Trabajos especiales

«La vulnerabilidad no es un defecto que corregir»: la Iglesia responde al sueño de la inmortalidad digital y el transhumanismo

La Comisión Teológica Internacional publica Quo vadis, humanitas?, documento aprobado por el Papa León XIV que califica el transhumanismo de idolatría moderna y defiende que la fragilidad humana no es un error que la tecnología deba corregir

La Comisión Teológica Internacional ha publicado Quo vadis, humanitas? («¿A dónde vas, humanidad?»), un extenso documento sobre la antropología cristiana frente a los desafíos del transhumanismo, la inteligencia artificial y la biotecnología. Aprobado por unanimidad en la sesión plenaria de 2025 y autorizado para su publicación el 9 de febrero de 2026 por el Cardenal Víctor Manuel Fernández, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, con la aprobación del Papa León XIV, el texto llega en el marco del 60 aniversario de la Constitución pastoral Gaudium et spes.

La Comisión Teológica Internacional es un organismo de carácter consultivo vinculado al Dicasterio para la Doctrina de la Fe, formado por una treintena de teólogos procedentes de distintas regiones del mundo y tradiciones académicas, nombrados por el Papa para periodos de cinco años.

Sus documentos no tienen valor magisterial vinculante, sino que ofrecen un análisis teológico cualificado destinado a orientar la reflexión de la Iglesia. El presente texto fue elaborado por una subcomisión presidida por el sacerdote Javier Prades López y desarrollado entre 2022 y 2025, con discusiones en sesiones plenarias y reuniones específicas bajo la coordinación del secretario general, Mons. Piero Coda.

Un diagnóstico de época

El punto de partida es la pregunta del Salmo 8 («¿Qué es el hombre para que lo tengas en cuenta?»), que el documento actualiza ante la aceleración científico-tecnológica de nuestro tiempo. «La reciente aceleración del desarrollo tecnológico , razona el texto, reactiva el asombro ante las grandes potencialidades de la humanidad y la percepción de su grandeza. Y sin embargo, no disminuye el desconcierto ante su fragilidad».

La reflexión se articula en torno a cuatro categorías: desarrollo, vocación, identidad y la condición «dramática» de la existencia humana en la historia. El documento cita expresamente al Papa León XIV, quien al asumir el pontificado vinculó la elección de su nombre a la necesidad de que «la Iglesia ofrezca su patrimonio de doctrina social para responder a una nueva revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos para la defensa de la dignidad humana, la justicia y el trabajo».

El transhumanismo como «idolatría moderna»

La crítica más directa apunta al movimiento transhumanista, al que el documento califica directamente de «forma de idolatría moderna». En su diagnóstico, el transhumanismo «se presenta como una promesa de felicidad que, en realidad, es una forma de fuga de la realidad y de la propia condición humana». Su aspiración a superar el envejecimiento y la muerte mediante la tecnología es calificada de «expresión existencial de una presunción al mismo tiempo ingenua y arrogante».

El sueño transhumanista de «inmortalidad digital» contrasta frontalmente, a juicio de la Comisión, con la esperanza cristiana: «La divinización del hombre no es el resultado de una autotransformación tecnológica, sino de la acogida de la gracia de Dios que transfigura nuestra finitud». La theiosis, tal como la entiende la tradición patrística, es exactamente lo contrario de la autodeificación tecnológica: un don gratuito, no una conquista de ingeniería. En el mismo sentido, el documento rescata el término «transumanar» de Dante , primer canto del Paradiso, como expresión de la genuina trascendencia cristiana, radicalmente opuesta a la del transhumanismo.

Frente a la tendencia a ver en los límites biológicos defectos que corregir, el texto afirma: «La vulnerabilidad y la finitud no son defectos que haya que corregir, sino dimensiones constitutivas de nuestra humanidad».

Inteligencia artificial y el riesgo del «paradigma tecnocrático»

El documento no adopta posiciones tecnófobas, pero denuncia la colonización de la razón por lo que denomina el «paradigma tecnocrático», que tiende a reducir la realidad a un conjunto de datos y funciones. En este horizonte, el ser humano «corre el riesgo de ser considerado un «material de desecho» cuando no responde a los estándares de eficiencia y rendimiento».

Quo vadis, humanitas? se inscribe en una línea de reflexión magisterial sobre la inteligencia artificial que, en el ámbito de la Santa Sede, dio un paso relevante en enero de 2025 con la nota Antiqua et Nova, publicada conjuntamente por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación. Ese documento ya abordó las implicaciones éticas y antropológicas de la IA; el texto que ahora publica la Comisión Teológica lo cita en numerosas notas y amplía el análisis desde la perspectiva de la antropología cristiana integral.

La Comisión dedica un análisis específico a las consecuencias de la inteligencia artificial distinguiendo entre la IA en sentido estricto , ya ampliamente desplegada en medicina, justicia, ámbito militar y laboral, y la llamada inteligencia artificial general (IAG), aún en desarrollo. Esta última, de alcanzarse sin las cautelas necesarias, «podría generar consecuencias profundas que riesgan escapar al control de la razón humana». El mundo «hiperconectado» resultante puede convertir el propio comportamiento humano en «material a analizar y moldear según finalidades de poder o de mercado no siempre transparentes».

La técnica, concluye el texto, «solo es verdadero progreso si sirve al crecimiento integral del hombre y de todos los hombres». Una técnica que no reconoce límites «se vuelve necesariamente contra el hombre mismo».

La vida como vocación frente a la autofabricación

La propuesta positiva del documento se articula en torno a la noción de vocación: «La vida del ser humano es vocación. El hombre mismo es vocación», en palabras recogidas de una intervención del Papa Francisco. La identidad humana no es un dato estático ni un proyecto de autofabricación, sino un don y una tarea que preceden y fundan la respuesta libre de cada persona. Ser humano, razona el texto, «no es algo que hayamos construido o adquirido, sino el fruto de un regalo gratuito que nos precede».

En el capítulo sobre las «tensiones polares» de la condición humana, el documento defiende la diferencia sexual como dimensión constitutiva de la identidad: «La diferencia entre el hombre y la mujer no es para la contraposición o la subordinación, sino para la comunión y la generación». La tendencia actual a ignorar esta diferencia natural es calificada como «un modo peligroso de borrar la identidad corporal real y de encerrarse en sí mismo».

María, modelo de humanidad plena

El documento concluye con la figura de la Virgen María como paradigma del ser humano en plenitud, en quien las tensiones alma-cuerpo, hombre-mujer e individuo-comunidad expresan su amplitud «según una unidad que no destruye sino que potencia cada uno de los elementos integrantes». El reto para la humanidad contemporánea es, en definitiva, recordar que «el hombre es más que su capacidad de hacer; es, sobre todo, su capacidad de ser en el amor».

El texto, disponible en la web del Vaticano, está dedicado a quienes el propio documento llama «los pobres»: los más vulnerables serán también los primeros en padecer las consecuencias de un progreso tecnológico sin freno. «Como cristianos , concluye la Comisión, estamos llamados a mirarlos con los ojos de Cristo».-

(InfoCatólica)

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