Opinión

Un saludo a la Cátedra

Alfredo Coronil Hartmann:

“La diferencia entre un civil y un militar es que el primero siempre puede militarizarse, pero el segundo rara vez puede civilizarse.”

George Clemenceau, líder radical francés.

Cuando una sociedad se ve profundamente subvertida hasta sus raíces, el desacomodo de lo que podríamos llamar las placas tectónicas del conglomerado humano que en ella vive y del cual se siente parte, es impresionante. Aún quienes nos hemos proveído de una base técnica y científica para el estudio de esos fenómenos, vamos de asombro en asombro al constatar un afán de rigor en el análisis, y un empeño en conocer y rotular científicamente los hechos contradictorios que ya se han hecho cotidianos, a todas luces sorprendente y hasta me atrevo a decir casi irritante. En circunstancias que parecieran empujarnos a un pragmatismo de supervivencia, lejos, muy lejos de la teoría pura del Derecho a la cual formalmente adhiero, es decir soy en definitiva ius positivista, kelseniano, salvo en aquella definición ciceroniana del Derecho Natural, como: el derecho de la recta razón.

Quizá ello es, al menos en parte, producto de cierta estolidez que se nos ha impuesto en esta dialéctica del absurdo en la cual a diario chapoteamos y que definitivamente nos asquea. No he ejercido la docencia universitaria en Ciencias Políticas, sino en Derecho y dentro de este universo de las normas en el inagotable espectro del Derecho Romano y de la filosofía jurídica y vengo a descubrir, en nuevas generaciones de politólogos, en medio de los disparos, las pedradas, la sangre, el internet y la emergencia  un cierto preciosismo teórico muy positivo pero inesperado ¡Benditos sean!

Mientras quede gente dispuesta a escudriñar causas y deducir consecuencias y el hombre sigue ejerciendo el supremo ejercicio de pensar, todo no está perdido, se podrá llegar a una reingeniería social que no me atrevo a dibujar, pero que me alienta a continuar ejercitando la minerva, que es para lo único que sirve.

Trataré entonces de ir escribiendo notas, ensayos o artículos, con el propósito de contribuir –sin pretensiones de scholar– a la formación del pensamiento político, sin aspirar a ponerle nombre y menos apellido a un esfuerzo que es un deber y no una gracia. Pienso que la cercanía de los ochenta años de edad, tan llena de inconvenientes prácticos debe tener al menos el alivio de que se nos puedan considerar razonablemente como un abogado y político, sin fines ulteriores.

En esa dirección dedicaré esta primera nota a un término muy al uso, simultáneamente arcaico y en moda: radical, radicalismo, extremismo (¿?), tan al uso que hasta yo soy tildado de “radical”.

LOS COMIENZOS DEL RADICALISMO:

Sin proponernos a hacer un tratado sobre el radicalismo, pero para darle un marco de referencias fácilmente ubicable en la Historia, digamos que surgió y se afianzó en la segunda mitad del siglo XIX, básicamente en Inglaterra y como una variante del liberalismo, aunque rápidamente Francia y en el resto de Europa, vieron surgir personalidades y hasta

partidos radicales, rápida y arrolladoramente. Pienso que entre las razones de su rápida implantación jugó un gran papel su anti-dogmatismo, a diferencia del socialismo y el marxismo, era este un movimiento libre, libérrimo si se quiere, de estructura flexible y abierta, quizá solo un anti-confesionalismo o anticlericalismo que el tiempo y la realidad han ido dominando, y que si le confería una rigidez que chocaba con la realidad y con la condición humana.

Hoy por hoy, creo que sólo en Chile y en el México de AMLO, mantiene esa alergia al pulpito y al agua bendita, que llega a ser casi risible, mis queridos chilenos siguen siendo come-curas, masones y ferozmente ateos –al menos verbalmente- como son volterianos, pugnaces y pata e´perro (como ellos se definen), en la UCV tenemos un catedrático de esa nacionalidad, por demás brillante, que si se cruza con una imagen hace la “guiña” para conjurarla. En Venezuela el ejemplo por excelencia fue Luis Beltrán Prieto Figueroa y con él se acabaron.

Ponerle una etiqueta ideológica al radicalismo es tarea perdida, podríamos decir que es una sensibilidad, una simpatía por la condición humana, una contagiosa marea de buenas intenciones y de sanos principios, de allí su arrollador atractivo. En la Venezuela de hoy solo se le da la acepción del extremismo, de la dureza, hasta a mi me pintan como un Moloch con alfanje, dispuesto a escenificar una carnicería, un duro. Pero un duro de película como Charles Bronson, un duro de western italiano.

Volviendo a los parámetros de las ciencias políticas, podríamos con cierto rigor, establecer una conexión con los que se denominaron partidos nacional-revolucionarios reacios a las rigideces del marxismo o de la democracia cristiana, en Venezuela esa sería la definición de URD y del PDN, los liberales del siglo XIX, hasta algún punto, la propia Acción Democrática.

Si aplicamos una evaluación economicista, el “producto” fue de rápida y muy exitosa colocación en el mercado, por doquier fueron gobierno y se convirtieron en el eje de esas coaliciones de izquierda que sirvieron de bisagra a los “frentes populares” desde la China de Sun Yat Sen hasta el Chile de Marmaduque Grove y Pedro Aguirre Cerda, Antonio Rios y hasta el “gabito” Gabriel Gonzalez Videla, la Francia de Leon Blum y la República Española.

La ausencia de un esqueleto ideológico, le daba a los partidos radicales una capacidad de “adaptación” o de acomodo envidiable, pero peligrosa, las tentaciones aumentaban y no siempre fueron sorteadas con éxito, de la adaptabilidad al oportunismo no hay más que un paso, algunos lo dieron.A los pichones de eruditos politólogos, podemos decirles, que el radicalismo es un movimiento mundial, no estructurado, contestatario, rebelde, hermoso, dueño de todos los atributos envidiables, sin gríngolas ni férulas ideológicas, esencialmente espontaneo, adaptable a todas las posiciones y que debemos preservar para la salud del alma, estrictamente humano.PS. Se bien que Don Marma como llamaban al Almirante Grove era  Socialista, no es un «pelón».-

Publicaciones relacionadas

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba