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El Arzobispo de Toledo celebra el XXV aniversario de la Aprobación Pontificia de los Heraldos del Evangelio

 

Con motivo de estar cumpliendo este año el 25 aniversario de la Aprobación Pontificia de los Heraldos del Evangelio, el Arzobispo de Toledo, D. Francisco Cerro Chávez celebró el viernes 17, una Misa de Acción de Gracias en la Capilla de la Casa que los Heraldos tienen en la Archidiócesis en Camarenilla. Concelebraron con el Arzobispo Primado, el Obispo emérito de Segovia, D. Ángel Rubio Castro, el Pro-vicario General, D. Raúl Muelas, los Vicarios territoriales de las Vicarias de la Sagra y de Talavera, el Vicario Episcopal de Laicos, el Rector del Seminario Mayor, el Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Laicos, cuatro canónigos de la Catedral, tres párrocos, y el superior de la Casa de los Heraldos.

 

Participaron de la Eucaristía además de los Heraldos laicos, el Ecónomo Diocesano, la Delegada Episcopal de Apostolado Seglar de Toledo, el antiguo Secretario General de Manos Unidas y Delegado de Apostolado Seglar de Madrid y otras personas amigos de los Heraldos.

En su Homilía, el Señor Arzobispo destacó entre otras ideas que :

 

Mi felicitación, mi afecto y cariño a los todos los Heraldos del Evangelio, que en este año están cumpliendo -desde el 22 de febrero-, los veinticinco años de esta aprobación pontificia por el Papa San Juan Pablo II, que reconocía así el carisma del Fundador, Monseñor Juan Clá.

 

Saludo muy cordialmente al padre y a todos los hermanos.  Saludo muy cordialmente a nuestro querido Obispo D. Ángel, obispo emérito de Segovia, al Pro Vicario general, a los Vicarios territoriales, al Rector del Seminario, a os demás sacerdotes, todos amigos de los Heraldos.

 

Llevan ellos la devoción a la Virgen a través de esas Misiones Marianas tan conocidas, que yo mismo en Coria Cáceres tuve la suerte de estar cerca de ellos y ver su gran fruto.

 

Vivís un carisma tan apreciado por la Iglesia, que en medio a veces de los sufrimientos, sin embargo se va acrisolando y se va viviendo con tantas alegrías, como por ejemplo la ultima que habéis tenido la semana pasada cuando se ordenaron 30 diáconos y 26 sacerdotes en Brasil.

 

Aquí os tenemos en Toledo. Y sois muy queridos en nuestra Archidiócesis.

 

¿Cuál sería la pasión de un Heraldo?. La pasión de estos hombres y mujeres que han entregado su vida a Dios, que quieren vivir en el seno y en la Comunión plena con la Iglesia como viven y que sobre todo quieren evangelizar.

 

Yo diría que la pasión de un Heraldo es su profunda pasión por la Eucaristía, su profunda pasión por María, Corazón Inmaculado de María de Fátima y su profunda pasión por la comunión con Pedro. Comunión “Papal” podríamos decir, con la Iglesia. Esas tres claves caracterizan a los Heraldos.

 

Hay una primera característica que ese amor por la Eucaristía. A la Eucaristía celebrada, comulgada y adorada. La Eucaristía que es ese pan de la vida, que es ese milagro que hace el Señor de partirse y repartirse para amar a todos, especialmente a los pobres, a los enfermos, a los que sufren.

 

Vuestra realidad eclesial que nace en Brasil, vive siempre esa pasión colegialmente por la Eucaristía. El día que nos separamos de la Eucaristía morimos, porque dejamos de estar vinculados y unidos a la vitalidad de nuestra vida que es Jesucristo vivo en la Eucaristía. Por eso siempre los Heraldos se han caracterizado por ese profundo amor la Eucaristía.

 

Segundo, se han caracterizado por ese amor profundo a María, que lo identifican mucho con el corazón inmaculado de María y con la Virgen de Fátima. Y esto se ve en todas sus casas y en todas sus capillas. Es el amor a la Virgen.  Esto yo lo viví en una de las Misiones que participé en  la zona de las Urdes, recuerdo mucho aquella Misión Mariana, aquella labor tan maravillosa. Es el amor a la Virgen, “prefiero estar sin pellejo antes que sin devoción a la Virgen” decía San Juan de Ávila. El amor a la Virgen hace más humana nuestra espiritualidad, más materna, más de ternura, más de capacidad de comprensión hacia los otros. Más familia, porque donde está una madre hay familia. Y cuando desaparecen las madres, qué difícil es mantener la familias. Pero la Madre mantiene ese vínculo con los Heraldos de esa familia. La Virgen de Fátima es la “virgen de los tiempos difíciles” decía Benedicto XVI. Por eso también los Heraldos en medio de esos tiempos difíciles, han mantenido siempre esa esperanza cierta de que la Virgen ha alentado la esperanza, ha potenciado su vida de Fe, y ha acrecentado su caridad  y su amor. 

 

Cuando nos alejamos de Dios nos va mal, pero muy mal y cuando nos acercamos a Dios nuestra vida cambió cuando vivimos esa profunda comunión que vive María nuestra Madre.

 

El Mensaje de Fátima lo recogen los Heraldos del Evangelio como una llamada a la conversión, a volver a la sencillez del Evangelio, a volver a la simplicidad, a volver a lo que podíamos decir que estamos viviendo nosotros en nuestra Archidiócesis, al amor sencillo, a ese amor primero que está insistiendo nuestro Sínodo Diocesano.

 

Tercero. Lo que significan los Heraldos no se entiende sin el amor al Papa. Me parece tan sustantivo, tan esencial: nada sin Pedro, nada sin la comunión con Pedro. Y en ese sentido, vosotros habéis demostrado y habéis permanecido en esos momentos y siempre, habéis permanecido unidos y vinculados a Pedro. Nada sin Pedro. Sin Pedro, sin la comunión con el Obispo nos perdemos. No acabamos encontrando ni el norte, ni el sur, ni nada.

Por eso es tan importante esto que viven preciosamente los Heraldos del Evangelio, esta pasión y este amor por el Papa.

 

Yo os felicito en este 25 aniversario de la aprobación pontificia. Nuestra Archidiócesis está muy contenta con vosotros, muy feliz. Os agradezco la gran labor que hacéis por los campos y pido al Señor que os siga bendiciendo abundantemente.-

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