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Cuaresma, en camino hacia la luz

Sor Nadieska Almeida, HC, desde Cuba:
Hoy los católicos del mundo entero comenzamos un tiempo al que llamamos Cuaresma. Mientras transcurre intentamos vivir especialmente la experiencia de Jesús en el desierto. Como Él, intensificamos en estos cuarenta días la relación profunda con Dios. Tomamos conciencia de nuestro modo de vivir e intentamos concretar maneras de ser mejores cada día, teniendo claro que no es solo obra nuestra, aunque en gran medida sí depende de nuestros esfuerzos, que nunca serán sin alguna cuota de sacrificio.
Hoy, como tantas veces, inclino mi corazón a Dios para pedirle la gracia de escuchar su voz, de seguirlo, de comprender su querer con el que a veces es difícil configurar mi corazón y razón.
Escuchando una reflexión para adentrarme serena y conscientemente en este nuevo tiempo, acogía esta invitación: Cuaresma es tiempo de verdad, de humildad; es tiempo de caminar hacia la luz, hacia la Pascua. Dejar que Dios se haga paso en nuestra vida.
Cuaresma es tiempo de vivir en la verdad, siempre tan contrastante para nosotros los cubanos. Aunque es posible que no todos sepamos lo que es la Cuaresma, sí sabemos diferenciar entre la verdad y la mentira, lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto. Me duele mucho que no seamos capaces de optar por la verdad con todas sus consecuencias, sobre todo porque lo que seguimos dejando a las generaciones jóvenes es la falsedad, la vida en la mentira, la doblez, y ellos, como nosotros, se acostumbrarán a lo indebido, dirán sí cuando el corazón o la razón dicen no.
He visto con dolor dos videos que me han hecho pensar en lo fácil que somos de manipular, o cómo mentimos para no buscarnos problemas. Los videos de los que hablo solo me confirman lo que mis propios ojos han visto una y otra vez, y hoy mi reacción ante esto se hace oración, grito, súplica.
Los que ejercen el gobierno en nuestro país andan visitando nuestros pueblos. Eso está bien, es parte de su responsabilidad. Lo que desconcierta, como siempre, es la mentira, la repetición de consignas que aprendimos y que se siguen gritando cuando es oportuno para expresar que todo está bien, que se siguen cumpliendo metas. Se gritan FALSEDADES y se escuchan las mismas y decadentes promesas. Nos mienten, aplaudimos y mentimos.
Y vuelvo a preguntarme:
¿Cómo perdemos la posibilidad de decirle a nuestros gobernantes que estamos muy mal?
¿Por qué no les decimos que nuestros niños no tienen desayuno y que las madres están decidiendo entre la alimentación y la escuela?
¿Cómo permitimos que se nos diga que hay que sembrar? ¿Es que acaso no conocen el costo de los líquidos para fumigar, de los fertilizantes, de las semillas o del petróleo para que un tractor pueda arar la tierra?
¿Por qué no les decimos que no hay medicamentos, que hay lotes de Duralgína vencidos y se pretende inyectar con eso a los enfermos?
¿Por qué no les decimos que no hay harina para el pan cotidiano y que los tickets nos hacen esclavos de colas y de disgustos entre vecinos porque todos lo necesitamos?
¿Por qué no aprovechamos estas oportunidades de encuentro para decirles que no alcanza el salario para vivir dignamente?
¿Por qué no les presentamos a tantos adultos mayores que han quedado solos porque su familia se ha visto forzada a emigrar buscando un futuro mejor para sus hijos?
¿Por qué no les hablamos de las interminables horas de apagones en las que se hace casi imposible descansar para iniciar la nueva jornada al día siguiente, en las que se echa a perder la poca comida que se logra comprar?
¿Cómo podemos vivir con nuestra conciencia aplaudiendo discursos triunfalistas sabiendo que no son ciertos, que nos mienten? ¿Cómo podemos aplaudir para luego quejarnos de que no tenemos nada?
Respeto el pensamiento de cada quien, no juzgo a quien tiene una opinión diferente a la mía. Solo me gustaría que buscáramos ser coherentes, que seamos de una sola pieza, que no digamos sí y después nos quejemos, critiquemos o condenemos lo que aplaudimos.
La Cuaresma nos regala una vez más la oportunidad de volver a mirar hacia dentro de nosotros mismos, de buscar la verdad y decidir si queremos vivirla. Nos encamina hacia la luz. ¿Estamos dispuestos a hacer valientemente el camino con todas sus consecuencias?
Luz, oportunidad, gracia para vivir andando en la verdad. Es ese el regalo de este tiempo. Te invito humildemente a caminar contigo mismo de la mano de Aquel que nos dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Caminemos confiados hacia la Vida. Es esta mi oración y mi deseo.-

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