Opinión

SanCor, precisiones indispensables

No es baladí hablar de epitafio porque esa tragedia cooperativa significaría la desaparición de Sancor

Roberto Fermín Bertossi, desde Argentina:

Doctrinaria y legalmente SanCor C.U.L. cabalmente no puede escuchar propuestas de compra o transformación comercial, menos aún emitir categóricos e infundados mensajes al gobierno.

Hacerse cargo: A lo largo de nuestras vidas, todo aquello que hacemos forma parte de nuestras decisiones, y éstas están siempre tomadas libremente, en el caso de Sancor conforme a su estatuto y a la ley.  Por ello, sin excusas, debemos responsabilizarnos de todas nuestras acciones e ineficiencias, sin echar la culpa a los demás.

De todo aquello que tenemos un control personal y total, somos responsables. Todo lo que parte de una decisión libre, es responsabilidad nuestra, y no debemos echar la culpa a los demás. Tenemos que responsabilizarnos de nosotros mismos, tanto personas humanas o jurídicas, especialmente de todo aquello contrario a la ley.

Las ascuas actuales en lo que quedó de una injustamente diezmada familia sancorista, compuesta -entre otros- por productores, tamberos, peones de campo, empleados directos e indirectos, profesionales agrícolas, camioneros, recibidores, almacenes, arrendadores, arrendatarios y comunidad circundante; provocadas por la sucesiva y creciente paralización o cierre de plantas de Sancor, nada tiene que ver con su origen, historia y espíritu fundacional, allá por finales del invierno del año 1938, cuando 16 cooperativas lecheras primarias conformadas principalmente por raza de inmigrantes radicadas en las provincias de Santa Fe y de Córdoba, se asociaron cooperativamente para fundar esta empresa solidaria, entonces auténticamente cooperativa.

Sancor se fue desmembrando y derrumbando por acción u omisión, a causa de pésimas administraciones, burocracias, mediatizaciones participativas, falta de garantías suficientes en su politizada vinculación con Venezuela, etc., todo ello sin perjuicio de flagrantes y reiteradas omisiones e incumplimientos de los deberes de funcionarios públicos por parte del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social, (INAES), como de presuntas corrupciones y enriquecimientos ilícitos de consejeros, síndicos, auditores, asesores, etc., los que seguramente han de ser investigados en caso de declaración judicial de bancarrota, cuando serían citados quienes en los últimos años conformaron sus consejos de administración, sus sindicaturas, etc., ¿Acaso también la Mutual Sancor,  Sancor seguros, Sancor salud, etc.; serian eventualmente pasibles de una extensión de la quiebra en un posible (¿inevitable e inminente?) proceso concursal de la otrora líder cooperativa láctea de Sunchales en la provincia de Santa Fe?

 Adviértase que hablamos sugestiva y sugerentemente de la misma denominación en cada persona jurídica privada aludida, todas con domicilio originario en la misma ciudad santafesina; desinformada, errónea e impropiamente dada en llamar capital nacional del cooperativismo según ley 26.037 de 2005.

Más allá del ruido y un tocar de oído de seudoeconomistas, opinólogos y algunos medios de comunicación, Sancor no puede superar una crisis que ya en 2016 le generó pérdidas por unos $ 2.500 millones. Así entonces y mal que nos pese, se fortalece la fatalidad de formalizar su quiebra cuando jurídicamente conforme nuestro derecho cooperativo vigente, no existe ninguna posibilidad legal de transformar a Sancor C.U.L. en sociedad comercial ni asociación civil, como tampoco la de vender parcial ni totalmente la misma a terceros, (arts. 6, 24 y cc., Decreto-ley 20.337/73 – Cooperativas).

Escenario tal sería más que un cruel epitafio cooperativo esculpido de modo ruin y carroñero por intermediarios sin límites y lucros excesivos, tal el caso de, Vg., supermercadistas insaciables, transportes comerciales, carísimas e impropias publicidades de Sancor en cuanto cooperativa, pesadísimas cargas tributarias nacionales, provinciales y municipales; altísimas cotizaciones sindicales, etc.; a la postre, sujetos y actores que se apropian y apropiaron sin causa, derecho ni razón de la extravagante diferencia entre lo que percibe realmente un productor lácteo y lo que abona el consumidor final.

Colateral y concomitantemente la propia “marca Sancor”, viene desprestigiando y desagiando su propio valor, un valor tangible e intangiblemente inconmensurable, pero mucho más grave que eso, dejando en evidencia nefastas prácticas nada cooperativas cuando, como destacamos, los dos actores centrales de la cadena láctea -esto es productor y consumidor-, son escandalosa y atónitamente, los mayores perjudicados.

Finalmente, ante la hipótesis de la quiebra de Sancor CUL., no es baladí hablar de epitafio porque esa tragedia cooperativa que significaría la desaparición de Sancor, sería un tiro de gracia a la buena fe ínsita al Cooperativismo en cuanto tal; buena fe malversada por consejeros, síndicos, auditores, asesores, consultores, voracidades sindicales, tributarias e INAES.-  

 

Roberto Fermín Bertossi

Experto CoNEAU/Cooperativismo

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