Lecturas recomendadas

Un compendio de genialidades

   A continuación el escudo colegial, el Decálogo Ignaciano y 100 razones de identidad enmarcan el espíritu inconfundible de la historia colegial y de los antiguos alumnos antológicos ahora reunidos en la sección titulada “Porque toda selección supone una omisión”

 

Gerardo Vivas Pineda:

 

Con dos años de retraso pero cien de vigor histórico ve la luz una obra escolar inigualable. 116 páginas, impresas a todo color, muestran un siglo de educación típicamente jesuítica, en una selección de cien antiguos alumnos del Colegio San Ignacio de Caracas al cumplir su primer centenario. Nace así en esas diez decenas el motivo directo para establecer nosotros la estrecha relación entre la genialidad gráfica del título y el fulgor cerebral y humano de los protagonistas recopilados: «Ignacianos de ayer, hoy y 100PRE». No recordamos ocurrencia más graciosa e inteligente en el diseño de una portada: el ingenioso número 100 del aniversario en cifras, sumado al PRE como sufijo, ha sustituido al Siempre literal. El subtítulo, Edasi 2022-2023, identifica ante los extraños el órgano periodístico: EDASI es el acrónimo de Ecos de Alumnos San Ignacio. A diez años de fundado el Colegio en 1923 nace el EDASI, periodiquillo al borde del pasquín que va creciendo y arrebatando la atención de la comunidad colegial y de la sociedad caraqueña. Sus páginas insurgen de la linotipia para destacar la enseñanza polícroma de materias, deporte, excursionismo, catecismo, misiones y civismo. Parte principal retrata el rendimiento de los mejores alumnos, nivel por nivel, sección por sección. La premiación anual coloca la medalla de Excelencia en el pecho del muchacho más destacado no sólo por sus veintes en línea, sino por su incorporación a las actividades extra cátedra promovidas por los jesuitas. Al desaparecer las premiaciones a finales de los años 60 el vacío lo llena el padre rector, Dionisio Lahuerta, mediante una sabia decisión: a partir de 1975 ya hay muchachas en aulas, campos y pasillos. La vida juvenil se normaliza y enriquece.

Para ese momento el San Ignacio de Chacao ha institucionalizado el EDASI como su principal motor comunicacional, en ocasiones de frecuencia mensual, por lo general un anuario anhelado en toda la comunidad. Padres y representantes añoran el retrato individual del hijo graduando, o la foto de la sección donde la muchacha aprieta sus hombros entre los hombros de sus mejores amigos. Pero lo más significativo de tanto destello estudiantil son los propios muchachos quienes redactan, entrevistan, compilan, retratan, editorializan, editan y distribuyen, todo con el color de sus corazones ignacianos y la supervisión permanente de padres y profesores. El EDASI se reafirma cada año en la sede de Chacao como un bombeo de imparables energías juveniles.

Pero volvamos al EDASI Centenario. Bajo la dirección de la alumna Alejandra Hernández y la asesoría constante de los profesores Marianny Bolívar y Daniel Terán, entre otros ángeles custodios, la editorialista Valentina Herrerra —Titi para sus allegados—, dice del contenido recopilatorio: “encontraremos nombres de fundadores, médicos, religiosos, deportistas, emprendedores, historiadores, escritores, músicos y profesores que todavía rondan los pasillos del Colegio… todos con un denominador común: En todo amar y servir como marca indeleble que los formó”. De la página 8 traemos fragmentos de una oración que atraviesa todo miocardio ignaciano y rezan habitualmente alumnos y profesores: “Señor… quiero ver a tus hijos / más allá de las apariencias, / como tú mismo los ves… / Que sea tan benevolente y tan alegre / que todos los que se me aproximen / sientan tu presencia. / Revísteme de ti mismo, Señor, / y que a lo largo de este día / yo te revele”. Debo agradecer al profesor Daniel Mata, ignaciano a carta cabal incluido entre la tropa antigua seleccionada, el conocimiento previo de esa oración-poema sobre la fe irreductible.

A continuación el escudo colegial, el Decálogo Ignaciano y 100 razones de identidad enmarcan el espíritu inconfundible de la historia colegial y de los antiguos alumnos antológicos ahora reunidos en la sección titulada “Porque toda selección supone una omisión”. Ofreciendo disculpas por innumerables nombres dejados fuera, en página 16 los editores afirman: “Con esta revista, quizá un poco diferente a las anteriores, perseguíamos, por un lado, rendir tributo a los cien años de formación ofrecidos por el Colegio San Ignacio a tantas generaciones; y, por el otro, inspirar a los estudiantes del presente con tanto pasado memorable y tantos talentos emergidos de las mismas aulas por las que ellos transitan”. Luego de tan sincera afirmación, absoluta justificación del producto final, no habría porqué buscar nuevos certificados aprobatorios. Sólo nos falta dar un poco de relumbre a algunos nombres individuales y grupos profesionales recopilados.

En página 18 encabezan la lista centenaria antiguos alumnos de fama nacional e internacional. Reflejan el carácter formativo del Colegio, el desarrollo de su personalidad integral y el brillante desempeño profesional en sus trayectorias públicas. Ordenados cronológicamente por año de promoción de 1929 a 1936, sus nombres anuncian el reordenamiento de la vida nacional a todo nivel durante buena parte del siglo XX: el padre Pedro Pablo Barnola, S.J., académico de la lengua y fundador del EDASI; Rafael Caldera Rodríguez, doble presidente de la República genuinamente democrática; Arístides Calvani, ejemplar diplomático e internacionalista; Franz Rísquez Iribarren, comandante de la expedición descubridora de las fuentes del Orinoco; Miguel Ángel Landáez, ministro de Justicia y magistrado de la Corte Suprema; y el general Rafael Alfonso Ravard, director de la electrificación del Caroní, promotor del desarrollo de Guayana y primer presidente de PDVSA. Como generación inicial de ignacianos determinantes en el desarrollo del país, el EDASI ha reproducido en esta hoja, año por año, la genialidad de su desempeño escolar, anticipo de su entrega a la más alta causa venezolana. Es sólo la primera página en la antología de ignacianos memorables.

Los que figuran en los folios subsiguientes convertirán el relato de la ignacianidad centenaria en digno tema de tertulias familiares. Además de Barnola, los apellidos Mendoza, Sucre, Castillo, Capdevielle, Sosa y Peraza darán fe de quienes tomaron el hábito jesuita. Las letras Polanco dominarán la práctica exhaustiva de la biografía. Los apellidos Báez Duarte y Padrón sonarán en lo más excelso de las ciencias exactas con reconocimiento mundial. El apellido Castillo Pinto nombrará el laico al que sólo faltó la sotana para señalar su plena entrega al Colegio. Algún tataranieto podrá comentar la influencia del apellido Vollmer en el desarrollo de la banca nacional y sus anexos empresariales y fundacionales. Una curiosidad inesperada —en página 21 no numerada— apuntará el giro ideológico de tres antiguos alumnos apellidados Silva Michelena que cambiaron su condición de congregantes marianos por el cultivo del marxismo. Que haya de todo en la viña del Señor no impedirá recordar en las mismas páginas a los ignacianos del Proyecto Cumbre cuando coronaron el Everest en 2001, o los apellidos Rodríguez Berrizbeitia como máximos exponentes de la filosofía del Derecho y Larrañaga Vázquez como punta de lanza de la arquitectura, el urbanismo y el ensayo, ambos directores y redactores del EDASI en su momento, actores de la más intensa y llamativa vida colegial. El repetido apellido Añor sonará la trompeta del fútbol superior, y el García Velutini la demostración de que la Biblia alimenta la fe más allá de los secuestros. Para indicar el ascenso imparable de las muchachas, el apellido Urrutia acompañará el nombre Verónica en la jefatura de la Banda de Guerra y en la conformación del Estado Mayor formado sólo por mujeres. Regresamos al apellido Castillo en las últimas páginas de la lista, el correspondiente al Miguel Fernando imitador del Íñigo de Loyola que entregó su vida al servicio de la fe y la libertad. Como San Ignacio, su despedida terrenal rinde frutos en las almas.

Finalicemos esta reseña participando en la última genialidad que atrapó nuestro interés. En página 34 el espacio titulado “¿Cuál es tu ignaciano 100?” invita a complementar la lista de los cien antiguos alumnos seleccionados con algún nombre a gusto del lector. En realidad la lista comprende 96 nombres, estrategia de los editores, miembros de la promoción número 96 del Colegio, para suscitar un interés añadido. Escogieron a los padres Zumalabe, Galdos y Lahuerta como ignacianos honoríficos con los números 97, 98 y 99, para dejar en quien se asoma la escogencia del número 100. No tardé en obedecer. Como un rayo sin preaviso tomó mi pluma un miembro de la promoción 1972: Manuel Capdevielle Santiago, hermano de Alberto, ingeniero de la mecánica y las finanzas, tan íntegro en su travesía profesional y humana que recibió sobre sus hombros un cargo extremadamente demandante, por no decir pesado: director de compras en el mayor grupo industrial de Venezuela. Aires de transparencia soplaron sobre el sillón que dejó de lado al jubilarse. Las cifras mil millonarias que manejó han quedado registradas en los libros contables, dentro del tomo titulado “Pulcritud”. Gracias a Manolo podemos sospechar que la sonrisa de Alberto se ha ensanchado allá arriba.

Vale la pena conseguir un ejemplar de este compendio de genios y genialidades, antes de que se agote. Viene acompañado del EDASI anual correspondiente a la promoción N° 96. El orgullo ignaciano de todo antiguo alumno comprenderá mejor el haber ocupado un pupitre del Colegio, bajo la mirada de una calva vasca, frente al goteo sangriento de unos clavos de hierro y el corazón de la Madre de Dios coronado de espinas en las paredes del aula. El sentimiento así expresado coincide con las palabras del rector, padre Daniel Figuera, a los graduandos, en página 38 del EDASI Centenario: “desde entonces caminan juntos… les invito a actuar con amor en este camino por recorrer juntos en la distancia… Que al salir del Colegio la luz que ustedes tienen brille ante la gente (sean brillantes), para que todos vean sus buenas obras y den gloria a Dios”. Como dice el profeta Isaías (60, 1) en aparente y anticipada complicidad con el rector: “Levántate y resplandece, pues ha llegado tu luz”. Así pues, será inevitable ir pensando en el EDASI conmemorativo del segundo centenario del Colegio y otra centena de antiguos alumnos brillantes de genialidad.-

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