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Habermas, Ratzinger y el fundamento de la sociedad liberal europea

Se cumplen 20 años del histórico debate entre el filósofo y el teólogo cardenal

En enero del 2004, hace 20 años, tuvo lugar una discusión entre Habermas y Ratzinger organizada por la Academia Católica de Baviera. La Academia programó diversas actividades basadas en la exposición de diversos puntos de vista

 

La postura intelectual de Habermas y la postura intelectual de Ratzinger son, en el fondo inconmensurables. Parten de cosmovisiones diferentes y no complementarias. Por eso el debate fue un debate de sordos

 

Habermas considera la religión desde la perspectiva de una libertad que sabe que ha cometido muchos errores; mientras que Ratzinger, desde el cielo de la verdad católica, miraba con escepticismo los afanes de la razón secular, es decir, los afanes de esa libertad

 

En enero del 2004, hace 20 años, tuvo lugar una discusión entre Habermas y Ratzinger organizada por la Academia Católica de Baviera. La Academia programó diversas actividades basadas en la exposición de diversos puntos de vista.

La primera discusión versó sobre “las bases morales prepolíticas del Estado liberal” y tuvo como protagonistas al filósofo Jürgen Habermas y el gran teólogo Josep Ratzinger. Este encuentro se volvió famoso a posteriori, cuando no mucho después, a principios del 2005, Ratzinger se convirtió en el apa Benedicto XVI. Antes no se le había hecho mucho caso, al menos en España.

La idea más básica de Habermas en su discusión con Ratzinger en el 2004 es que la filosofía actual no tiene más remedio que abordar el fenómeno de la persistencia de las religiones también desde dentro, como desafío cognitivo.

En una sociedad postsecular, que no puede menos que contar con la persistencia de las religiones como tal desafío, la filosofía no puede pretender convertirse ya en juez de la verdad o no verdad de los contenidos de la religión, sino que en ella las mentalidades religiosas y seculares habrían de entender el proceso de modernización como un proceso de aprendizaje complementario, tomándose mutuamente en serio por razones cognitivas: las religiones, haciendo derivar los principios de la cultura política liberal de la propia moral religiosa; y la cultura política liberal dando importancia cognoscitiva a las cosmovisiones religiosas sin posponerlas a una cosmovisión laicista, y cuidando de que no se produzca una distribución asimétrica de las “cargas de la tolerancia”.

«En el 2006 y 2007 vuelve a producirse entre Habermas y Ratzinger una callada e importante discusión acerca de las bases conceptuales de ese ‘tomarse mutuamente en serio por razones cognitivas’”

En la parcial coincidencia con Habermas en esa discusión, Ratzinger habla de correlacionalidad entre cultura ilustrada y religión, mientras que Habermas considera que la racionalidad de la ética de Occidente puede fundamentarse en la razón humana.

En el 2006 y 2007 vuelve a producirse entre Habermas y Ratzinger una callada e importante discusión acerca de las bases conceptuales de ese “tomarse mutuamente en serio por razones cognitivas”.

Las ponencias de Habermas y Ratzinger en esa discusión fueron publicadas y, por lo que he visto, siguen publicadas en la página web de la Katholische Akademie in Bayern

El debate sin debate de 2004

Hemos de reconocer que el debate entre Habermas y Ratzinger no fue propiamente un debate, sino la sucesión de dos monólogos en el que no hubo interacción verbal.

Leyó primero su ponencia Habermas, después Ratzinger. El discurso de agradecimiento por la concesión del “premio de la paz” de los libreros alemanes, que pronunció Habermas en la Paulskirche de Francfort el 14 de octubre de 2001, es un texto transparente que puede ayudarnos a entender mucho mejor la ponencia de Habermas de enero de 2004.

Habermas y Ratzinger durante el debate

Habermas y Ratzinger durante el debate

La intervención inicial de Habermas tiene cinco difíciles puntos. Para aclararnos empecemos diciendo que el Estado liberal y en general el orden político liberal se basan en dos principios.

El primero es el principio de libertad y el segundo el principio democrático. Conforme al principio de libertad, cada cual es libre para organizar su vida como le parezca, de acuerdo con la idea que se haga de ella y con el sentido último que le dé, sin tener que pedir autorización ni permiso a nadie, con la única limitación de reconocer esa misma facultad a todos. La libertad sólo queda, pues, limitada por la libertad. Este derecho de libertad, dice Kant, es “el único derecho innato que asiste al hombre en virtud de su humanidad”.

«La ponencia de Habermas es densa y oscura. Pero no porque Habermas no tenga claro lo que quiere decir, sino porque casi cada frase es un resumen de capítulos enteros de sus libros»

El segundo principio es el principio democrático. Conforme a este principio, esa igual libertad ha de articularse y hacerse viable mediante leyes que han de poder entenderse como provenientes de la voluntad unida de todos. Sólo así, al quedar sometido a la ley, sigo siendo libre, pues sólo quedo sometido a aquello que me he impuesto junto con todos los demás para hacer viable la igual libertad de todos y para hacernos cargo del movimiento del conjunto. La comunidad de hombres y mujeres libres se hace cargo de su propio destino como libres.

La ponencia de Habermas es densa y oscura. Pero no porque Habermas no tenga claro lo que quiere decir, sino porque casi cada frase es un resumen de capítulos enteros de “La lógica de las ciencias sociales”, de “Teoría de la acción comunicativa” (cuya traducción me hizo especialmente sudar), de “El discurso filosófico de la modernidad”, etc.

Diseccionando a Habermas y a Ratzinger

Ese mismo año (marzo 2004), el profesor Manuel Jiménez Redondo, de la  Universidad de Valencia, publicó un excelente dossier con todas las intervenciones y comentarios. Según el profesor Jiménez Redondo, en un despacho de por aquí hay colgado un grabado que representa una liturgia de la secta de los shakers, por supuesto bailando, que impresiona mucho, y que es bien revelador de la relación de la “música moderna” americana con el “protestantismo ascético”, es decir, de la conexión del jazz y el rock con “el espíritu de la liturgia”, que es el título del libro de Ratzinger de donde parece que está tomado ese texto. Digo que añado otro texto de Ratzinger, titulado “La crisis del derecho”.

El discurso de Ratzinger en el Doctorado Honoris Causa  (1999)

Se trata de glosar unas palabras pronunciadas por el cardenal en 1999 con motivo de la concesión del doctorado honoriscausa por una universidad italiana muy ligada a los medios institucionales eclesiásticos: la Universidad Libre de Maria Santísima de la Asunción de Roma.

En ese discurso, Ratzinger no habla tanto en su papel de profesor de teología habituado al contexto de discusión filosófica centroeuropeo, sino que habla en su papel de autoridad doctrinal eclesiástica, y, por cierto, de una autoridad doctrinal eclesiástica que no parece estar muy de acuerdo con la “teoría del consenso” atribuible a Habermas.

Pues bien, el que para el cardenal ambos papeles evidentemente no sean ni mucho menos incompatibles, sino que ni siquiera haya solución de continuidad entre ambos, si es que simplemente no se trata del mismo papel, hace más llamativa la casi completa coincidencia que en la discusión se produjo entre Habermas y Ratzinger en 2004.

Pero, ¿acaso es tan llamativa esa coincidencia, o esa casi coincidencia? Yo creo que no, si se tiene en cuanto que el esquema conceptual más de fondo subyacente a ambas posiciones es el mismo.

Un repaso al currículo de Habermas

Habermas, que en su adolescencia perteneció a las “juventudes hitlerianas”, se hizo de izquierdas siguiendo en la radio los “juicios de Nuremberg”. Pero se hace de izquierdas a condición de que esa izquierda nada tuviese que ver con ninguna clase de totalitarismo.

En lo político se trata de una izquierda que Habermas quiere anarquizante, radical-demócrata y en el peor de los casos social-demócrata. En un artículo sobre “la soberanía popular como procedimiento” (1988) recogido en el apéndice de “Facticidad y validez”, Habermas expone muy bien su posición política.

En lo intelectual hacerse de izquierdas significó adscribirse a las tradiciones alemanas de izquierda, tal como las representaban los intelectuales emigrados que retornan a Alemania después de la guerra (Horkheimer, Adorno, etc).

«Es un tipo de ilustración que, sin renunciar a ser ilustración completa en la pelea contra el oscurantismo, busca ante todo ilustrarse acerca de sí misma»

Estos eran los representantes de una razón moderna que tiene que tratar de seguirlo siendo (que se es ella misma para sí misma un destino), pese a la sinrazón que lleva dentro o a la sinrazón que ella misma puede generar. Se trata de una razón que pese a sí misma y contra sí misma, tiene que hacerse valer en su aspiración de razón completa, pero echándose para atrás ante todo sueño o delirio de plasmarse políticamente como razón total.

Es un tipo de ilustración que, sin renunciar a ser ilustración completa en la pelea contra el oscurantismo, busca ante todo ilustrarse acerca de sí misma, pues a lo último que quiere sucumbir es a una especie de oscurantismo de sí misma; se trata, pues, de un difícil equilibrio entre el cientificismo y el oscurantismo, entre el utopismo totalitario y la resignada aceptación de lo que hay.

Se trata de una izquierda a la que lo que sobre todo le repugna es cómo los totalitarismos de izquierdas y de derechas “electrizan” la trama comunicativa de la existencia humana, haciéndola imposible o dejándola en definitiva sin sustancia.

Jürgen Habermas y Joseph Ratzinger

Jürgen Habermas y Joseph Ratzinger

Pero si se tiene en cuenta que el concepto de “razón comunicativa” de Habermas lo bosqueja Feuerbach en “Sobre la esencia del cristianismo” tratando de buscar el concepto enterrado bajo la representación de una “comunidad de espíritu” reunida en torno al centro que es el “Cristo resucitado”, nada tiene de extraña la posición de Habermas en las ponencias incluida en este dossier.

La ilustración paga su irrenunciable superioridad sobre el mito, la paga, digo, con una profunda asimetría.

Sabiendo que proviene del mito y no pudiendo dejarse encandilar por el mito, la Ilustración sabe que no puede serlo sin escuchar a un mito y verse venir de un mito que dice saber cosas que la Ilustración no puede alcanzar.

Si “La religión dentro de los límites de la pura razón” de Kant suena más bien a una obra de circunstancia, Habermas la convierte en parte sistemática de la tarea de la “dialéctica de la ilustración”, e incluso la convierte en tarea del espacio público democrático de una sociedad “postsecular”, es decir, de una conciencia ilustrada que sabe que tiene que vivir en dicha asimetría respecto de la religión.

Esta es más o menos la posición de Habermas. Y quizá convenga añadir que esta adscripción de Habermas al hegelianismo de izquierdas se produce durante su época de estudiante universitario.

El perfil del Cardenal Ratzinger

Y, ¿qué tiene que ver todo esto con la postura de un cardenal católico, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe? Si me atengo a lo que el cardenal escribe en esta ponencia (pues no conozco más de él, aparte de las dos o tres mencionadas cosas que me “he bajado” de Internet) la razón de la coincidencia salta a la vista.

Y esa razón convierte en ejemplar una concordia, que evidentemente en este caso es una concordia querida, y que, en cuanto posible, no debería menospreciarse en nuestros medios, aun manteniendo todo lo viva que se quiera la discordia; pues también la discordia puede ser muy sana en este asunto. Me explico.

También el cardenal, que es algo mayor que Habermas, perteneció a las “juventudes hitlerianas”. Si Habermas se escapa al final de “la mili”, Ratzinger deserta muy jovencito de aquel ejército del que, por ejemplo, K. O. Apel era teniente.

Cardenal Ratzinger, Prefecto de la CDF

Cardenal Ratzinger, Prefecto de la CDF Agencias

Con todas las diferencias que se quieran, se trata de nombres que en su juventud “mamaron” todos aquel dramático y compulsivo esfuerzo de la intelectualidad alemana de posguerra o de cierta intelectualidad alemana de posguerra o de buena parte de la intelectualidad alemana de posguerra por recuperar como actitud intelectual básica, como espacio mental básico, como constitución mental básica el contenido de “¿Qué es Ilustración?” de Kant .

Este escrito por lo demás, como es de sobra sabido, no necesariamente y ni siquiera fácilmente se deja interpretar en términos “progres”. Pero ese fue el espacio que la intelectualidad centroeuropea, “progre” y “no progre”, logró recuperar y en el que ejemplarmente, pese a todas las tensiones, ha sabido moverse. Esta intelectualidad no podía permitirse el lujo de jugar a tirar por la borda ese espacio, como quizá podía hacerlo la intelectualidad francesa (mucha intelectualidad hispana sí se ha apuntado sin más a ello como si la mentalidad ilustrada nos fuese tan consustancial, que pudiésemos jugar a desprendernos de ella).

Afirmación del orden de la razón en Habermas y Ratzinger

Pues bien, como subrayan tanto Habermas como Ratzinger, al pensamiento católico (frente al protestante) le fue consustancial la afirmación de un “orden de la razón” contradistinto del orden de la fe. Y si esa autonomía se toma en serio, como parece hacerlo Ratzinger, y además ese autónomo “orden de la razón” se interpreta (también en serio) en el sentido de la razón ilustrada moderna tal como viene representada por un Kant (y no es mala representación), no se ve por qué no tendría que haber coincidencia, sobre todo cuando esa coincidencia expresamente se busca, como fue el caso en esta discusión.

El cardenal puede permitirse frente a Habermas un cierto lujo, que a Habermas se ve que le cuesta permitírselo a sí mismo. Esto sucedía ya en “Teoría de la Acción Comunicativa”.

El cardenal puede mostrarse plenamente del lado de aquella posición de Max Weber, que en “Teoría de la acción comunicativa” Habermas no lograba digerir, conforme a la que el universalismo del racionalismo occidental no aparece sino como una peculiar forma de particularismo.

Mirándola desde “el cielo de la verdad católica”, al cardenal no le preocupa esa apariencia. El punto de vista ilustrado, decía Weber, “es nuestro particular punto de vista.

Sorprendentemente es el cardenal el que de forma más sistemática convierte la relación entre ilustración y religión en una relación entre ilustración y religiones. El cardenal barre para casa, pero no toscamente, sino hilando fino, como más arriba he dicho.

Un asistente comentaba con sorpresa en el curso de esa “tarde de discusión”: “En vista de que los intervinientes en la discusión se lo concedían casi todo, uno se preguntaba de qué pensaban discutir entonces».

Dos paradigmas inconmensurables

La postura intelectual de Habermas y la postura intelectual de Ratzinger son, en el fondo inconmensurables. Parten de cosmovisiones diferentes y no complementarias. Por eso el debate fue un debate de sordos. Ambos leyeron su ponencia, sonrieron y no hubo lugar para tender puentes. Habermas considera la religión desde la perspectiva de una libertad que sabe que ha cometido muchos errores; mientras que Ratzinger, desde el cielo de la verdad católica, miraba con escepticismo los afanes de la razón secular, es decir, los afanes de esa libertad.

Y ambos apelaban a un “doble proceso de aprendizaje” en que razón y religión se ilustren la una a la otra. Y en cuanto a creencias: razón – decía Habermas- es el logos del lenguaje, por eso a mí me sería más fácil creer en el Espíritu Santo”.

“Hay razones – seguía el periodista- por las que un teólogo católico se pone hoy a discutir con un filósofo liberal. En todo caso, esa discusión se produce en una fase en que la Iglesia católica experimenta un visible cambio.

Esto por parte del Vaticano. Y en lo que se refiere al filósofo: “También la filosofía liberal ha cambiado. Su suposición de que la religión desaparecía en el remolino de la modernidad secularizada, era falsa.

Libro Ratzinger y Jurgen Habermas

Libro Ratzinger y Jurgen Habermas

 La verdad es que siempre fue idea de Habermas salvar contenidos religiosos en el propio discurso cotidiano, pero Habermas parece abrigar cada vez más dudas acerca de si “las energías de sentido” de una sociedad mediática pueden de hecho renovarse sólo mediante sí mismas.

Parece que las ciencias biológicas han sido parte en la conmoción que se diría ha experimentado la “ética del discurso”, conmoción que ha llevado a Habermas a apelar con toda precaución metodológica a la premisa metafísica referente a que “el hombre es imagen de Dios”” (Th. Asshauer, DieZeit de 22 de enero de 2004).

Conclusión: la continuación del debate

Tras el debate de 2004, hubo nuevos contrastes de pareceres entre Habermas y Ratzinger. Habermas publicó en la Nueva Gaceta de Zurich, de 10 de febrero del 2007, un artículo en el que respondía (así puede entenderse) a algunos aspectos de la conferencia pronunciada por Ratzinger en Ratisbona en setiembre del 2006.

Esta segunda discusión es casi desconocida en España, excepto quizá la muy controvertida alusión que en esa conferencia Ratzinger hizo al islam. Y en lo que se refiere a la discusión del 2004, creo que ha tenido más relevancia pública el hecho de que se produjera que el contenido mismo de esa discusión, cuya trama es sutil y nada fácil.-

| Leandro Sequeiros. Presidente de ASINJA (Asociación Interdisciplinar José de Acosta)/RD

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