Cuaresma
La “Cuaresma” goza de un carácter profundamente bautismal. Sobre este carácter bautismal se fundamenta su carácter penitencial

Nelson Martínez Rust:
Con el rito de la imposición de la ceniza se da inicio al tiempo llamado de la “Cuaresma” que prepara la celebración de la solemnidad de la Pascua. Las primeras noticias referentes a un tiempo propiamente cuaresmal se encuentran en Oriente a principios del siglo IV, y en el Occidente a finales del mismo siglo. Sin embargase, en el siglo II se pueden encontrar inicios de prácticas litúrgicas que preparaban la solemnidad pascual. La estructura del tempo cuaresmal en cuarenta días debe atribuírselo a un simbolismo bíblico.
Desde sus inicios la “Cuaresma” estaba orientada no solo a la práctica de la penitencia en función de la reconciliación de los pecadores, sino también a la preparación inmediata del bautismo, que, para ese entonces, era costumbre administrado en la Vigilia Pascual o Noche de Pascua. Esta práctica pasó al olvido con el pasar del tiempo. No obstante, el Concilio Vaticano II, la retomó nuevamente: “Tanto en la liturgia como en la catequesis litúrgica debe ponerse más de relieve el carácter doble del tiempo cuaresmal, que prepara a los fieles a oír la palabra de Dios más intensamente y a rezar, especialmente mediante el recuerdo o preparación del bautismo y la penitencia, para celebrar el misterio pascual. Por consiguiente:
a.- Deben usarse con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal, restaurándose, según las circunstancias, algunos elementos de la tradición anterior.
b.- Dígase lo mismo de los elementos penitenciales. En lo referente a la catequesis, debe inculcarse a los fieles, juntamente con las consecuencias sociales del pecado, la naturaleza propia de la penitencia, que detesta el pecado por cuanto es ofensa a Dios; no debe olvidarse la participación de la Iglesia en la acción penitencial y recomiéndese la oración por los pecadores” (SC 109).
Siguiendo estas consideraciones conciliare, que debemos tener présense y no olvidar, que la “Cuaresma” tiene un alto contenido pascual-bautismal. Si tenemos esto en cuenta, entenderemos mucho mejor el leccionario que ofrece la posibilidad de una triple alternativa dominical: a.- Una cuaresma bautismal (Ciclo “A”); b.- Una cuaresma cristocéntrico (Ciclo “B”) y c.- Una cuaresma penitencial (Ciclo “C”). Teniendo lo dicho profundicemos un poco más.
A.- LA TEOLOGIA Y LA ESPIRITUALIDAD DE LA CUARESMA
1º.- La “Cuaresma” no es un residuo arqueológico de los primeros años del cristianismo. Por el contrario, se le debe valorar en lo que es: Es una experiencia más sentida de la participación en el misterio pascual de Cristo: “…herederos de Dios y coherederos de Cristo, si compartimos sus sufrimientos, para ser también con Él glorificados” (Rm 8,17). La “Cuaresma” es un tiempo en el que Cristo purifica a su Iglesia: “…como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificar, purificándola mediante el baño del agua en virtud de la palabra y presentársela resplandeciente a sí mismo, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada” (Ef 5,25-27).
2º.- La “Cuaresma” goza de un carácter profundamente bautismal. Sobre este carácter bautismal se fundamenta su carácter penitencial. Esto la hace profundamente pascual. Decimos esto en el sentido de que la Iglesia es una comunidad bautismal. La Iglesia está llamada a manifestar con una vida de continua conversión el sacramento que la genera – el bautismo -. De aquí el carácter eclesial de la cuaresma. Por esta razón afirmamos que la “Cuaresma” es el tiempo de la gran llamada a todo el pueblo de Dios para que se deje purificar y santificar por su Salvador y Señor.
3º.- De la teología de la “Cuaresma” expuesta nace una típica espiritualidad pascual-bautismal-penitencia-eclesial. Por lo tanto, la penitencia debe ser “interior” e “individual”, pero, al mismo tiempo, “externa” y “comunitaria”, caracterizándose por los siguientes elementos: a.- Miedo al pecado en cuanto ofensa a Dios; b.- Consecuencias sociales del pecado; c.- Tomando la iglesia en la acción penitencial y d.- Rezar por los pecadores.
Los medios sugeridos para la práctica cuaresmal son: a.- La escucha más frecuente de la Palabra de Dios; b.- La oración más intensa y prolongada; c.- El ayuno y d.- Las obras de caridad (SC 110).
B.- MAGISTERIO PAPAL
El Santo Padre, León XIV, en su mensaje para la cuaresma indica tres elementos de los cuales nos hacemos eco:
1º.- La Escucha.
“Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio de la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro”.
2º.- El ayuno.
“Si la Cuaresma es tiempo de escuchar, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace mas evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hombre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo”.
3º.- Juntos.
“Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Lay y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (Ne 9,13)”.
¡Feliz Pascua de Resurrección!
Valencia. Febrero 22; 2026




