Trabajos especiales

Conceptos de la globalización

Los globalistas progresistas procuran un desarrollo basado en los parámetros del desarrollo sustentable y proponen el camino democrático como elemento de construcción de la gobernabilidad

Jesús Mazzei:

Hoy la globalización tiene un mejor y más sólido abordaje teórico, que considera sus diferentes aspectos, procesos y realidades a ser analizadas, se debe tener una perspectiva ecléctica, abierta y fuera de los dogmatismos del liberalismo puro o del marxismo ortodoxo para analizarla, hoy, además, hay diferentes formas de conceptualizarla, diferentes aproximaciones que dan una conceptualización novedosa al actual proceso y tendencia de que es la globalización, porque eso es lo que, pasa, entonces por una nueva fase, que tiene como punto de quiebre la pandemia del COVIV-19, y como lo fue antes, la crisis del año 2008, que afecto el punto zenit alcanzado por la globalización en esos años.

Para empezar una de esas perspectivas y de las que ha ejercido mayor influencia intelectual en mí, viene enunciada por el académico y politólogo argentino-brasileño, Eduardo Viola, de la Universidad Nacional de Brasília, quien fue mi profesor en dicha universidad en el curso de postgrado de las relaciones internacionales, que realicé en dicha universidad, y quién se ha dedicado al estudio sistemático y serio del proceso de globalización alejado de los adjetivos calificativos, sin fundamento que analizan este proceso y tendencia histórica.

Presenta pues Viola, una caracterización de los actores globales realmente interesante. Los presenta: globalistas conservadores, globalistas progresistas, globalistas sustentabilistas, los nacionalistas y los nacionalistas sustentabilistas.

En los dos primeros grupos hay coincidencias en los principios de una economía abierta, un papel central de las corporaciones transnacionales, pero divergen en el papel de los organismos multilaterales y la falta de regulación de los mercados financieros (tema actual con la gobernanza mundial y el papel del elemento financiero en la economía mundial contemporánea). Los globalistas progresistas procuran un desarrollo basado en los parámetros del desarrollo sustentable y proponen el camino democrático como elemento de construcción de la gobernabilidad, consideran la globalización como un proceso irreversible, pero a la vez creen que debería haber mayor solidaridad y justicia social internacional, para tratar ciertos asuntos de la agenda internacional.

Los otros dos grupos, los nacionalistas y los nacionalistas sustentabilistas, defienden la economía proteccionista, Fuerzas Armadas poderosas, son recelosos de las corporaciones transnacionales y de los organismos financieros internacionales de carácter multilateral, provienen de las diversas organizaciones no gubernamentales y de los partidos con una concepción marxista de la realidad.

Además, hay una nueva aproximación novedosa y aporte importante intelectual es la conceptualización que hace el de Rebeca Grynspan, hoy Secretaria General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), habla en primer lugar de la hiperglobalización concepto tomado de Dani Rodrik, profesor de la universidad de Harvard y de poliglobalización, la hiperglobalización entiende ella “…No hay consenso sobre cuándo empezó ni cuándo terminó la hiperglobalización. Sin embargo, no hay duda de que su zénit son las dos décadas que van de 1990 a 2010. En esos años se encuentran los tres grandes factores positivos que marcan el período en términos macroeconómicos: crecimiento de la inversión extranjera, crecimiento del comercio internacional y crecimiento del uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones (Subramanian y Kessler, 2013) (UIT, 2022). Para América Latina, la primera década y media del siglo XXI fue una época de gran crecimiento, con disminución de la pobreza y la desigualdad gracias al viento de cola del superciclo de las materias primas. Por otra parte, hay quienes dicen que la hiperglobalización no terminó en 2010 con la crisis financiera, sino en 2016 con el brexit y el Gobierno del Presidente Donald Trump o, incluso, en 2020 con la pandemia de COVID-19 (Subramanian, Kessler y Properzi, 2023). Suelo estar de acuerdo con quienes ubican ese fin en la fecha más reciente, pero lo que está claro es que desde 1980 hasta 2020 podemos ver gráficamente de manera clara una “campana” con dos “colas” en la primera y la última década. Ahora bien, ¿qué pasó en estos años? Sin duda alguna, hubo mucho crecimiento y, sobre todo, una enorme reducción en la pobreza global, especialmente en China. Entre 1990 y 2010, la pobreza extrema en el mundo se redujo a la mitad —casi 800 millones de personas, más de la mitad de ellas en China, salieron de la pobreza extrema— (Olinto y otros, 2013). Esto supuso que de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, el relacionado con la reducción de la pobreza se cumplió 5 años antes de lo esperado. Además, hubo convergencia entre el Sur Global y el Norte Global…” (Cepal año 2024, Revista Nro. 141).

 

Hay, sin embargo, tres factores negativos incidieron en el buen ritmo que llevaba este proceso y tendencia histórica, por una parte, la desigualdad, en segundo lugar, la desindustrialización y un último elemento, que nos lleva al tercer factor negativo de la hiperglobalización: “…la falta de resiliencia en el sistema internacional. Todo estuvo bien con la hiperglobalización mientras duró el auge del superciclo de las materias primas, que terminó en 2015. Finalizado este auge, salieron a relucir nítidamente las vulnerabilidades. Desde 2015, América Latina se encuentra transitando otra década perdida, como bien ha documentado la CEPAL (CEPAL, 2023a). A causa de la pandemia de COVID-19 la región perdió décadas de progreso social en apenas meses y quedó claro que estábamos llamando “desarrollo” a algo que no lo era, ya que el PIB per cápita ocultaba más de lo que revelaba. Esta falta de resiliencia es producto de varios factores. Uno de ellos es de la carencia de estructuras económicas diversificadas en los países en desarrollo. Otro, es la dinámica comercial que algunos llaman “todo va al ganador” (winner takes all ) la concentración de cadenas de valor en pocos focos industriales con mayor productividad y menores costos, especialmente en Asia (Gros, 2018). El tercer factor, decisivo desde mi punto de vista, es el debilitamiento de las capacidades públicas tanto a nivel nacional como internacional, especialmente el debilitamiento del sistema financiero para el desarrollo. La hiperglobalización no solo implicó una retirada del Estado de los asuntos de política pública, sino que implicó también una retirada del sistema financiero para el desarrollo y de las instituciones de Bretton Woods…” (Cepal, año 2024 Revista Nro. 141).

 

Todo ello, nos lleva, pues, a tres efectos negativos: la desigualdad, la desindustrialización y la fragilidad tuvieron repercusiones profundas en el mundo, primero de las políticas y después geopolíticas. Cabe señalar que las áreas con más votos en favor de Trump y del brexit fueron precisamente las que más sufrieron la desindustrialización de la oleada de deslocalización (offshoring) de las décadas de 1990 y 2000 (Inglehart y Norris, 2016). Por otra parte, como bien se ha dicho, los países del Sur Global se han sentido agudamente abandonados (acutely abandoned) con las promesas incumplidas de financiamiento climático, la falta de solidaridad respecto de las vacunas durante la pandemia de COVID-19 y el crecimiento de brechas de inversión para el desarrollo, lo cual los ha llevado a tomar una postura geopolítica más escéptica. Además, las nuevas generaciones, ante el aumento de la desigualdad y la falta notable de acción climática durante el período de la hiperglobalización, han quedado desencantadas el aumento de las tensiones comerciales ha generado cierta parálisis en el sistema multilateral y, muy especialmente, en el área comercial, con la Organización Mundial de Comercio (OMC) sin órgano de apelación desde finales de 2019.

La poliglobalización es otro nueva conceptualización interesante veamos esta idea…” La realidad es que estamos en un período de transición y el problema de las transiciones es que es fácil perderse en ellas porque, como decía Gramsci, el viejo mundo no ha terminado de morir y el nuevo mundo no ha terminado de nacer.

El camino parece bifurcarse entre, por un lado, la desconexión comercial total (o decoupling, como le llaman algunos en referencia al comercio con China), que el Fondo Monetario y la Organización Mundial del Comercio estiman que implicaría una caída del PIB global del 5% al 7%, equivalente a dos pandemias (Georgieva y Okonjo-Iweala, 2023) y, por otro lado, las estrategias de reducción del riesgo (derisking), con la diversificación de las cadenas de valor que, al querer remediar los excesos de la hiperglobalización, buscan nuevos socios comerciales, en pro de la diversificación de proveedores y de mercados mediante la relocalización (reshoring) y la deslocalización cercana (nearshoring); como dato recordemos que el 85% del refinamiento de baterías y el 50% del procesamiento del litio, cobalto y grafito se realizan en China (AIE, 2022). Se reviven los regionalismos y se retoma el proteccionismo limitado a ciertos sectores (se alzan vallas altas en terrenos pequeños (a small yard and high fence), como dice Sullivan en su discurso) (Sullivan, 2023). Está claro que estamos en un contexto donde el péndulo ha cambiado de dirección, nos encontramos sin duda ante una globalización distinta y el debate es de si además de distinta es menor. Hay elementos para pensar que nos estamos “desglobalizando”, ya que el comercio internacional está creciendo menos que la economía global y hay una desaceleración del comercio desde la crisis de 2008 (Subramanian, Kessler y Properzi, 2023). Es importante matizar que, si bien hay caídas en el comercio de bienes, el comercio de servicios ha mostrado más resiliencia y el comercio digital sigue creciendo, algo que algunos llaman la “desmaterialización” del comercio…” y presenta tres gran ideas fuerzas: estamos ante una globalización descentralizada, el segundo factor, que procede del anterior, es la multipolaridad y la geoeconomía y el tercer factor es de la poliglobalización es el retorno de la política industrial, como lo están planteado en los EE.UU y Europa, estas últimas ideas prometo desarrollarlas en próximos artículos, más extensivamente.

Otro aporte, interesante de acercamiento al análisis en el estudio de este proceso, es el dado por el historiador francés Fernand Braudel, quien habla de las globalizaciones históricas que van desde la Fenicia antigua, pasando por el Imperio Romano, el islam, la Europa cristiana. Subraya que toda globalización tiene cuatro aspectos interconectados; económicos, sociales, culturales y políticos, lo que hoy se denomina el carácter multidimensional de la globalización contemporánea.

Ulrich Beck, la define «… los procesos en virtud de los cuales los estados nacionales soberanos se entremezclan e imbrican mediante los actores trasnacionales y sus respectivas probabilidades de poder, orientaciones, identidades y entramados varios…».

José Luís Sampedro, lo define como”… a la más moderna, avanzada y amplia forma de mercado mundial. El sistema en el que-ya quedó dicho- se ha liberalizado al máximo la circulación de flujos financieros y monetarios; con ciertas limitaciones y controles también los movimientos de mercancías y, más, restringidas aún, los desplazamientos de trabajadores…”

Dani Rodrik, habla del «trilema político de la economía mundial» entre el Estado nación, la democracia y la hiperglobalización. Según su análisis solamente dos de las tres premisas son compatibles al mismo tiempo. Es decir, (1) la democracia se debilita en el marco del Estado nación si éste está integrado profundamente en la economía internacional; (2) la democracia y el Estado nación son compatibles solamente si retrocede la globalización; (3) la democracia puede convivir con la globalización si se articulan fórmulas de gobernanza transnacional y se debilita el Estado nación.

Otro aporte importante, es el dado por el sociólogo brasileño Otavio Ianni, quien concluye en su estudio de la globalización al que dedicó los últimos años de su experiencia vital, que la globalización, es por una parte el inicio de una totalidad problemática, compleja y contradictoria, abierta y en movimiento, la sociedad global es el escenario más amplio del desarrollo desigual, combinado y contradictorio.

Deja Ianni, como última reflexión, que en la medida que se constituye y desarrolla la sociedad global, como emblema de un nuevo paradigma de las ciencias sociales; algunos conceptos, categorías e interpretaciones pueden volverse obsoletas, exigir reelaboraciones o ser articulados con nuevas nociones suscitadas por la reflexión sobre la globalización.

Otra aproximación interesante, es la Göran Theborn, quien asume la perspectiva de las fases del proceso de globalización en seis olas que va de la difusión de las religiones en el mundo entre los siglos IV y VII hasta mediados de la década de 1980, del siglo XX cuando se inicia la ola más reciente. Tenemos diversos conceptos transdisciplinarios y ricos en visiones de aproximación, en sus aportes teóricos y metodológicos para abordar y acercarnos a esta problemática actual y de la globalización está en una nueva fase.-

jesusmazzei@gmail.com

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