El Mundo

El hombre que nada entre icebergs: «El agua ya no está a 3 grados, sino a 10»

Lewis Pugh, embajador de la ONU de los Océanos, denuncia que vamos «sonámbulos hacia la catástrofe climática»

De los 12 días que Lewis Pugh (1969, Plymouth, Reino Unido) ha pasado este año nadando entre las aguas heladas de Groenlandia, hay una imagen que no se puede quitar de la cabeza. Miles y miles de icebergs cayendo del fiordo de hielo Ilulissat, abriéndose camino al océano. «Era una autopista de hielo», asegura Pugh, con todos los bloques uno detrás de otro. Las regiones polares llevan décadas cambiando y él ha sido un testigo excepcional. Ha nadado donde nunca antes nadie lo había hecho. Con apenas un bañador, un gorro y las gafas, se ha sumergido en las aguas del Polo Norte o del Himalaya. Pero lo que está viendo ahora, dice, no es una crisis climática.

Es, directamente, una «catástrofe».

Aunque se formó como abogado en Reino Unido, siempre le encantó el mar y al final la atracción fue demasiado fuerte. A partir de 1999 comenzó a buscar lugares donde nunca antes había nadado un hombre. Quería retos y eso le llevó a las aguas más frías del planeta, muchas aún sin explorar. En cierto sentido, dice, tuvo suerte.

Pero con el paso de los años, comenzó a ver los grandes cambios ambientales que se estaban produciendo. «Cuando en 2003 nadé por primera vez en el Ártico, el agua estaba a 3 grados. Cuando volví 12 años después, el agua ya no estaba a 3 sino a 10 grados. Así de rápido se está calentando el agua», asegura a ABC.

La realidad le abrió los ojos, y llegó a un momento de su vida en el que se preguntó qué iba a hacer: «¿Voy a seguir nadando o voy a ser la voz de los océanos?». Hoy los sitios que escoge para nadar no son casuales. El glaciar que alimenta Ilulissat es el que más rápido se mueve del mundo, a unos 30 metros al día. Pero, además, todo apunta a que fue del que se desprendió el iceberg que impactó contra el Titanic. Para Pugh es una buena metáfora de lo que está ocurriendo con el cambio climático. «La gente decía que el Titanic era insumergible, pero además muchas de las personas estaban en sus camas cuando se hundió. Nosotros estamos yendo sonámbulos hacia la catástrofe».

Pese a todo, meterse en el agua helada es doloroso. «Muy, muy doloroso», insiste. Fue el primer ser humano en nadar en el Polo Norte, en el límite donde el agua salada se convierte en hielo. Nadó a -1,7 grados. Los dedos, los brazos e incluso la respiración le dolían. Pero ahora sabe que el interior de su cuerpo se mantiene a la misma temperatura. Durante su último viaje a Groenlandia, los científicos que le acompañaron monitorizaron su temperatura corporal gracias a una cápsula que Pugh tuvo que tragar. Así averiguaron que durante el tramo de 10 minutos en los que estaba sumergido, su interior se mantenía cálido. Era en los períodos de recuperación de dos horas cuando los registros caían.

Pero el propósito, dice el también embajador de los Océanos de la ONU, no es nadar. «Lo hago para demostrar lo que le pasa a los océanos de una forma muy gráfica. Contando la historia de una parte del mundo muy remota, a la que muy poca gente ha ido, pero que nos impacta a todos». Por eso, y pese a que la edad no perdona, seguirá nadando en aguas extremas. «No pararé».

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