Lecturas recomendadas

Reyes Magos: la sabiduría que encuentra al niño Dios entre los pobres

La fiesta de Reyes no puede transformarse en otra excusa para el consumismo enfermo de nuestra sociedad, debería ser la fiesta de la solidaridad con el niño Jesús en el pesebre, quien diría años después: “tuve hambre y me disteis de comer… (Mt 25). Si queremos celebrar cristianamente Reyes, ya sabemos dónde está de verdad el niño-Dios.

 

vivimos en sociedades donde la sabiduría es reemplazada por la información o “infocracia” … Ya no parecemos sociedades, sino multitudes de tribus e individuos perdidos en la soledad del sin sentido, sin estrellas que nos inspiren desde el firmamento. Un Gran Hermano maneja desde las pantallas nuestros destinos sin pueblo y sin historia. También nos regala “minutos de odio” para echar la culpa a “otros” y vivir en permanentes guerras. (G. Orwell, 1984)

 

Navidad y Reyes son el nuevo relato que busca congregarnos fraternalmente junto al fuego, reyes y pastores, universal, sin exclusiones, compartiendo. Estos Reyes no buscan maquiavélicamente “dividir para reinar”, sino “servir para unir”.

 

“Reyes” es una invitación a ofrecer nuestros dones al Dios pobre de Belén, que vive entre los sufrientes del mundo. Tejer con ellos una nueva civilización donde todos aportemos lo que somos y tenemos para formar una familia, un Pueblo de hermanos…

 

La Búsqueda de los sabios

Lo que define a estos reyes sabios no es su jerarquía social de privilegio, sino su dis-posición de búsqueda de un sentido más allá de la comodidad. El privilegio es una situación que encierra al espíritu en una zona de confort, en una postura defensiva de justificación permanente. Es un estancamiento personal o institucional, que nos paraliza y nos aleja de la realidad.

Estos sabios prefirieron “seguir” la estrella, símbolo de los indicios que Dios nos da para descubrirlo en la vida. Para encontrar a Jesús hay que moverse, hay que buscar entre los signos de su Amor, no hay que instalarse. Dios siempre sorprende a los humildes y se resiste a los soberbios que creen que ya lo saben o lo tienen todo (Santiago 4,6).

Estos hombres sabios pasaron a la historia porque hicieron lo que no suelen hacer los reyes de este mundo, que no arriesgan. No les interesa «complicarse» con el bien común, ni buscan nada más que sobrevivir en el poder, alimentar a su corte obsecuente y convencer a los demás que sus privilegios son «necesarios» y están «justificados».

Los Reyes Magos son una excepción, tal vez porque en realidad, como precisan los estudios bíblicos, estaban más asociados a un grupo de sabios que al de poderosos gobernantes de la época.

La sabiduría es un estado de humildad, de búsqueda, de caminar. Jesús decía a los que le preguntaban cómo era eso del “Reino de Dios”, que lo siguieran. Estos sabios dejaron sus tierras donde estaban seguros y siguieron a la Estrella que los condujo al Mesías pobre de Belén. Esta búsqueda significó cuestionar lo conocido y arriesgar. No se detuvieron ni en el Palacio ni en el Templo para hallar al Salvador, lo encontraron en la periferia de los pobres y descartados…y lo ayudaron.

La sabiduría solidaria ante la idolatría del dato y la inteligencia sin amor

Esta sabiduría dista de ser la idolatría del dato de nuestros días, la sesgada “inteligencia” (IA) del algoritmo… sin amor. “El utopismo de los los tecnócratas actuales, dueños de los algoritmos, son la versión moderna de los antiguos sofistas”. (J. Arnau, El País, 30/12/2023). La sabiduría es mucho más que acumulación de información sin un “para qué” que nos humanice, que le «encuentre la vuelta» a la paz y la convivencia fraterna. De qué le vale al hombre tener todo el conocimiento si pierde el sentido de la vida (Mt 16).

Los sofistas, como el rey Herodes, no buscan la verdad, sino engañar con datos para sostener su status quo. Los datos que escogen no son neutros, son seleccionados entre muchos otros descartados…para justificar una teoría o ideología que les convenga. Hay que producir mucha información engañosa para «justificar» que unos pocos privilegiados en el mundo vivan en su lujo sibarita, mientras un tercio de la humanidad pasa hambre y los jóvenes, “promesa del futuro”, son abducidos por el entretenimiento de las pantallas.

 La narración del nacimiento de Jesús y la visita de estos sabios de Oriente, es la cantera de un nuevo sentido para vivir y construir un pueblo de hermanos. Es mucho más que datos o información, es poner esto al servicio de una sabiduría más grande.

Byung-Chul Han denuncia la falta de sentido que campea por las sociedades de la información o “infocracia” de nuestros días. Ya no parecemos sociedades, sino multitudes de tribus e individuos perdidos en la soledad del sin sentido, sin estrellas que nos inspiren desde el firmamento. Un Gran Hermano maneja desde las pantallas nuestros destinos sin pueblo y sin historia. También nos regala “minutos de odio” para echar la culpa a “otros” y vivir en permanentes guerras. (G. Orwell, 1984)

Frente a esto, el Papa Francisco pide una algor-ética, una humanización de la información, para construir el poliedro de la Paz en nuestro tiempo. Darle un nuevo sentido al avance tecnológico, que sirva para ser más solidarios, más “nosotros” y menos individualismo competitivo a rabiar. Navidad y Reyes son el nuevo relato que busca congregarnos fraternalmente junto al fuego, reyes y pastores, universal, sin exclusiones, compartiendo. Estos Reyes no buscan maquiavélicamente “dividir para reinar”, sino “servir para unir”.

Reyes al servicio del Dios hecho pobre

Ya lo dijo Jesús, “el que no deja de corazón las efímeras seguridades de este mundo, no puede seguirme” (Lc 14,26). La postura opuesta es el burgués que cree saberlo todo, no arriesga y busca su seguridad resguardando su “orden establecido” …a costa de lo que sea. Incluso consintiendo guerras y sistemas económicos que matan inocentes o siendo indiferente al dolor del mundo…como los Herodes de antaño y de siempre.

Estos sabios emprendieron un largo caminar, una búsqueda arriesgada, guiados por los signos que Dios da en la historia de la humanidad y de cada persona. Ése es el verdadero fin de la meditación: discernir los signos de Dios en la existencia, no el huir de la complejidad del vivir, sin importarme el destino de los demás. La oración cristiana no solo nos pone los pies en la tierra sino que nos compromete para un largo caminar samaritano.

Mientras el cristianismo es una propuesta de redención asumiendo misericordiosamente el desastre personal y social del pecado, todas las otras visiones pretenden huir y no hacerse cargo o hacerlo de modo violento. Huyen los que saben muy bien que este mundo con el cual han lucrado a mansalva, se va al garete e invierten fortunas inimaginables para escapar a Marte o a lujosos paraísos exclusivos.

También huyen los que se conforman con espiritualidades de “fuga mundi”, que no asumen nada real, resignados beatos meapilas que son indiferentes a samaritanear un mundo mejor, a buscar la Justicia del Reino de Jesús. Sólo pretenden “salvar su alma” tranquila y egoístamente.

Ya lo decía Santa Teresa, no hay que auto-engañarse buscando los consuelos de Dios sino al Dios de los consuelos, como los Reyes Magos. Ellos, arriesgando y caminando, lo han encontrado hoy entre los pobres en un establo…y lo han ayudado con sus ofrendas. La fiesta de Reyes no puede transformarse en otra excusa para el consumismo enfermo de nuestra sociedad, debería ser la fiesta de la solidaridad con el niño Jesús, quien diría años después “tuve hambre y mi disteis de comer… (Mt 25). Si de verdad queremos celebrar Reyes, ya sabemos dónde está el niño-Dios.

En Belén la Creación es reparada de sus heridas. “Reyes” es una invitación a ofrecer nuestros dones al Dios pobre de Belén, que vive entre los sufrientes del mundo. Tejer con ellos una nueva civilización donde todos aportemos lo que somos y tenemos para formar una familia de “Fratelli Tutti”, todos hermanos. Solo la sabiduría del servicio hace que este mundo sea vivible para todos.

poliedroyperiferia@gmail.com

 Guillermo Jesús Kowalski/RD

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