Lecturas recomendadas

Una vela por Roger

Francis X. Maier, miembro senior de estudios católicos en el Centro de Ética y Políticas Públicas:
Las ideas tienen consecuencias. No todas son buenas.

Mientras más abstracta e incorpórea una idea, más pura puede parecer. Cuanto más pura parece, mayor es nuestra tentación de convertirla en un objeto de adoración. Pero, como demostró el siglo pasado, los dioses falsos tienen un gran apetito. Beben sangre y comen vidas.

Lo que significa que el trabajo de un escritor implacablemente cuerdo como Roger Scruton tiene un valor incalculable. Fue un erudito brillante y un penetrante crítico social. También era un hombre de seco ingenio inglés, experto en decapitar a fanfarrones intelectuales y traducir ideas complejas en sus consecuencias humanas —consecuencias comprensibles para la gente corriente y razonablemente inteligente. Murió en enero de 2020. Pero sigue siendo el principal filósofo del sentido común y la sabiduría de la experiencia vivida en nuestra era.

Vale la pena tomar nota de algunas, bueno, más que algunas, de las ideas de Scruton:

1. La religión, y especialmente (para la civilización occidental) la religión bíblica, es una fuente vital de significado.

2. La idolatría es una tentación humana constante. Allí donde invertimos nuestras vidas, también reside nuestro dios real. Instintivamente, los seres humanos necesitamos dioses, pero preferimos aquellos que creemos que podemos controlar, dioses que parecen hacer exigencias manejables respecto de nuestro tiempo y atención: dinero, carrera, sexo, ciencia, tecnología, salud, espiritualidades de boutique. Pero todos estos dioses falsos son tramposos y mentirosos. También son caníbales. Bajan el horizonte humano y, finalmente, devoran a sus adeptos.

3. Nosotros, los seres humanos, tenemos una capacidad infinita para engañarnos con fantasías obvias, pero adictivas y, en última instancia, destructivas; como la inevitabilidad del progreso o la desaparición del estado.

4. La ciencia, bien entendida y empleada, es buena; el cientificismo es malo: el materialismo es una explicación deficiente del mundo, y conduce al nihilismo.

5. Los hombres y las mujeres son más que la suma de sus procesos bioquímicos.

6. La creación tiene una cualidad sagrada. Exige administración; no, rapacidad. Su belleza y vitalidad son sacramentales: apuntan a cosas superiores, y al reconocer esas cosas superiores, levantamos nuestro horizonte y reforzamos nuestra dignidad humana. Estamos hechos de arcilla, pero anhelamos instintivamente las estrellas.

7. La belleza es una expresión y un camino hacia lo trascendente. Todo gran arte, música, literatura y arquitectura tiene la resonancia de la fertilidad; un espíritu de armonía orgánica, orden correcto y propósito. La belleza nos recuerda nuestra dignidad y nos llama a alcanzar estándares más altos. Hace exigencias. Así como la memoria y la historia, la belleza viene con una hipoteca sobre nuestro comportamiento. Así, es una afrenta a, ayuda a explicar, el compulsivo gusto moderno por la fealdad y la profanación.

8. «Yo» no puedo ser libre hasta que primero aprenda a obedecer las necesidades de «nosotros». La Ley, las instituciones, las costumbres, el patrimonio: estas cosas crean verdadera libertad. Proporcionan el marco dentro del cual pueden prosperar tanto una comunidad de intereses y responsabilidades compartidos como la identidad y la libertad personal. Soy libre, porque soy responsable ante los demás y ellos son responsables ante mí.

9. Somos más que puras voluntades encerradas, y operando mecánicamente, en una pieza de equipo llamada cuerpo. El cuerpo es más que una herramienta y un juguete. Encarnados, somos yoes encarnados, y no completamente «nosotros» sin nuestros cuerpos.

10. La pornografía es la reducción de un sujeto humano libre y consciente a un objeto impersonal manipulable. De ahí, la frecuente exclusión, o la evacuación emocional del rostro humano, y especialmente de los ojos, de la pornografía. Los ojos son la residencia del único e irrepetible sujeto humano; comunican una soberanía personal sobre el cuerpo que la pornografía necesita borrar y violar. Scruton veía a la pornografía como una forma de sacrilegio. Escribió: “el sexo es consagración o profanación, sin un territorio neutral entre ambas. . . [de manera que] nada importa más que las costumbres, ceremonias y ritos con los que elevamos el cuerpo por encima de su necesidad material y le damos nueva forma, como un alma».

Scruton sentía reverencia por la modestia, la moderación y la humildad en política. Aborrecía lo que él llamaba «la falacia utópica»; la noción de que la humanidad es perfectible si solo nos deshacemos de los obstáculos. . . y de las personas que los crean. Tenía la misma aversión respecto de «la falacia de la planificación», la idea de que podemos solucionar todos los problemas con el plan correcto. . . y el músculo coercitivo para llevarlo a cabo. En contraste, atesoraba el amor, la amistad, el aprendizaje, el hogar, la familia, la naturaleza y la nación. En otras palabras, la vida, en una escala humana.

Scruton pasó gran parte de su tiempo en este mundo como ateo, de la tribu amiga de la religión. Pero en años posteriores reconoció su fe en Dios. En un ensayo de extraordinaria belleza, “Recuperando mi religión”, recopilado aquí, escribió:

Es por eso que deberíamos decir, incluso en medio del sufrimiento, que el Señor es misericordioso, su misericordia es eterna. Después de todo, podríamos no haber existido; precisamente porque somos seres finitos, creados, resistimos, de momento a momento, por la gracia de Dios. No es a través de nuestros propios esfuerzos que logramos la paz, sino a través de la gran dotación de buena voluntad que nos da mandamientos que solo un ser libre puede obedecer. . . .

Por mucho que estudiemos la evolución de la especie humana, por mucho que nos mezclemos con los secretos de la naturaleza, no descubriremos el camino de la libertad, ya que éste no es el camino de la carne. La libertad, el amor y el deber nos llegan como una visión de la eternidad; y conocerlos es conocer a Dios. Este conocimiento rompe la barrera del tiempo y nos pone en contacto con lo eterno. Por eso el salmista [nos dice], de Dios, que “su verdad permanece de generación en generación”.

Noviembre es un mes para recordar a los muertos en nuestras oraciones. Roger Scruton creía que establecemos una diferencia a través de las únicas cosas que realmente controlamos: nuestras propias elecciones y acciones. Así, pues, encendí una vela por él este mes. Me pareció una obligación de caridad. Y de gratitud.

Tomado/traducido por Jorge Pardo Febres-Cordero, de:

Sobre el Autor

Francis X. Maier es miembro senior de estudios católicos en el Centro de Ética y Políticas Públicas y el investigador senior asociado 2020-22 en el Centro de Ciudadanía y Gobierno Constitucional de Notre Dame.

JUEVES 11 DE NOVIEMBRE DE 2021

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba