Testimonios

175 aniversario Mons Juan Bautista Castro

Cardenal Baltazar Porras Cardozo:

 

El octavo arzobispo de Caracas y Venezuela, -título que tuvieron los prelados de la capital por ser el único arzobispado del país hasta la elevación de Mérida a esa misma denominación (1923)-, nació en Caracas el 19 de octubre de 1846. Fue bautizado el 13 de noviembre siguiente en la Catedral con el nombre de Juan Bautista Pedro Alcántara del Rosario, devociones familiares. Huérfano a temprana edad, sin embargo, tuvo esmerada educación y formación religiosa que lo hizo manifestar su inclinación a la vida sacerdotal. Estudió en el Colegio Roscio, instituto de alta calidad en la ciudad y en el Seminario y Universidad continuó estudios que culminó con el título de doctor en teología. Recordemos que la universidad caraqueña mantuvo la facultad de teología hasta los primeros años del siglo XX.

 

El 25 de diciembre de 1870 recibió la ordenación sacerdotal de manos de su arzobispo, Silvestre Guevara y Lira, en vísperas de su primer exilio por orden del General Antonio Guzmán Blanco al inicio de su primer mandato conocido como el septenio. Acompañaba al prelado su compañero de estudios Antonio Ramón Silva, quien iba como su secretario a Trinidad, donde, más tarde, recibió la ordenación sacerdotal.

 

Comenzaban los difíciles años para la Iglesia venezolana a causa del anticlericalismo del guzmancismo por las desavenencias con el arzobispo, la supresión de los seminarios y la expulsión de la vida religiosa del país. Dato importante para entender la postura del clero mejor preparado de entonces ante la intransigente conducta de las autoridades. Comenzó su ministerio sacerdotal como teniente cura del Carmen de La Guaira y posteriormente como párroco de Maiquetía (1871-1877), donde dejó honda huella que permanece viva hoy día en obras y monumentos. El sucesor de Guevara y Lira, José Antonio Ponte, lo nombró rector de la escuela episcopal (1882-1890), nombre con el que se pudo mantener la formación de los futuros sacerdotes ante el cierre de los seminarios. Una de las preocupaciones más sentidas del Padre Castro hasta su muerte fue la de la preparación del clero, sobre el que tenía sombría imagen que expresaba públicamente. Una de sus cartas pastorales (1908) sobre la materia produjo cierto escozor en propios y extraños por el duro lenguaje y la generalización del problema.

 

A la muerte de Monseñor Ponte (1883), el vicario Capitular Manuel Briceño lo nombró Capellán de Santa Capilla y Director de la Adoración Perpetua, que se había fundado en octubre de 1882 en la vecina iglesia de Las Mercedes. Pasó a formar parte del Capítulo catedralicio como Arcediano de la Santa Iglesia Metropolitana (1888). Excelente predicador estableció las misiones para hombres (1886) a la que asistían caballeros de toda condición, profesionales, comerciantes y pueblo, atraídos por su sapiencia y elocuencia. Se conservan papeles de dichas intervenciones.

 

Fue uno de los precursores de la prensa católica, junto a otros eclesiásticos caraqueños, con la fundación del diario “El Ancora” (1884), y más tarde, en 1890, con la publicación del diario “La Religión” junto al Pbro. Antonio Ramón Silva, más tarde obispo de Mérida (1895-1927), y los Pbros. Nicanor Rivero y Miguel A. Espinosa, excelentes plumas y acuciosos escritores. Son páginas indispensables para conocer la vida de nuestra iglesia en aquellos tiempos. Se recibió como miembro de la Academia de la Lengua (1893).

 

Gran devoto de la Eucaristía estableció la Exposición diaria del Santísimo Sacramento en la Santa Capilla (1891), y con la venia del arzobispo Críspulo Uzcátegui, -quien lo había separado del seminario aunque más tarde lo designa su vicario general-, funda la Congregación de Siervas del Santísimo Sacramento (1896). Para fines de siglo y comienzos del veinte, dada la precariedad de salud del metropolitano, prácticamente llevó las riendas de la arquidiócesis. Aprovecha la llegada al poder del General Cipriano Casto para solicitarle con éxito la derogación del decreto de extinción de los Seminarios e la República (1900). El mismo asume el Rectorado del Seminario al cual llamó “Seminario Metropolitano del Santísimo Sacramento” bajo la protección de Santa Rosa de Lima.

 

Después de engorrosos trámites fue preconizado arzobispo coadjutor de Caracas con derecho a sucesión (30 de octubre de 1903) y el 6 de enero de 1904 recibe la Consagración Episcopal en Roma, de manos del Eminentísimo Cardenal Rafael Merry del Val, Secretario de Estado del Papa Pío X. En mayo de 1904 toma posesión de la Arquidiócesis, por muerte de Monseñor Críspulo Uzcátegui.

 

El pontificado de Monseñor Castro fue un pontificado muy importante para la Iglesia y para la Patria, y a la vez, muy polémico por desencuentros con el gobierno y con algunos clérigos: en su tiempo se fundaron las Conferencias del Episcopado Venezolano, se elaboró la primera instrucción pastoral (1905); se realizó e inició felizmente el primer congreso Eucarístico de América Latina que tanto renombre dio a Venezuela en el exterior (1907) y propagó su devoción. Puede decirse que fue el fundador del Apostolado Seglar en Venezuela, ya que acostumbró a muchos hombres a no avergonzarse de Dios ni de su doctrina, que era lo común entonces en los predios de poder.

 

En esos años se instala por vez primera la internunciatura en Venezuela. Propició la creación de un único seminario nacional para la formación del clero. Trajo para ello, primero a los Hijos de María Inmaculada, llamados comúnmente entre nosotros, los padres franceses, y más tarde, a la Compañía de Jesús. Su vicario general y gran admirador fue Mons. Nicolás Eugenio Navarro. Murió el 7 de agosto de 1915.

 

A 175 años de su nacimiento, hacer memoria viva de su trayectoria vital es necesario para entender su legado y comprender lo difícil de llevar adelante la evangelización en circunstancias adversas. Ha sido, sin duda, uno de los grandes arzobispos caraqueños.

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