Iglesia Venezolana

Card Porras en Ordenaciones: «En el camino de la entrega no faltarán las crisis y los momentos de dificultad y de duda»

"Un cristiano sabe que solamente cuando radica su vida en Dios, en el Dios que se ha revelado en Jesucristo, es cuando tiene verdadera esperanza"

 

HOMILÍA DEL CARDENAL BALTAZAR PORRAS EN LA ORDENACIÓN DIACONAL DE JOSÉ ANTONIO PÁEZ HERNÁNDEZ Y PRESBITERAL DE THOMAS JOSÉ CHACÓN SANTANA Y GERSON MANUEL SUÁREZ DUARTE, EN LA CATEDRAL METROPOLITANA DE CARACAS. Sábado 15 de junio de 2024.

 

Queridos hermanos:

 

Nos congrega en esta mañana la acción del Espíritu que por la imposición de las manos y la oración consecratoria regalará a la Iglesia caraqueña dos nuevos presbíteros para el servicio evangelizador integral. Un saludo y felicitación a las familias de los ordenandos en compañía de numerosos fieles de las comunidades donde han desarrollado el trabajo pastoral durante los años de preparación. La corona de presbíteros que los rodea son signo de comunión fraterna y de fraternidad que palpan la alegría de la continuidad del ministerio presbiteral en nuestra ciudad. Gracias por estar y darle sentido real al caminar juntos en la construcción de la alegría del evangelio en medio de nuestra gente.

 

En uno de sus escritos sacerdotales el santo excepcional y evangelizador singular, San Juan de Ávila, nos decía: “El que no tomare la mortificación de la cruz, aunque tenga buenos deseos concebidos en su corazón, bien podrán llegar los hijos al parto, más no habrá fuerzas para parirlos. Oh dichosos pastores que participaron algo de esta hambre y sed de salvación de almas que tuvo el Señor, porque…si no hay este celo y cuidado, no se podrá hacer aquello que para esto conviene”. La belleza de ser sacerdote aquí y ahora es un regalo de gracia de Cristo, Sumo Sacerdote y buen Pastor.

 

Es lo que nos sugiere la conocida lectura de Jeremías que abrió el mensaje de la Palabra en esta celebración. El amor de Dios es tal que antes de formarnos en el vientre de nuestras madres nos escogió pues desde su seno nos conoció. Hay en estas palabras proféticas una doble realidad: todo ser humano es buscador de la verdad. También lo son ustedes queridos ordenandos. Como nos dice San Agustín: “no ando vagando fuera de ti, entra dentro de ti mismo, en lo más íntimo de ti habita la verdad”. La verdad no se puede separar de las que von Balthasar denomina “sus dos hermanas”, es decir, la bondad y la belleza. La Verdad forma un todo con ellas, de tal manera que la Verdad se expresa en términos de Bondad y Belleza. ¿No lo descubrimos así en Jesucristo? ¿No es Jesucristo suprema Bondad y suprema Belleza? En una cultura como la nuestra en la que, por sí sola, la verdad no parece tener fuerza convincente, el lenguaje de la belleza y de la bondad puede convertirse en el camino para la contemplación de la verdad. Y es que la belleza y la bondad lo gran tocar aquellas cuerdas del ánimo humana que permanecen impermeables a un puro y denso razonamiento. ¡Qué fuerza tienen la Verdad, la Belleza y la Bondad! Lo bello y lo bueno, ciertamente atrae, fascina, emociona, rompe los esquemas construidos por esa obsesión por lo útil, por el ansia de hacer. Es el llamado en esta mañana a profundizar en la oración transformadora de nuestra vida y animadora de toda obra de bien.

 

Pero también el texto profético nos remite a la acción de la familia y del entorno en el que nace y crece la vida, germina y crece la tarea de hacer de la fraternidad y la amistad el rostro amable del Jesús que nos ha traído hasta el altar. La vocación no es, no puede ser, una flor silvestre que surge sin referencia a las comunidades que los han acompañado hasta aquí. Su testimonio, su consejo o su reprimenda, son el suave accionar del torrente de gracia que ellas nos trasmiten, como las piedras que, para convertirse en cantos rodados, van dejando en el camino las aristas que molestan e impiden una mejor acción positiva. Es, pues, queridos fieles aquí presentes, el llamado permanente para que surjan como don de Dios las múltiples vocaciones que dan sentido al ser cristiano.

 

En el camino de la entrega no faltarán las crisis y los momentos de dificultad y de duda. San Pablo los invita, nos invita, a ser llamados a la libertad si caminamos según el Espíritu. Cultivar la esperanza, la humana y la teologal, es virtud necesaria en estos tiempos de nostalgias vanas. Qué fuerza de verdad tiene la expresión del Eclesiastés: “no preguntes: ¿Por qué los tiempos pasados fueron mejores que los presentes? Eso no lo pregunta un sabio” (Eclo. 7, 10). Un cristiano sabe que el consuelo del tiempo le nace de radicar su vida con plena libertad, en una esfera de sentido más allá del tiempo. Un cristiano sabe que solamente cuando radica su vida en Dios, en el Dios que se ha revelado en Jesucristo, es cuando tiene verdadera esperanza. ¡Qué maravilla! ¡Qué esperanza! ¿Quién puede darnos más esperanza? Desde que Dios por su Hijo ha existido con los hombres y por la Encarnación se ha unido en cierto modo con cada hombre, ningún mortal es sólo mortal, ningún peregrino es sólo peregrino. “El Hijo de Dios por su encarnación se ha unido en cierto modo a cada hombre” (GS 22,2). Como el poeta: “Siempre que me pregunten por mi oficio, / por mi hondo menester, por lo que hago, / respondo al compromiso simplemente: / ser con mi voz testigo del milagro” (E. Azcoaga, en Cuadernos Hispanoamericanos, 218-1968-264).

 

Mantengan queridos José Antonio, Thomas y Gerson, el suave recuerdo de la primera llamada, como Juan que al cabo de los años rememora hasta la hora de la llamada, “eran como las cuatro de la tarde”, cuando fueron a ver donde vivía el Señor y se quedaron con él aquel día. En la madurez de la vida, la suave brisa de la presencia del Señor en el silencio y el amanecer nos da alas para volar y seguir sirviendo sin nostalgias. “A Cristo lo que le interesa es llevar la cercanía de Dios, precisamente a los lugares y las situaciones donde las personas viven, luchan, esperan, a veces teniendo entre las manos fracasos y frustraciones, justamente como esos pescadores que durante la noche no habían sacado nada. Jesús mira con ternura a Simón y a sus compañeros que, cansados y amargados, lavan sus redes, realizando un gesto repetitivo, automático, pero también lleno de fatiga y resignación: no quedaba más que volver a casa con las manos vacías” …“Cuando uno se va acostumbrando y se va aburriendo y la misión se transforma en una especie de «empleo», es el momento de dejar lugar a esa segunda llamada de Jesús, que nos llama de nuevo, siempre. Nos llama para hacernos caminar, nos llama para rehacernos. No le tengan miedo a esa segunda llamada de Jesús. No es ilusión, es Él que vuelve a golpear la puerta” (Papa Francisco en Lisboa).

 

Antes de continuar invoquemos a María nuestra madre, pidiendo por quienes se acercan con temor y temblor a recibir la unción transformadora de sus vidas. Hagamos nuestro su sacerdocio, su entrega, en el calor de la verdadera amistad que ayuda a crecer. Qué mejor que invocar a María con las palabras del poeta:

Dame la mano, María, la de las tocas moradas. Clávame tus siete espadas en esta carne baldía. Quiero ir contigo en la impía tarde negra y amarilla. Aquí en mi torpe mejilla quiere ver si se retara esa lividez de plata, esa lágrima que brilla. Déjame que te restañe ese llano cristalino, y a la vera del camino permite que te acompañe” (Gerardo Diego). Amén.-

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