La pauta de nuestros días
Es evidente que las guerras y batallas ganadas por Israel se han perdido, incluso antes de empezar, en la media y en las campañas de desprestigio. La deslegitimación de Israel y la condena a sus simpatizantes constituyen la pauta de nuestros días

Elías Farache:
Los judíos están esparcidos por el mundo. Se agrupan por lo general en comunidades y congregaciones. En estas unidades se reúnen y activan para ejercer sus particulares prácticas religiosas. Aunque existen tres vertientes importantes y diferenciadas a saber, la ortodoxa, la conservadora y la reformista, los temas como la celebración de Shabat, el séptimo día de la semana, la dieta alimenticia y lo relacionado con el cementerio, son comunes con las diferencias propias de cada vertiente.
Lo anterior es válido para la diáspora. Está la constituye, por definición, todos aquellos que no viven en Israel. Hoy en día, la mayoría de la población judía se radica en Israel, algo que no se daba desde la expulsión ejecutada por el imperio romano a principios de la era común. Desde Abraham, el fundador del judaísmo, pasando por Moisés, los profetas, reyes y hasta nuestros días, la conexión con la Tierra Prometida ha constituido un factor irreemplazable de identidad. La concepción de un Di-s único que supervisa e interviene en lo personal y lo colectivo, la Torá (Pentateuco) y la Tierra Prometida conforman una trinidad indisoluble.
El retorno a la Tierra Prometida ha sido un deseo y una aspiración jamás abandonados. Los judíos rezan tres veces al día en dirección a Jerusalén, y piden retornar. Las oraciones acerca de la lluvia y el rocío coinciden con las estaciones del año tal y como se dan en Israel. La reinstalación de un país y un estado son la constante de todos los rezos, todos los días y en todas las celebraciones. La conexión de los judíos con la tierra es un factor de identidad y militancia.
La aspiración no lograda en casi dos mil años de volver a la Tierra Prometida se materializó en forma universal el 29 de Noviembre de 1947 cuando las Naciones Unidas votaron la partición del Mandato Británico de Palestina en dos estados, uno árabe y otro judío. Este acontecimiento es trascendental para los judíos porque, aun cuando su aspiración se materializaría de cualquier manera, contar con un aval internacional resultaba y resulta un hito importante. Una elegante y merecida forma de reconocimiento y legitimidad.
Vivir en Israel constituye un deseo que cada judío tiene y vive con diferente intensidad. Muchos nunca se fueron del territorio, otros han emigrado en distintas épocas. Un gran número comparte su amor por Israel, su deseo de ir allí, con el amor e identificación con su lugar de nacimiento o residencia. Cada uno, según su realidad y circunstancias, elige su destino. Pero todos comparten ese nexo indestructible.
La creación del Estado Judío en 1948 ha sido un episodio estelar de la larga historia de los judíos. Nunca en dos mil años se ha contado con un país judío, cuyos feriados sean los del calendario judío y el idioma oficial, el hebreo. Debe mencionarse que, en aras del pluralismo, el árabe es también idioma oficial en el país que aloja un veinte por ciento de población árabe. Es natural y comprensible además, que exista y se incentive la relación entre los judíos e Israel.
Pero en los últimos meses y hasta años, una exitosa campaña de deslegitimación de Israel ha cobrado fuerza inusitada. Se cuestiona el derecho de los judíos a un estado. Muchos de quienes proponían y apoyaban la solución de dos estados para dos pueblos, uno judío y uno árabe que sería palestino, se han quitado su máscara civilizada y niegan el derecho a la existencia de Israel. Con vehemencia señalan a Israel como causante de muchos si es que no todos de los problemas de un convulsionado Medio Oriente. Una postura, impensable hace poco por lo incorrecta políticamente, ha venido cobrando una fuerza inusitada.
El flamante nuevo alcalde de Nueva York es uno de estos personajes. Ha tenido el atrevimiento de justificar, por ejemplo, manifestaciones contra una sinagoga en Manhattan donde se hacía una presentación sobre oportunidades de inmigración a Israel. En su primer día como alcalde, ha rescindido decretos del alcalde anterior respecto a definiciones del antisemitismo y supresión de campañas en contra de Israel (suprimió la definición de antisemitismo adoptada por la International Holocaust Remembrance Alliance). La definición de la IHRA no es ni oscura ni controvertida a escala global. Ha sido adoptada por más de 45 países y por instituciones como la Unión Europea y las Naciones Unidas. Es importante porque aborda el antisemitismo contemporáneo, incluyendo formas que se disfrazan de crítica política. Entre sus ejemplos ilustrativos están negar al pueblo judío el derecho a la autodeterminación calificando la existencia de Israel como una empresa racista, acusando a los ciudadanos judíos de mayor lealtad a Israel que a sus propios países, y responsabilizando colectivamente a los judíos por las acciones de Israel. Resulta curioso que el 33% de los votantes judíos de Nueva York apoyaron a Mandami, en una prueba de confianza en sus buenas intenciones o candidez que raya en el absurdo.
Es evidente que las guerras y batallas ganadas por Israel se han perdido, incluso antes de empezar, en la media y en las campañas de desprestigio. La deslegitimación de Israel y la condena a sus simpatizantes constituyen la pauta de nuestros días.
Más de lo mismo para los judíos. La pauta de nuestros días, la de los siglos también.-
Elías Farache S.
4 de enero de 2026.




