Opinión

Publicaciones vivas

Bernardo Moncada Cárdenas_

«La juventud me resulta mucho más cercana ahora que cuando era yo joven
Jorge Luís Borges
El mes de enero finalizó participando en el recorrido por la obra de la Catedral Basílica de La Inmaculada. Mientras proseguían los trabajos, el variado grupo de invitados escuchamos las explicaciones de algunos de los arquitectos que han sido incorporados gradualmente, hasta lograrse que el proceso de reparaciones y restauración de este monumento, patrimonio de la nación e indiscutible referente de la Iglesia venezolana, esté en manos de personas capacitadas y altamente motivadas.
 Son mis colegas, y -en algún momento- una de ellas dijo a la especialista venida de la capital: “Todas hemos sido sus alumnas”; en efecto, pocas de esas interesantes y eficientes personas cuyo desempeño estoy admirando no han pasado por mis cursos de pre o posgrado.
Meses atrás leía la entrevista a un célebre maestro, a quien señalaban lo poco que había publicado. Éste respondió: “mis alumnos son mis publicaciones”.
Es cierto, cada estudiante que encuentra en su profesor un contenido vital que ayudará a conformar su vida (no solamente la vida profesional, sino su vida personal), refleja ante los demás lo que de él ha aprehendido y es, en cierto modo, una publicación: son publicaciones vivas.
Puede decirse que un profesor capaz de transmitir conocimiento y ética es “leído” por sus alumnos durante todo el curso, de tal modo que su presencia seguirá vigente en ellos por el resto de sus vidas, como los buenos libros quedan impresos y se hacen memoria en sus lectores.
Jóvenes arquitectos y especialistas en arte están haciendo historia con su participación en este crucial momento en la vida emeritense y en la vida de la imponente Catedral Basílica. La capacidad y dedicación que ponen de manifiesto, asombran a los profesionales venidos del centro. Estos han ido descubriendo una calidad humana y profesional poco vista, en los jóvenes que realizan sus labores con perfeccionismo y conciencia.
Todos han egresado de una universidad provinciana, pero de alto nivel, con amor agradecido a su Alma Mater y consciente compromiso con la ciudad y la profesión. No solamente despliegan altas cualidades en lo relativo al trabajo y gran capacidad de respuesta, sino personalidades consistentes y muy humanas.
Son excelentes libros vivos, portando consigo lo tomado de nosotros y enriqueciéndolo, con una experiencia que ya muchos desearían tener y que, a su vez, será transmitida a otros.
Grosso modo, en 51 años de docencia, mis estudiantes ya se cuentan por decenas de miles. Algunos son docentes también, muchos son aventajados profesionales, con logros satisfactorios. Estos que laboran con la Basílica en Mérida, han sabido estar a la altura de los exigentes requerimientos del hermoso conjunto catedralicio.
No solamente el gobierno y la Iglesia les estarán agradecidos, sino la Universidad de Los Andes, que debe reconocerse magníficamente representada en ellos, reconocerse públicamente.
Haber sido su profesor es para sentir orgullo. Pero mucho mayor es la sensación de contento porque estas “publicaciones vivas” son una importante misión cumplida y una huella que nuestros desvelos están imprimiendo en la piel de un país que necesita razones para su esperanza.-

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