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José Gregorio Hernández y el liderazgo servidor

Corriendo los riesgos naturales en un régimen político autoritario, los doctores José Gregorio Hernández y Luis Razetti declararon públicamente que lo que estaba matando a tanta gente no era la gripe propiamente dicha, sino el estado de absoluta pobreza y miseria en que viven la mayoría de los venezolanos

Francisco González Cruz:

El Dr. José Gregorio Hernández ejerció un liderazgo servidor y transformador en su propia familia, en la comunidad, en el ejercicio de la medicina y en los estudios médicos en Venezuela. No lo hizo como un activista público, o con una oratoria conmovedora, o con técnicas de movilización, simplemente con ser como era: auténtico. Buscó respetar la dignidad de la persona humana y servir al bien común. Y lo hizo con un liderazgo decente.

En su propia familia fue modelo de amor y de cuidado de sus hermanos y sobrinos; en la comunidad de Isnotú ya recién graduado sirvió al municipio, en la curación de enfermos, la prevención de epidemias, en la construcción de servicios públicos y como un ciudadano de activa participación social. Introdujo la medicina experimental en Venezuela y en el aula de clase fue un innovador al hacerlas  activas, participativas e incorporar la investigación en el laboratorio. En su ejercicio destacó por lo certero en sus diagnósticos gracias a la escucha activa y paciente que prestaba a sus enfermos y a sus familiares, al prudente uso del laboratorio y al trabajo en equipo con sus colegas. “El mejor médico es el que cura enfermos” afirmó.

En Caracas cuando en 1918 se desata la pandemia de la gripe española, se incorpora a la Junta de Socorro conformada por el arzobispo Mons. Felipe Rincón González, Vicente Lecuna, Santiago Vegas, Dr. Francisco Antonio Risquez, Dr. Rafael Requena y presidida por el Dr. Luis Razetti. A pesar de que el dictador de turno, el General Juan Vicente Gómez, había prohibido las noticias de prensa y sus adulantes trataban de menoscabar los efectos de la enfermedad, la realidad era dramática y las muertes se contaban por millares.

Corriendo los riesgos naturales en un régimen político autoritario, los doctores José Gregorio Hernández y Luis Razetti declararon públicamente que lo que estaba matando a tanta gente no era la gripe propiamente dicha, sino el estado de absoluta pobreza y miseria en que viven la mayoría de los venezolanos, mal alimentados y con escasa o ningunas condiciones de higiene, muchos con padecimientos crónicos de paludismo y tuberculosis.

José Gregorio Hernández ejercía un liderazgo decente, que significa según el filósofo Avishai Margalit, aquel que no humilla y respeta la dignidad de otro, sea quien sea ese otro. Un liderazgo justo, al servicio del bien común, que se estremecía ante la pobreza, plenamente consciente de que una sociedad sana exige agua limpia, saneamiento ambiental, viviendas apropiadas y educación de calidad.

Isnotú y Trujillo, Venezuela y el mundo necesitan líderes así, que van haciendo el bien sin estridencias, haciendo las cosas con base a valores que se viven en la cotidianidad, transformando realidades con base a acciones bien orientadas. “… publico hoy mi filosofía, la mía, la que yo he vivido” escribió en sus Elementos de Filosofía el 14 de enero de 1912. Y continuó: “pensando que por ser yo tan venezolano en todo, puede ser que ella sea de utilidad para mis compatriotas, como me ha sido a mí, constituyendo la guía de mi inteligencia”.

Quedó escrito y vivido, para que, ahora que la Iglesia lo reconoce como santo y todos los venezolanos compartimos esa alegría, sirva de ejemplo para construir la sociedad que merecemos todos: una Venezuela decente, honesta, virtuosa, sana y educada.-

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