañones de 400 que eran originalmente cuando asesinó a de Ursúa, pero fueron suficientes para proseguir con la conquista de Venezuela, esta vez ocupando la Nueva Valencia del Rey, en donde provocó la huida de sus vecinos a los matorrales, llenos de pánico, mientras que otros se refugiaron en las islas del lago Tacarigua. Cargaba consigo y para sí, a la esposa y la hija del Justicia Mayor de Borburata.

En Barquisimeto mató a su hija

La rebelión de Lope de Aguirre llegó a Nueva Segovia de Barquisimeto el 22 de octubre de 1561, con bandera negra ribeteada con dos espadas sangrientas cruzadas. Al arribar se consiguió con el capitán general Gutiérrez de la Peña Langayo, Regidor de Coro y El Tocuyo, gobernador y capitán general interino de la provincia de Venezuela entre 1558-1559, apostado con sus tropas sobre una loma frente al pueblo, pues la noticia de la marcha del tirano hacia estas regiones llegó a oídos del gobernador Pablo Collado, que estaba convaleciente en El Tocuyo, afectado de «achaque de temores que le espantaban de noche, y aun pienso que también de día», escribe el cronista español Fray Pedro Simón en Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales.

En los preparativos para la guerra se habían reunido previamente en El Tocuyo el gobernador Pablo Collado, la Justicia y vecinos de la ciudad para señalar cuáles habrían de ser las acciones que debían afrontarse para hacerle frente al tirano.

Llegaron a Barquisimeto primero que Aguirre y evacuaron la ciudad, llevándose los animales de cría y todos los alimentos. En las casas colocaron unas cédulas ofreciendo el perdón de todos sus crímenes a la soldadesca que desertara. Asimismo, otra dirigida a Lope de Aguirre exhortándole depusiera las armas y se doblegara a la voluntad del rey. Salieron de la ciudad y se escondieron en los barrancos del río Cenizo (río Turbio) para emboscar al tirano, quien venía por el valle.

Cuando Aguirre y sus hombres entraron a Barquisimeto, incendiaron todas las casas, que eran de paja y barro, y solo dejaron unas cuantas en pie. Allí se refugiaron del sitio impuesto por los enviados del rey, y así, a tiro de arcabuces resistieron cinco días.

Finalmente, el 26 de octubre de 1561, acorralado por las autoridades reales, Aguirre en un arrebato de desesperación apuñaló a Elvira, su propia hija, suceso que justificó exponiendo: «Porque alguien a quien quiero tanto no debería llegar a acostarse con personas ruines». También le asestó un sinfín de puñaladas más a varios de sus seguidores que intentaron capturarlo.

Dos de los marañones le apuntaron con sus arcabuces; uno de ellos disparó, pero solo consiguió rozarlo, causando la mofa de Aguirre. El otro marañón sí acertó, matándolo en el acto. Saltó luego sobre él un soldado llamado Custodio Hernández y por orden del maestre de campo Diego García de Paredes le cortó la cabeza, y sacándola de los cabellos, que los tenía largos, se fue con ella a recibir al gobernador.

Los restos del tirano 

Su cuerpo fue descuartizado y su cabeza fue enviada a El Tocuyo en una jaula de hierro para que la gente viese de donde brotaban «tan perversas maquinaciones».

La mano derecha fue trasladada a Mérida y la izquierda a Valencia, el resto del cuerpo fue echado de comer a los perros. En un juicio post mortem efectuado en El Tocuyo, fue declarado culpable de delito de lesa majestad. Los seguidores del tirano fueron llevados a juicio y sentenciados a muerte por descuartizamiento.

En un viejo croquis de El Tocuyo del año de 1562, que nos facilitó generosamente la historiadora Rebeca Figueredo, se observa la cabeza cortada de Lope de Aguirre, expuesta en el lado izquierdo de una especie de cruz que refiere: “cabeça de agire” (cabeza de Aguirre), en castellano antiguo y abajo “la plaça maior”.-

Luis Alberto Perozo Padua

Periodista y cronista

luisperozop@hotmail.com

IG/TW: @LuisPerozoPadua

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