Lecturas recomendadas

¿Memoria y Presencia? 

 

 

Rafael María de Balbín:

 

La Eucaristía es memorial, es decir recuerdo y realidad presente. Se refiere al pasado y lo actualiza. El desarrollo de los ritos ayuda a captar esta realidad:

“La celebración eucarística se desarrolla en dos grandes momentos, que forman un solo acto de culto: la liturgia de la Palabra, que comprende la proclamación y la escucha de la Palabra de Dios; y la liturgia eucarística, que comprende la presentación del pan y del vino, la anáfora o plegaria eucarística, con las palabras de la consagración, y la comunión” (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 277).

No cualquiera puede administrar el Sacramento, sino aquel que tiene la correspondiente potestad. “El ministro de la celebración de la Eucaristía es el sacerdote (obispo o presbítero), válidamente ordenado, que actúa en la persona de Cristo Cabeza y en nombre de la Iglesia” (Idem, n. 278).

Hacen falta unos elementos materiales. “Los elementos esenciales y necesarios para celebrar la Eucaristía son el pan de trigo y el vino de vid” (Idem, n. 279).

La Eucaristía es memorial. “La Eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo, en el sentido de que hace presente y actual el sacrificio que Cristo ha ofrecido al Padre, una vez por todas, sobre la Cruz en favor de la humanidad. El carácter sacrificial de la Eucaristía se manifiesta en las mismas palabras de la institución: «Esto es mi Cuerpo que se entrega por vosotros» y «Este cáliz es la nueva alianza en mi Sangre que se derrama por vosotros» (Lc 22, 19-20). El sacrificio de la Cruz y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio. Son idénticas la víctima y el oferente, y sólo es distinto el modo de ofrecerse: de manera cruenta en la cruz, incruenta en la Eucaristía” (Idem, n. 280)..

Toda la Iglesia participa del este Sacrificio. “En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo se hace también sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo. En cuanto sacrificio, la Eucaristía se ofrece también por todos los fieles, vivos y difuntos, en reparación de los pecados de todos los hombres y para obtener de Dios beneficios espirituales y temporales. También la Iglesia del cielo está unida a la ofrenda de Cristo” (Idem, n. 281).

Lam presencia de Cristo en la Eucaristía no es meramente simbólica, sino real. “Jesucristo está presente en la Eucaristía de modo único e incomparable. Está presente, en efecto, de modo verdadero, real y sustancial: con su Cuerpo y con su Sangre, con su Alma y su Divinidad. Cristo, todo entero, Dios y hombre, está presente en ella de manera sacramental, es decir, bajo las especies eucarísticas del pan y del vino” (Idem, n. 282).

Lo que sucede en la Eucaristía la enseñanza de la Iglesia lo ha designado con un nombre apropiado. “Transubstanciación significa la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre. Esta conversión se opera en la plegaria eucarística con la consagración, mediante la eficacia de la palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo. Sin embargo, permanecen inalteradas las características sensibles del pan y del vino, esto es las «especies eucarísticas»” (Idem,  n. 283).

Jesucristo está presente bajo la especie de pan, pero no se identifica con ésta. “La fracción del pan no divide a Cristo: Él está presente todo e íntegro en cada especie eucarística y en cada una de sus partes” (Idem, n. 284).

Hay una presencia permanente después de realizado el Sacrificio. “La presencia eucarística de Cristo continúa mientras subsistan las especies eucarísticas” (Idem, n. 285).

La presencia real de Jesucristo favorece la adoración eucarística. “Al sacramento de la Eucaristía se le debe rendir el culto de latría, es decir la adoración reservada a Dios, tanto durante la celebración eucarística, como fuera de ella. La Iglesia, en efecto, conserva con la máxima diligencia las Hostias consagradas, las lleva a los enfermos y a otras personas imposibilitadas de participar en la Santa Misa, las presenta a la solemne adoración de los fieles, las lleva en procesión e invita a la frecuente visita y adoración del Santísimo Sacramento, reservado en el Sagrario” (Idem, n. 286).-

Imagen referencial: CHARIS International

(rbalbin19@gmail.com)

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