Trabajos especiales

Mayo en Boconó

Josefa Zambrano Espinosa, Miembro Correspondiente por el estado Trujillo de la Academia Venezolana de la Lengua Correspondiente de la Real Academia Española:

a Lourdes Dubuc de Isea en su 98.° aniversario

 

Amarcord. Amarcord (1973) de Federico Fellini es la Película con mayúsculas. ¡Mi película favorita! Amarcord en la lengua románica propia de Emilia-Romaña, donde está ubicada Rímini, la ciudad donde nació Fellini, significa “yo me acuerdo” o “yo recuerdo”.

Siempre he sostenido que la memoria es como el cine, es decir, tiempo, imágenes y movimiento. Así yo también recuerdo mi temprana adolescencia durante el mes de mayo en Boconó, cuando las montañas se cubrían con sus mantos verdes coronados de neblina, y  bordados con los rojos, blancos, violetas y amarillos de las flores; flores que el 26 de junio de 1813 inspiraron al Libertador Simón Bolívar a decir: “Boconó es un jardín, Boconó es el jardín de Venezuela”. Boconó, la Ciudad Jardín, que mi imaginario convirtió en mi Ítaca, el lugar anhelado de donde partí un lejano día y al cual aspiro regresar… Porque Boconó sigue siendo mi centro del mundo, mi jardín; paisaje presente per se en mi realidad onírica.

Yo me acuerdo que anualmente en Boconó los días 3, 13 y 15 de mayo eran emblemáticos, pero el día de días fue, sin lugar a dudas, el 30 de mayo de 1963, cuando se celebró su Cuatricentenario.

El 3 de mayo se celebraba el Rosario Cantado en honor de la Santa Cruz. Recuerdo que en “Villa Amparo”, la hacienda cafetalera que estaba a cargo de mi adorada tía Filomena, en el centro del gran patio donde se secaba el café había una cruz de cemento tan alta como yo, que desde el 2 de mayo comenzaba a vestirse con flores y adornos hechos primorosamente con papel crepé y papel celofán de muchos, muchos colores. Y a sus pies, cirios y velones la iluminaban. Alrededor se colocaban las sillas para todos los asistentes, que normalmente eran vecinos de otras haciendas y amigos de mis mayores, y en la primera fila se sentaban los 2 cantores y los músicos con sus guitarras, cuatros y violines. Aún hoy recuerdo una de las décimas que en ese entonces cantaban: “La cruz combatió a Luzbel/ cuando a los cielos se alzó/ con la cruz lo derribó/ el arcángel san Gabriel/ la cruz no se vio nacer/ pero se ha visto triunfar/ colocada en el altar/ que es donde Dios la divisa/ se necesita en la misa/ la cruz para consagrar”.

En los extremos del patio estaban las largas mesas cubiertas con manteles blancos y adornadas con dalias, rosas y lirios, donde se serviría el condumio que se había preparado para que todos comentaran sobre el buen comicio con el cual les habían agasajado. Constaba éste de miche para los músicos, vino “Sagrada familia” y de naranja para los demás asistentes. Había sopa de gallina, carne con papas, arroz dorado, pastelitos, embutidos (arepas rellenas con cuajada fresca) y ají; dulces de higo y limonsón, y el café bolón que no podía faltar.

En otras casas como la de mi prima Angélica, casada con Sinecio Graterol, la cruz de madera se vestía el 2 de mayo y en la aurora del 3 se la colocaba en la ventana principal para que todo el que pasara pudiera admirarla y bendecirla.

Y así, una vez finalizado el rezo, el dueño de la casa invitaba a los músicos y cantores, y a los demás asistentes al comicio que tuvieran a bien celebrar, y luego comentar…

El 13 de mayo era un gran día para la comunidad de alumnas y religiosas Dominicas del Colegio Nuestra Señora de Fátima.

En su obra Los orígenes de Boconó, el Rvdo. Hno. Nectario María refiere: ‹‹En la relación confidencial de sus Méritos del año 1618 ó 1619, se dice que el Licenciado Pedro Graterol, presbítero, vecino de Trujillo, en la provincia de Venezuela, es noble, hidalgo, docto y de ejemplar vida, comisario del Santo Oficio, subdelegado de la santa cruzada en aquella provincia y fundador del convento Regina Angelorum de monjas de la orden de las Dominicas de la dicha ciudad de Trujillo, que lo hizo del patrimonio que sus padres le dejaron››[i]. Siendo éste el referente más antiguo de la existencia en tierras trujillanas del  convento de monjas de la orden de las Dominicas. Pero no será sino hasta 1937, cuando las monjas de la orden de las Dominicas de Sta. Rosa de Lima, procedentes de Mérida y Trujillo, fundaron el Colegio Nuestra Señora de Fátima, el cual funcionó hasta 1947 o 1948, cuando las monjas de esa congregación decidieron cerrarlo y marcharse de la Ciudad Jardín. Fue entonces cuando el Rvdo. Pbro. Nicolás María Espinosa Espinosa (mi tío materno), quien desde el 31 de mayo de 1948 había comenzado a regir como párroco y vicario foráneo de la parroquia S. Alejo de Boconó, sintió honda preocupación por el cierre del colegio y la inminente pérdida del hermoso inmueble que constituía su sede. Habló con Dña. Lourdes Dubuc de Isea para que ejerciera la dirección del colegio mientras él realizaba las gestiones necesarias para traer de España a las religiosas que tomarían de nuevo las riendas de la institución. Doña Lourdes fue la directora hasta 1949, año en que el Pbro. Espinosa Espinosa entró en contacto con sor María Inés Zárate de la Plata, quien era la máxima autoridad de la Orden en Venezuela, y ella le recomendó viajar a España y traer de allá a las hermanas. Así lo hizo. Y tiempo después regresó acompañado por unas cuantas monjas presididas por la priora de la Congregación de Sto. Domingo (Dominicas de Granada), sor Inmaculada Mata, quien sería la nueva y primera directora del actual Colegio Nuestra Señora de Fátima, el cual ya ha arribado a más de 75 años.  En la actualidad el colegio marcha bajo la excelente dirección de sor María García y cuenta con destacadas educadoras como sor Karla Ferreira; además, tiene en su haber dos exalumnas miembros de la Academia Venezolana de la Lengua Correspondiente de la Real Academia Española: Dña. Rosalina García de Jiménez, Individuo de Número ocupante del  Sillón “L” y actual Secretaria de la Academia; Dña. Josefa Zambrano Espinosa, Miembro Correspondiente por el Edo. Trujillo de la Academia Venezolana de la Lengua Correspondiente de la Real Academia Española.

En mis recuerdos el 13 de mayo era un día muy especial, y tanto las monjas como las alumnas lo esperábamos con alegre expectación. La hermosa imagen de la Virgen de Fátima se bajaba de su nicho en la capilla, se colocaba en su altar portátil cubierto con un mantel de tul blanco y adornado con bellísimas (Antigonon leptopus) rosadas, y se llevaba en procesión alrededor del patio central del colegio. Luego la procesión salía al exterior, bajaba por la calle Bolívar y doblaba en La Independencia frente a la plaza, hasta llegar a la Iglesia Matriz de San Alejo, donde se celebraría la misa cantada en su honor. La procesión iba encabezada por la banda del colegio, seguida de la imagen de la Santísima Virgen, de las primocomulgantes vestidas con los níveos hábitos de las novicias, y entre ellas yo; detrás venía la Cofradía de Las Hijas de María, integrada por las alumnas mayores. Por último, las alumnas más pequeñas; además de los padres y representantes, y el pueblo boconés en general.

Gracias a esta especie de autoficción que impera en mi vida y escritura, yo recuerdo: ‹‹Mi familia, la más católica del pueblo, casi se muere de la emoción, el trece de mayo, cuando se les ocurrió disfrazarme de pastora de la Virgen de Fátima y me pusieron a andar por todo el pueblo con un ovejo berreándome al lado, hasta llegar a la iglesia en cuya ala central me esperaba la Virgen sobre un arbusto forrado de algodón, mientras mi hermanito Luis, vestido de ángel con una soga a la cintura y amarrado de una viga, daba gritos aleteando sobre la imagen›› (Josefa Zambrano, 1984)[ii].

El 15 de mayo era la gran fiesta de los agricultores, del campesinado boconés. Me acuerdo de esa fecha cada vez que cuento: ‹‹Pero la fiesta más hermosa era la de san Isidro, cuando los campesinos de Tostós, la Loma Isleta, Miticún y El Colorao, bajaban al pueblo que los esperaba con arcos de frutas, flores, palmas y roscas de colores. Ellos paseaban al santo sobre sus yuntas de bueyes adornados con guirnaldas, fabricadas con lo mejor de sus cosechas y entonaban al cielo: ‘San Isidro Labrador, quitá el agua y poné el sol, y el año que viene será mejor’. ¡Era un día feliz! Se comía de todo lo que había. No había ni pobres ni ricos, pues todos agarrábamos de lo que nos brindaban los arcos de las casas y las guirnaldas de los bueyes. Al morir la tarde y apoderarse del pueblo la reina de la noche, la romería se iba, y con ellos… la hermandad, para no regresar sino hasta el año que viene…›› (Josefa Zambrano, 1984)[iii].

Ahora bien, el gran día de Boconó es el 30 de mayo, fecha conmemorativa del aniversario de su  origen, su nacimiento en el año de 1563; de ahí que este año celebremos su 463.° aniversario.

Yo recuerdo que aún no había cumplido los 13 años aquel 30 de mayo de 1963, cuando Boconó celebró su Cuatricentenario. Nuestra Ciudad Jardín era una gran fiesta, y yo estaba entusiasmadísima con todos los artistas y cantantes que se presentaron: Alfredo Sadel, Adilia Castillo, El Quinteto Contrapunto, Mario Suárez, Yolanda Moreno et al.  Ni en la plaza Bolívar ni en la iglesia cabía la gente, ya que hubo misa concelebrada y Te Deum. El pueblo entero era una feria y a mí me fascinó que Luis, mi único hermano, me llevara al carrusel. En el Club Centenario hubo un gran baile de gala con la orquesta Billo’s Caracas Boys, al que desde luego yo no podía asistir.

Mas como yo he sido una incansable lectora desde temprana edad, el mayor gozo me lo dio un libro que reposaba en el escritorio del despacho de mi tío, el presbítero Nicolás María Espinosa Espinosa, Los orígenes de Boconó del Hno. Nectario María. Aprovechando que con los festejos nadie se iba a dar cuenta de que yo lo tenía, me puse a leerlo y me encontré con muchas historias sobre mi pueblo, mi Ciudad Jardín, y que en aquel momento no las entendía mucho, pero sí me llenaba de orgullo el hecho de que mi tío figuraba como una persona sumamente destacada, muy importante no solo en la ciudad sino en las páginas del libro.

Me enteré que el libro había sido escrito por ‹‹encargo especial del Pbro. Espinosa Espinosa al Hno. Nectario María, con motivo del próximo Cuatricentenario, el 30 de mayo de 1963, de la ilustre y hermosa ciudad que el Libertador señaló como el jardín de Venezuela››, según palabras de Mons. José León Chaparro, Obispo de Trujillo.[iv] Que el presbítero Espinosa Espinosa, en sus palabras como presidente de la Junta Pro Cuatricentenario de Boconó expresa: ‹‹Dejo constancia que fue el Hno. Nectario, quien en cierto momento estelar para Boconó me dijo en el Hotel Ávila de Caracas: “Ustedes deben celebrar el Cuatricentenario de Boconó en 1960”››.[v]

Y que el Hno. Nectario María en la introducción de la obra, afirma: ‹‹Si aceptamos dedicarnos a tan dura labor, fue debido a las exigencias que para ello nos hiciera nuestro apreciado amigo Pbro. Nicolás M. Espinosa, Cura y Vicario de Boconó. A él cabe, pues, si lo hubiere, todo el mérito de este trabajo.

Pero para emprender esta obra con probable éxito, preciso era poder escudriñar a fondo las fuentes que podrían facilitarnos datos precisos. A nuestro juicio estas fuentes eran: 1) el Archivo General de Indias de Sevilla; 2) el Archivo General de la Nación de Caracas; 3) el Archivo Parroquial de Boconó, y, sobre todo, el Archivo Arquidiocesano de Caracas (…)

Queremos, no obstante, expresar nuestro reconocimiento al Reverendo Padre Nicolás M. Espinosa, pues, aparte, de la protección que siempre nos dispensara, sin él, “Los orígenes de Boconó” hubiesen quedado para siempre sepultados en el profundo pozo del olvido››.[vi]

Afortunadamente, la obra no quedó “en el profundo pozo del olvido” y con el tiempo, gracias a ella,  pude descubrir y aprender que:

  • En 1548, Diego Ruiz de Vallejo no fue el fundador de Boconó sino el descubridor del valle de Boconó, cuando hizo las primeras exploraciones en busca de oro.
  • En 1560, Diego García de Paredes radica la ciudad de Trujillo en el valle de Boconó con el nombre de Trujillo de Salamanca. Hace repartimiento de indios y establece Encomiendas.
  • En 1561, el Primer Asilo Político en América es concedido en Boconó a Juan Rodríguez Suárez, cuando éste era requerido por la Audiencia de Santa Fe. Rodríguez Suárez, fundador de la ciudad de Mérida en 1558, se hallaba bajo la protección de Trujillo y prófugo de Santafé de Bogotá. Ante la demanda de la Audiencia santafereña representada por el juez D. Alonso de la Esperanza, que venía con el irrevocable propósito de hacer preso al fugitivo, quien ejercía provisoriamente el Tenientazgo de la Gobernación por ausencia del titular Diego García de Paredes. El alcalde D. Diego de la Peña, al frente de los trujillanos, se opone firmemente a dar cumplimiento a la requisitoria. Alonso de la Esperanza pidió al escribano público, Francisco Graterol, leyera la Provisión. Oyendo esto, Graterol se marchó y, aunque lo llamaron tres veces, no atendió al llamado ni regresó. Y cuando reclamó de los hechos al alcalde D. Diego de la Peña, éste con ingeniosa desfachatez le ripostó de la imposibilidad de leer la provisión Real, con el sello y firmada del Presidente y Oidores de la Real Audiencia del Nuevo Reino, debido a que ninguno de los allí presentes sabía leer nada más allá del Avemaría y el Pater Noster, y que, además, Juan Rodríguez Suarez no era sino un fiel y leal servidor del Rey y que estaba a su servicio. Alonso de la Esperanza, al ver la actitud resuelta y burlona de los trujillanos armados, que se le enfrentaban en defensa de Rodríguez Suarez, se dio media vuelta y abandonó Trujillo, regresando al Nuevo Reino. Y todo esto sucedió en Boconó, en donde para el momento estaba asentada Trujillo.

Al respecto dice el Hno. Nectario María: ‹‹El caso del fundador de Mérida, huido del Nuevo Reino, en donde había sido condenado a ser arrastrado a la cola de un caballo y luego descuartizado, y amparado por Diego García de Paredes en Boconó y por el Gobernador Pablo Collado, es probablemente el primer caso de asilo político concedido en América, y, por lo tanto, era digno de ser destacado aquí de un modo especial››.[vii]

  • En 1563 se ordena el traslado de la ciudad de Trujillo de Salamanca, de su asiento de Boconó para Motatán. El gobernador Alonso Pérez de Manzaneda, engañado por el falso memorial presentado por el cabildo que actúa como una camarilla encabezada por Alonso Pacheco, autoriza la mudanza el 30 de mayo de 1563, muchos son los que se marchan pero más son los que se quedan… Encomenderos apegados a las tierras fértiles del valle en que han echado raíces sus vidas, se niegan a abandonarlas, y gracias a este acto de valiente rebeldía, ese 30 de mayo nació Boconó como   Vale la pena aclarar que la mudanza obedeció a los fines mezquinos de Alonso Pacheco, quien tenía un pleito de vieja data con Diego García de Paredes por el traslado de Trujillo de Salamanca de Escuque para Boconó, al cual Pacheco se oponía hasta con violencia. A Pacheco no le interesaba para nada el bien del pueblo, sino deshacer la obra de Diego García de Paredes, quien lo había sancionado por su mal proceder.

Al respecto escribe el Hermano Nectario: ‹‹La mayor desgracia de un pueblo es la de tener un gobernante mezquino y vengativo, pues es capaz de sacrificar a su capricho y antojo el bien de toda la Comunidad››.[viii] ¡Si lo sabremos nos!

Asimismo, creo que bien merece la pena preguntarnos qué hubiera hecho y dicho el envidioso e intrigante Alonso Pacheco si se hubiera enterado de la amistad que posiblemente existió entre Miguel de Cervantes Saavedra y Diego García de Paredes, pues en el libro de libros, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha, Primera Parte, Capítulo XXXII, Que trata de lo que sucedió en la venta a toda la cuadrilla de don Quijote, leemos: ‹‹ — Hermano mío – dijo el cura –, esos dos libros son mentirosos y están llenos de disparates y devaneos; y este del Gran Capitán es historia verdadera, y tiene los hechos de Gonzalo Fernández de Córdoba, el cual por sus muchas y grandes hazañas mereció ser llamado de todo el mundo Gran Capitán, renombre famoso y claro, y dél solo merecido; y ese Diego García de Paredes fué un principal caballero, natural de la ciudad de Trujillo, en Extremadura, valentísimo soldado, y de tantas fuerzas naturales que detenía con un dedo una rueda de molino en la mitad de su furia; y puesto con un montante en la entrada de una puente, detuvo a todo un inconmensurable ejército que no pasase por ella; e hizo otras tales cosas, que si él las cuenta y las escribe él mismo con la modestia de caballero y de cronista propio, las escribiera otro libre y desapasionado, pusieran en su olvido las de los Héctores, Aquiles y Roldanes››[ix].

Como vemos la figura del hercúleo Diego García de Paredes está más vinculada a Trujillo de Salamanca en Boconó que la de Diego Ruiz de Vallejo, y ese 30 de mayo de 1563, tanto los encomenderos como la mayoría de los habitantes del valle hicieron valer su voluntad de vivir y morir en la Villa de San Alejo de Boconó cuyo nacimiento ocurrió ese día.

Ahora bien, según el historiador Pedro Luis Rendón, Boconó se constituyó por un día en la Capital de la República de Venezuela, ya que el 30 de mayo de 1963 fue la sede de todos los poderes públicos. Estaban presentes en tierra boconesa, D. Rómulo Betancourt, presidente de la República, acompañado por el gabinete ministerial integrado por trece ministros, de los cuales eran trujillanos: Cap. Pablo Miliani, Gral. Antonio Briceño Linares, Dr. Marcos Falcón Briceño, Dr. Arnoldo Gabaldón, Dr. Luis Augusto Dubuc, quienes ocupaban los cargos de ministros de Comunicaciones, Defensa, Relaciones Exteriores, Sanidad y Asistencia Social y Relaciones Interiores, respectivamente. Hizo notar su admiración por Boconó el ministro de Obras Públicas, Dr. Leopoldo Sucre Figarella. Dr. Miguel Rodríguez Ribas, Gobernador del estado Trujillo. Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa, Dr. Manuel Vicente Ledezma y Dr. Ignacio Luis Arcaya, presidente y primer y segundo vicepresidentes del Congreso Nacional, respectivamente. Un número representativo de diputados y senadores, entre los que destacaban los trujillanos Pedro Pablo Aguilar, Felipe Montilla, Elbano Provenzali Heredia, Rafael Ángel Espinoza, Juan de la Cruz Durán, Amabilis Quiñones, Arturo Ramón Añez, Alejandro Sánchez Cortés y Juan de la Cruz Durán. La Corte Suprema de Justicia representada por el Dr. J. G. Sarmiento Núñez, presidente; Dr. Joaquín Gabaldón Márquez (boconés), vicepresidente; Dr. José Román Duque Sánchez y Dr. José María Padilla Hernández, magistrados.

En ese gran día también brillaron cual estrellas las dos grandes damas de la cultura boconesa: Dña. Lourdes Dubuc de Isea y Dña. Myriam Sambrano Urdaneta de Urosa, quienes han marcado huellas profundas en mi espíritu y quehacer escritural. ¡Honor y gloria a ellas!

Y hoy, en este nuevo aniversario de Trujillo de Salamanca en Boconó, de la Villa de San Alejo de Boconó, de la Ciudad Jardín; en fin, de Boconó, ojalá prevalezca el espíritu valiente y justiciero, trabajador y emprendedor, amable y acogedor, honrado y servicial, fraternal y compasivo, que ha hecho de nuestra ciudad y su gente una tierra promisoria para querer, cultivar y crecer con civilidad y respeto.

¡Feliz, feliz 463 aniversario Boconó!.-

 

[i] Hno. Nectario María. Los orígenes de Boconó. Madrid: Imprenta Juan Bravo 3, 1962, P. 277.

[ii] Zambrano Espinosa, Josefa. Magia de páramo. Caracas: Editorial Arte, 1984, P. 49.

[iii] Zambrano Espinosa, Josefa. Ibídem, 50.

[iv] Hno. Nectario María. Ibídem, 7.

[v] Ibídem, 8.

[vi] Ibídem, 19 y 21.

[vii] Ibídem, 82-83.

[viii] Ibídem, 90.

[ix] De Cervantes Saavedra, Miguel. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha. Tomo II. México, D. F.: W. M. Jackson, Inc. Editores, 1951, P. 45.

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