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#VIDEO «El bien del pueblo venezolano debe prevalecer», dice León XIV en el Ángelus

A raíz de la Encarnación de Dios, León XIV, en el Ángelus, anima a todos a una espiritualidad encarnada, concreta, de servicio

No es la primera vez que Estados Unidos invade otros países americanos y detiene o coloca mandatarios (detuvo a Noriega en Panamá en 1989, impuso a Aristide en Haití en 1994, derrocó el gobierno de Granada en 1983, etc…), pero sí es la primera vez que sucede estando un norteamericano en el trono de San Pedro.

Por eso, había una expectación especial por ver las primeras reacciones de León XIV ante el ataque norteamericano contra bases venezolanas, la captura del dirigente Nicolás Maduro y el discurso de Donald Trump hablando de que «nosotros dirigiremos el país».

Tras el rezo del Ángelus este domingo, León XIV quiso defender «el bien del pueblo venezolano», «la soberanía del país» y «los derechos humanos y civiles de todos». Hay que recordar que León XIV no sólo está asesorado por los obispos venezolanos, sino también por el veterano cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, que fue Nuncio en Venezuela varios años antes de pasar a trabajar en la Curia romana.

Esta fue la mención del Papa sobre Venezuela:

  • «Con ánimo de gran preocupación, sigo el desarrollo de la situación en Venezuela. El bien del querido pueblo venezolano debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración, llevar a superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el Estado de Derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno y trabajando para construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia, con especial atención a los más pobres, que sufren a causa de la difícil situación económica. Por eso rezo y les invito a rezar confiando nuestra oración a la intercesión de Nuestra Señora de Coromoto y de los santos José Gregorio Hernández y sor Carmen Rendiles».

Otros mensajes: Suiza, guerras…

Ha hablado también de «la tragedia de Crans-Montana, Suiza», donde un terrible incendio ha causado muchos muertos y heridos. «Les aseguro mis oraciones por los jóvenes fallecidos, los heridos y sus familias», afirmó. Saludó también a los peregrinos de Eslovaquia y Zagreb (Croacia), a los monaguillos de la catedral de Gozo (Malta) y a la comunidad del seminario diocesano de Fréjus-Toulon, en Francia (la antigua diócesis de Dominique Rey, destacado obispo evangelizador).

También animó a orar y solidarizarse «con quienes sufren a causa de la guerra».

Final del Jubileo en Roma: la esperanza de la Natividad

En su mensaje antes del Ángelus, desde la ventana del Palacio Apostólico recordó que «pasado mañana [martes, Día de Reyes], con el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, concluiremos el Jubileo de la Esperanza».

Después comentó el mensaje de esperanza de la Navidad, que surge de la cercanía de Dios, quien «al hacerse humano en Jesús camina con la historia y la vida concreta de las personas, y se manifiesta como una fe viva que reconoce a Dios en lo cotidiano y se traduce en compromiso real con la dignidad, la justicia y el cuidado del prójimo».

El Pontífice recordó así que la fe cristiana no se apoya en cálculos humanos ni en un optimismo ingenuo, sino en una certeza profunda: Dios ha decidido compartir nuestra historia.

Citando el Prólogo del Evangelio de san Juan («La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros»), recordó que Dios entra en la fragilidad humana. No es un dios lejano que habita en un cielo perfecto, sino el Dios-con-nosotros, en nuestra tierra frágil, en la vida real.

Una espiritualidad encarnada, cercana, cotidiana

Esta venida de Jesús, dijo, «nos confía un doble compromiso, uno hacia Dios y el otro hacia el ser humano».

«Por eso, siempre debemos verificar nuestra espiritualidad y las formas en las que expresamos la fe, para que sean realmente encarnadas, es decir, capaces de pensar, rezar y anunciar al Dios que viene a nuestro encuentro en Jesús; no un Dios distante que habita en un cielo perfecto sobre nosotros, sino un Dios cercano que habita nuestra tierra frágil, se hace presente en el rostro de los hermanos, se revela en las situaciones de cada día.”

El segundo compromiso, inseparable del primero, se dirige al ser humano: reconocer la dignidad inviolable de cada ser humano, vivir el amor mutuo… Es un compromiso concreto con la fraternidad, la comunión, la justicia y la paz. Cuidar a los más frágiles y defender a los débiles no es una opción secundaria, sino una consecuencia directa de la fe cristiana. “No hay un culto auténtico a Dios sin el cuidado de la carne humana”, afirmó con fuerza.

Acabó su alocución animando a apoyarse en «la alegría de la Navidad» para continuar el camino cristiano con esperanza renovada, y pidiendo a la Virgen María que ayude a todos a estar cada vez «más disponibles» para servir a Dios y al prójimo.-

Redacción REL

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