Testimonios

Simon Kjær, un capitán ejemplar

«Queridos padres, a partir de hoy, no le pidáis a Dios que vuestro hijo o hija sean un joven Messi o un Ronaldo. Por favor, pedidle un Simon Kjær»

Ricardo Bada:

El sábado 12, en Copenhague, en el encuentro de la Eurocopa Dinamarca vs. Finlandia, poco antes de terminar el primer tiempo, el jugador Christian Eriksen, cerebro del once danés y del Inter de Milán, cayó desplomado al césped.

Simon Kjær, el capitán del equipo, le prestó de inmediato los primeros auxilios, colocando de costado el cuerpo de su compañero y acomodándole la lengua para que no se asfixiara con ella, amén de que ordenó a todos los demás jugadores que rodearan al caído para alejar la nauseabunda escopofilia de fotógrafos y cámaras de TV.

Y en ese recinto donde reinaba un silencio acongojado, y con esa entonación peculiar de los locutores de los estadios cuando van leyendo la alineación del equipo local (primero el nombre propio para que los fans griten el apellido), de pronto los fans finlandeses gritaron a todo pulmón: CHRISTIAN!

Y dándose cuenta, los fans daneses corearon a su vez: ERIKSEN! El estadio revivió por obra y gracia de una inspìración genial de la hinchada finlandesa.

Todo eso se lo perdieron los telespectadores alemanes, porque el canal ZDF que televisaba el partido, canceló la transmisión con una falta de sensibilidad que ni las piedras, y puso en antena un episodio de una de esas mediocres series que transcurren en hospitales. Yo me vine a enterar el lunes por un artículo en el diario, del escritor danés Michel Birbæk, quien vive en Colonia desde hace 30 años, y que al darse cuenta de la burrada cometida por la ZDF (con perdón de los burros), zapeó hasta la TV danesa, donde la transmisión continuaba desde el estadio.

Luego tuve que reírme al buscar un video de lo sucedido, y el primero que encontré fue uno de un canal de TV peruano, cuyo reportero consiguió el inefable milagro de llamar Copengagüe a la capital de Dinamarca. [Entretanto, el video que lo documentaba lo ha retirado piadosamente el canal peruano de los dominios de Miss Hortensia Google, pero de que el reportero dijo Copengagüe, doy fe. Tengo muy buen oído].

Y más tarde descubrí en una cuenta Twitter una cita de un empresario inglés, Steve Garrood, donde pasa revista al comportamiento de Simon Kjær, quien le proporcionó a su compañero Christian Eriksen los primeros auxilios vitales tras un paro cardíaco, organizó una valla humana alrededor del caído para frustrar la morbosidad enfermiza de los papparazzi y la TV («shocking highligths trending across social media»), y fue a consolar a la esposa, y madre de los dos hijos, de Eriksen. El texto termina diciendo«Queridos padres, a partir de hoy, no le pidáis a Dios que vuestro hijo o hija sean un joven Messi o un Ronaldo. Por favor, pedidle un Simon Kjær». Enter!, es decir: Amén.

 El Espectador

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