Lecturas recomendadas

Cultura de la muerte

Rafael María de Balbín:

            El derecho a la vida es un derecho humano primordial,  soporte de todos los demás derechos de la persona. ¿Cómo podríamos hablar de esos derechos  si privamos de su vida a una persona, o no defendemos suficientemente su vida pudiendo hacerlo? Sería ilusorio proclamar otros derechos si no acertamos a defender este derecho básico. El Estado tiene el deber fundamental de defender la vida de sus ciudadanos. Si  no sirve para proteger la vida de sus ciudadanos, entonces ¿para qué sirve?

            Cultura de vida es aquella que valora la vida de las personas como un bien máximo, y la promueve, celebra y defiende. Cultura de muerte es, por el contrario, aquella que, basada en aparentes razones, prescinde de la vida humana o atenta contra ella. Cultura de muerte es la delincuencia organizada, cultura de muerte es el narcotráfico, cultura de muerte es el terrorismo, cultura de muerte es el tráfico de armas, cultura de muerte es la exportación a naciones enteras de una política abortiva que diezma su población sin necesidad de guerras o epidemias.

            Es frecuente, para introducir reformas legislativas en algún país del tercer mundo, invocar que ésta o aquella práctica, por ejemplo la permisión del aborto o de la eutanasia, forman parte de la legislación de tal o cual país del llamado primer mundo. Se alega que esas naciones están culturalmente más avanzadas. Y es verdad. Pero están más adelantadas en la cultura de la muerte, no en la cultura de la vida. Puede ser que en renglones científicos, tecnológicos u organizativos, hayan obtenido un progreso mayor que el nuestro; pero no es una ventaja en el plano humano y moral, al haber tal desconocimiento de los derechos básicos de la persona.

            Cultura de muerte no quiere decir que haya un propósito definido y directo de atentar contra vida de las personas. Basta con que se favorezca la impunidad de los delitos que atentan contra la vida humana. Y la despenalización de algunos tipos de homicidio voluntario de personas inocentes es un modo claro de favorecer la impunidad.

            El aborto voluntario es un homicidio  de una persona inocente e indefensa, ya que el hombre lo es desde el momento de la concepción: nunca llegará a ser humano lo que no lo era desde el comienzo. Y tan homicidio es matar a un feto de cinco meses como de un mes. El concebido y no nacido es una persona humana, distinta de su madre, que tiene pleno derecho a vivir, como el que más. Y, si el Estado no protege esa vida, está abdicando de una responsabilidad que es esencial a su misión en favor del bien común y del bien particular de cada persona. A la vez es necesario considerar las circunstancias dolorosas y dramáticas que pueden poner a una madre en la tentación de suprimir la vida de su propio hijo, prestándole la ayuda y el apoyo que necesita. Pero una verdadera ayuda no es nunca la licencia para matar.

            Algo semejante se puede decir de la eutanasia. Una vida humana es siempre digna de consideración y de respeto, aunque sea la de un minusválido, un anciano o un enfermo terminal. Sean bienvenidas todas las terapias de la medicina paliativa del dolor, siempre que no signifiquen la eliminación  de una vida humana, lo cual constituye un delito contra la persona. No es, en cambio, eutanasia, y así debería aclararse oportunamente en la legislación penal, el retirar al enfermo los tratamientos extraordinarios y excesivamente onerosos que permitirían prolongar artificialmente su vida.

            Fomentemos con toda el alma la cultura. Pero no una cultura de muerte, sino una cultura de vida.–

(rbalbin19@gmail.com)

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