Lecturas recomendadas

¿Un apoyo para el tránsito?

Junto con la Unción es muy conveniente un viático para el viaje

Rafael María de Balbín:

La enfermedad es un  testimonio de la fragilidad humana  y una prefiguración del tránsito de este mundo que es la muerte.

¿Cómo es considerada la enfermedad desde antaño? “En el Antiguo Testamento, el hombre experimenta en la enfermedad su propia limitación y, al mismo tiempo, percibe que ésta se halla misteriosamente vinculada al pecado. Los profetas intuyeron que la enfermedad podía tener también un valor redentor de los pecados propios y ajenos. Así, la enfermedad se vivía ante Dios, de quien el hombre imploraba la curación” (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 313).

El Nuevo Testamento nos muestra la solicitud para con los enfermos. “La compasión de Jesús hacia los enfermos y las numerosas curaciones realizadas por él son una clara señal de que con él había llegado el Reino de Dios y, por tanto, la victoria sobre el pecado, el sufrimiento y la muerte. Con su pasión y muerte, Jesús da un nuevo sentido al sufrimiento, el cual, unido al de Cristo, puede convertirse en medio de purificación y salvación, para nosotros y para los demás” (Idem, n. 314)

A ejemplo de su Fundador la Iglesia cuida de los enfermos. “La Iglesia, habiendo recibido del Señor el mandato de curar a los enfermos, se empeña en el cuidado de los que sufren, acompañándolos con oraciones de intercesión. Tiene sobre todo un sacramento específico para los enfermos, instituido por Cristo mismo y atestiguado por Santiago: «¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor» (St 5, 14-15)” (Idem, n, 315).

“¿Quién puede recibir el sacramento de la Unción de los enfermos? El sacramento de la Unción de los enfermos lo puede recibir cualquier fiel que comienza a encontrarse en peligro de muerte por enfermedad o vejez. El mismo fiel lo puede recibir también otras veces, si se produce un agravamiento de la enfermedad o bien si se presenta otra enfermedad grave. La celebración de este sacramento debe ir precedida, si es posible, de la confesión individual del enfermo” (Idem, n. 316).

Este sacramento tiene un ministro propio. “El sacramento de la Unción de los enfermos sólo puede ser administrado por los sacerdotes (obispos o presbíteros)” (Idem , n. 317).

El rito es sencillo. “La celebración del sacramento de la Unción de los enfermos consiste esencialmente en la unción con óleo, bendecido si es posible por el obispo, sobre la frente y las manos del enfermo (en el rito romano, o también en otras partes del cuerpo en otros ritos), acompañada de la oración del sacerdote, que implora la gracia especial de este sacramento” (Idem, n. 318).

No hay por qué tener temor ante la recepción de este sacramento, que produce tan buenos efectos. “El sacramento de la Unción confiere una gracia particular, que une más íntimamente al enfermo a la Pasión de Cristo, por su bien y por el de toda la Iglesia, otorgándole fortaleza, paz, ánimo y también el perdón de los pecados, si el enfermo no ha podido confesarse. Además, este sacramento concede a veces, si Dios lo quiere, la recuperación de la salud física. En todo caso, esta Unción prepara al enfermo para pasar a la Casa del Padre” (Idem n. 319).

Junto con la Unción es muy conveniente un viático para el viaje. “El Viático es la Eucaristía recibida por quienes están por dejar esta vida terrena y se preparan para el paso a la vida eterna. Recibida en el momento del tránsito de este mundo al Padre, la Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo muerto y resucitado, es semilla de vida eterna y poder de resurrección” (Idem, n.320).-

(rbalbin19@gmail.com)

 

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