Entrevistas

Esteban Velázquez: “El mundo necesita urgentemente líderes como Gandhi, Luther King o Mandela”

El jesuita canario denuncia la incapacidad de las estructuras actuales para frenar los conflictos

«Considero un escándalo que las tres religiones abrahámicas —a las que pertenecen la mayoría de los que se están matando en diferentes lugares del mundo— no hayan lanzado ni una sola declaración conjunta pidiendo no solo la paz en abstracto sino el respeto al derecho internacional»

 

«La ONU es y será un sistema antidemocrático mientras tenga esa estructura piramidal, dictatorial, de cinco países que se arrogan el derecho a veto por haber ganado una guerra y mientras el Consejo de Seguridad tenga más poder que la Asamblea General»

 

«El movimiento de noviolencia activa está muerto y hay que resucitarlo si no queremos meternos de lleno en la tercera guerra mundial a pedazos, como dice el Papa»

 

El pasado 24 de diciembre por la tarde, cuando la mayoría de la población cristiana mundial se preparaba para celebrar la Navidad, Esteban Velázquez SJ (Las Palmas de Gran Canaria, 1947) empezó un ayuno voluntario por la paz. Con este acto, que se prolongó hasta el 1 de enero, el jesuita quiso instar a los líderes políticos y religiosos a promover una reforma sustancial en las Naciones Unidas, la instauración de una constitución mundial vinculante sin excepciones y la aplicación real y universal de un “no a la guerra”. Porque, según sostiene, no es ingenuo pensar que el mundo puede encontrar soluciones sin recurrir a las armas.

A caballo actualmente entre la comunidad jesuita de la Facultad de Teología de Granada y Jérez del Marquesado, donde preside la Fundación Centro Persona y Justicia, Velázquez acumula una larga trayectoria como sacerdote comprometido con la justicia social. Desde su isla natal hasta Marruecos y pasando por el Salvador, donde entre los años 80 y 90 participó en iniciativas de paz y atendió pastoral y humanamente a la población civil y a la guerrilla, el religioso ha participado en numerosos movimientos sociales relacionados con la solidaridad internacional, la globalización, la interculturalidad, el diálogo interreligioso o las migraciones.

Así, a sus 76 años, asegura que tiene todavía la intención de “seguir batallando, en el buen sentido de la palabra”, porque como militante de la noviolencia activa en la línea gandhiana, no puede permanecer impasible ante un orden mundial no representativo de la voluntad pacífica de la mayoritaria de los pueblos del mundo.

¿Qué le motivó a llevar a cabo su ayuno por la paz precisamente durante las fiestas navideñas?

Fue un doble impulso. Por un lado, esta protesta miraba más a la coherencia que a la eficacia. Sentí una necesidad interior de solidaridad: no podía vivir unas fiestas como si nada estuviera pasando, con tantas guerras en diferentes lugares, pero especialmente en Gaza. Sentía que de alguna manera tenía que hacer mío el sufrimiento de tanta gente en este contexto tan dramático.

En segundo lugar, mi acto quiso ser también una llamada al sector religioso y al político. En cuanto al primero, considero un escándalo que en un contexto en que se habla tanto de diálogo interreligioso, las tres religiones abrahámicas —a las que pertenecen la mayoría de los que se están matando en diferentes lugares del mundo— no hayan lanzado ni una sola declaración conjunta pidiendo no solo la paz en abstracto sino el respeto al derecho internacional.

¿Ha hecho alguna petición concreta para que esta declaración se lleve a cabo?

Por supuesto, he escrito en dos ocasiones al cardenal Miguel Ángel Ayuso, prefecto del Dicasterio para el diálogo interreligioso de la Santa Sede. Le he preguntado qué está haciendo la Iglesia católica para impulsar esa acción. Pero hasta ahora, no he recibido respuesta.

Gaza

Gaza

En el manifiesto que publicó con motivo de su protesta, también se mostró crítico con las Naciones Unidas.

En efecto, la otra gran incoherencia que veo actualmente es el funcionamiento de las Naciones Unidas. Es inadmisible que todavía, en un contexto en que la palabra democracia parece “sagrada” y está en boca de todos, exista en la ONU un poder de veto que impida el ejercicio del derecho humanitario de guerra, como ha ocurrido recientemente en el caso de Gaza o como pasó también con la guerra Ucrania. Esto demuestra una contradicción in terminis total con la pretendida “democracia” por la que dicen regirse tantos países del primer mundo. La ONU es y será un sistema antidemocrático mientras tenga esa estructura piramidal, dictatorial, de cinco países que se arrogan el derecho a veto por haber ganado una guerra y mientras el Consejo de Seguridad tenga más poder que la Asamblea General.

¿Cree que existen propuestas alternativas?

Por supuesto. Federico Mayor Zaragoza, José Esquinas y el ya fallecido Miguel Escoto han hecho propuestas muy bien pensadas para cambiar estas estructuras.

¿Cómo cree que está la sociedad actual en cuanto a cultura de paz y noviolencia?

En este momento, la noviolencia activa tiene mucha menos presencia social que en otros tiempos. Diría que si no surge una línea de noviolencia con fuerte carácter político, no solo testimonial, la violencia ganará cada vez más peso en el contexto mundial. El mundo necesita urgentemente líderes y grupos como los que durante el siglo XX influyeron en la línea de los acontecimientos. Personajes como Gandhi, Luther King, Mandela y tantos otros que apostaron siempre por la solución no armada de los problemas. Esa línea podría tener un apoyo popular en estos tiempos y es indispensable para que este mundo no se convierta en una masacre total.

¿Qué opina de las movilizaciones ciudadanas? Dice su “colega” Joan Morera SJ que si bien las manifestaciones no suelen servir para detener las guerras, en cambio son indispensables para mantener la dignidad humana. ¿Está de acuerdo?

Absolutamente. Y además de eso, las movilizaciones pueden tener una presencia política importante. Parece que el último eco de un pacifismo fuerte en la sociedad se produjo contra la guerra de Irak. Recuerdo que por aquel entonces publiqué un artículo titulado “¿No a la guerra o no a ‘esta guerra’?” Porque tenía la impresión que aquel pacifismo respondía más a la coyuntura política del momento que al espíritu de la noviolencia. Y los hechos posteriores lo han demostrado: cuando se superó aquella etapa, marcada por una fuerte oposición a la política de Estados Unidos, se acabaron las protestas porque no había una rentabilidad en términos políticos. Pero la noviolencia tiene un planteamiento filosófico y espiritual que va más allá de cualquier coyuntura. El movimiento de noviolencia activa está muerto y hay que resucitarlo si no queremos meternos de lleno en la tercera guerra mundial a pedazos, como dice el Papa.

Manifestantes pro palestinos interrumpen la misa de Navidad en la catedral de Bolzano

Manifestantes pro palestinos interrumpen la misa de Navidad en la catedral de Bolzano RAI

Para acabar, y regresando al tema de Israel y Palestina, ¿cree usted que, como han dicho algunos, el gobierno israelí está utilizando el dolor del pueblo judío durante el Holocausto para colonizar la tierra y castigar impunemente a la población palestina?

Más que utilizar, el gobierno de Israel, con la ayuda de su ejército, está poniendo de manifiesto aquello que se ha dado otras veces en la historia: que el que ha sido víctima se acaba convirtiendo en verdugo. El haber sido víctima, genera una especie de autodefensa innata para que aquello no se repita. Y en el caso de Israel, quizás esto les lleva a ver de forma desproporcionada ciertos ataques, creyendo que podrían volver a producir un episodio de la magnitud del Holocausto. Es un mecanismo autodefensivo que tiene cierta lógica y que desgraciadamente se repite en la historia. En cualquier caso, en Israel hay una cierta conciencia mesiánica de pueblo elegido que tiene que llevar adelante el proyecto de Dios caiga quien caiga.

En el gobierno actual de Israel tienen mucho peso los ultraortodoxos, aliados de Netanyahu. En este sentido, siempre se ha hablado del mal puede producirse cuando las religiones son puestas al servicio de un interés particular de un pueblo. 

Efectivamente. Y en este punto hay que señalar que lo que distingue esencialmente el pensamiento judío del pensamiento cristiano es el universalimo del segundo: Cristo vino para que su mensaje de paz llegara a todos los confines de la Tierra y para el que oyera el espíritu tuviera la misma célula de identidad y licencia de participación en el nuevo pueblo de Dios (la Iglesia) que el que era del pueblo elegido (el pueblo de Israel). Por eso uno de los grandes conflictos de Jesús fue el de ir en contra de aquellos que interpretaban su tradición religiosa como una señal inequívoca de que eran un pueblo elegido y de que los demás, de alguna manera, eran de segunda categoría. En esa tendencia peligrosa de cualquier pueblo que se mesianiza, veo también parte del pueblo judío sionista. También observo que se creen en posesión del análisis perfecto y objetivo de la realidad, y así muestran poca capacidad de dejarse interpelar por otros coordenadas y paradigmas éticos y espirituales.

¿Cómo definiría, en definitiva, lo que está pasando en el conflicto de Tierra Santa, que ha llevado a Sudáfrica a poner una querella a Israel por su actuación en Gaza?

En primer lugar, quiero aclarar que apoyo explícitamente la denuncia que ha puesto Sudáfrica ante el Tribunal Penal internacional por “indicios genocidio”. Dicho esto, lo que pasa en este conflicto es una expresión más de la vieja controversia entre la perspectiva nacionalista estrecha y perspectiva universalista amplia. Todo nacionalismo mal entendido puede ser motivo o cauce para un desprecio del resto y para una justificación de la violencia para defensa de su pulcritud, de su excelencia como pueblo con relación a otros pueblos. Dios nos libre de considerarnos, a cualquier pueblo o nación, superiores y no necesitados del concurso de los demás para encontrar el humanismo integral al que todos estamos llamados.-

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