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Negociación y elecciones, un camino necesario y a contracorriente

Alfredo Infante s.j. , del Centro Arquidiocesano Monseñor Arias Blanco:  

Negociación y elecciones, dos vías auténticamente democráticas, se encuentran amenazadas y desdibujadas en Venezuela, en una atmósfera de desencanto y desmovilización política inducida por el poder y, también, por el comportamiento errático de los operadores políticos de oposición, quienes no han sabido leer ni administrar los triunfos cuando los han tenido, ni capitalizar el descontento social creciente de la mayoría hacia la administración Maduro, desmovilizando, además, con sus recurrentes llamados a la abstención. Pero, hay que decir que, negociación y elecciones son las vías democráticas más adecuadas si queremos transitar el camino hacia la superación de la crisis. No hay otras. Negarlas sería negar la vía política y asumir la ruta fratricida de la guerra, lo cual nos conduciría de la emergencia humanitaria a la catástrofe humanitaria, trágico panorama donde perderíamos todos. Sin embargo, lo preocupante de esta negociación es la fragmentación en la que se encuentra la dirigencia opositora, lo que le da al gobierno una importante ventaja comparativa en dicho escenario. Las cartas de presión de la oposición son las sanciones económicas internacionales, que también afectan la calidad de vida de la población; las del gobierno de Maduro son, precisamente, flexibilizar o desmontar esas sanciones, además de lograr reconocimiento internacional.
 
Ambas vías democráticas –negociación y elecciones- tienen sus detractores, tanto a lo interno de la oposición como del Gobierno, en sectores extremistas que no están dispuestos a sentarse con el enemigo en quien desconfían y no reconocen. Los extremistas tienen sus razones e intereses, nada despreciables dentro de sus lógicas. Entre los sectores del Gobierno, además de los  grandes y jugosos negocios que no están dispuestos a ceder, existe un temor fundado de que, ante una eventual transición, se desate una persecución política, más aún cuando hay introducidos procesos por crímenes de lesa humanidad ante la Corte Penal Internacional que, de sentenciarse, afectarían a los superiores de la cadena de mando por ser crímenes de Estado. Por parte de la oposición extremista, se mantiene el imperativo “Maduro, vete ya”, el “todo o no nada”, el puritanismo de “no se negocia con criminales y –en algunos casos- el iluso sueño de una intervención militar extranjera porque, idealmente, para estos sectores la única manera de que el país pueda recuperar la confianza en el concierto de las naciones es con otro jefe de Estado (cosa que es cierta), algo que, consideran, es imposible de conseguir por la vía democrática.
 
Entretanto, la sociedad en general, sumida en una emergencia humanitaria sistémica, se encuentra en una gran paradoja pues, por un lado, un importante porcentaje está convencido de que la solución debe ser pacífica y democrática, pero, al mismo tiempo, no se siente ni representada ni interpretada por el liderazgo opositor. Además, en un hipotético escenario en el que los ciudadanos recuperen la credibilidad en la negociación y en la vía electoral como mecanismos democráticos, quedaría un escollo más a superar: la desconfianza en los negociadores y, en cuanto al camino electoral, el desánimo ante el hecho de llegar a unos comicios regionales sin un mínimo consenso entre las llamadas fuerzas democráticas, porque lo que se percibe desde las bases es que a los distintos sectores de la oposición les resulta más fácil sentarse a hablar con el Gobierno que llegar construir acuerdos entre ellos mismos.
 
Desde Signos de los Tiempos, con cierto escepticismo, hacemos votos para que la ronda de negociaciones que se inicia este 13 de agosto en México -envuelta en un clima de incredulidad a nivel nacional, con el acompañamiento internacional y esta vez con una mayor sinergia entre Estados Unidos y Europa- rebase las expectativas –que son muy bajas- y desencadene la construcción de acuerdos que logren abrir el juego político en el país. De igual modo, de cara a las elecciones regionales y municipales, hacemos un llamado a los partidos de oposición para que convengan los mecanismos que permitan alcanzar candidaturas unitarias, que sirvan de ejercicio para engrasar la unidad tan golpeada y devaluada, tal como apuntó Douglas Zabala, del partido Centro Democrático, en un tuit: “tanto consenso como sea posible. Tantas primarias como sean necesarias. Solo la unidad de toda la oposición derrotará a Maduro y sus candidatos”.

Boletín del Centro Arquidiocesano Monseñor Arias Blanco
06 al 12 de agosto de 2021/ N
° 115

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