Opinión

¿De qué depende el rescate y refundación de Venezuela’?

De su asepsia moral y reforma constitucional

Egildo Luján Nava:

Lo gubernamental al día de hoy, en las condiciones como se le dirige y administra, sin duda alguna, no es únicamente la causa y el efecto de todo aquello con lo que carga Venezuela y que, desde luego, hace que gran parte de su población sienta pena por llamarse venezolana, y que la otra, sencillamente, guarde silencio ante sus compatriotas y el resto del mundo.

¿Y a qué se debe el silencio comprometedor?: Por ser la manera de extraerle provecho, beneficiarse y convertir su presente en la base  que luego prolongará la aparición de derivaciones generacionales indiferentes ante sus vecinos, por poco importar e interesar el  apego, amor y respeto y práctica de lo moral, como de lo que están llenos los discursos públicos cuando se hace necesario mencionar y rendirle glorias a lo que llaman Patria.

En Formato del Futuro, el tratamiento reflexivo que se le dedicado y dispensado a la situación venezolana desde hace ya una década, no ha sido un accidente histórico ni una ocurrencia circunstancial. Por el contrario, ha sido una perseverante referencia dirigida a tratar la complejidad de los problemas, a no temerle a la importancia de analizar las causas de los mismos, y a no perder de vista los factores influyentes que, de un gobierno a otro, han pasado a ser suma de intereses y agresividades patológicas. Individuales o grupales, pero lo suficientemente perniciosas hasta terminar  generando presencias promiscuas y complicadas de diferentes actores.

Desde luego, es inapropiado y hasta injusto calificar esta situación como producto de las diferencias entre dos únicas corrientes políticas o ideológicas venezolanas. Sobre todo porque, de ellas, el país ha recibido aportes motivacionales y un mensaje encaminado a enfrentar desvíos nacidos y alimentados por el incuantificable aprovechamiento de lo que ha significado -y han llamado- «ordeño inteligente» de la fragilidad de los principios, los valores y la base moral fluctuantes en el seno del desorden del ingreso y del derroche estatal.

Por la misma razón que las distorsiones y justificaciones de los desafueros del presente, como del insano aprovechamiento de la ventaja del control del poder no está cazado con las llamadas «sanciones», tampoco se puede afirmar que han sido la presencia e intromisión de factores foráneos o externos, además de la mayoritaria y lamentable falta de escolaridad y educación en general, lo que todo ha descompuesto y  ha ubicado al país en un ambiente de extremo extravío. En absoluto.

Ha ido mucho más allá. Y eso se traduce en la fragilidad de la base social colectiva, distorsionada en gran parte por el interesado aprovechamiento de la multiplicidad de ingresos convertidos en el gran soporte de la corrupción y del derroche, como del «rentismo» presupuestado para darle espacio al gasto por gastar, y al ideario que emergió del «padrinazgo y del compadrazgo» estatal.

La promiscuidad de factores en disputa por el control del poder y el apuntalamiento de jugosos  beneficios sin que en ninguno de ellos prevaleciera, como interés primario, la lucha por el bienestar, el  progreso ciudadano, el desarrollo económico y social  para beneficio de la protección del país, han terminado constituyendo un ovillo amorfo, complejo, intrincado  y complicado de desenredar. Todo se proyecta difícil de superar, si bien hay que admitir, adicionalmente, que tal dificultad no traduce imposibilidad.

En el caso venezolano, se pueden citar varios de los factores involucrados en la lucha por intereses particulares, como por el control del poder en sí: a) Intereses foráneos, b) El Chavismo-Madurismo, c) Las Fuerzas Armadas, d) La Guerrilla Colombo-Venezolana. e) El   Narcotráfico nacional e internacional.  f) Los partidos políticos «opositores», g) Los partidos políticos «Alacranes» pro-régimen, h) El hampa organizada, i) Y, desde luego, la Sociedad Civil compuesta por más del 80% de la población.

Sin duda alguna,  nombres y referencias  evidencian que son muchos los protagonistas  involucrados en la lucha por intereses particulares y de complicada convivencia que limitan a la Sociedad Civil venezolana. Dicha sociedad, no obstante ser mayoritaria, no cuenta con los recursos, organización ni garantías para imponer su ventaja numérica poblacional. Y siendo ésta su única opción «la vía electoral», el ente rector, mejor dicho, el «Consejo Nacional Electoral», al estar totalmente controlado por el régimen, hace imposible lo que es necesario.

Lo necesario, en este caso, no es otra cosa que la celebración de eventos comiciales sin una imparcialidad o control, o supervisión de parte de los organismos internacionales y la estructuración de un nuevo independiente y honesto ente electoral que ofrezca garantía de pulcritud y de honestidad en los futuros procesos electorales. Pero, además, que esa gran mayoría integrada por la sociedad civil pueda elegir una dirigencia justa, apropiada y dispuesta a lograr el rescate el país. De igual manera, que  lo REFUNDE y que lo ponga en la senda del progreso.

De no ser así, de no llegar hasta dicho propósito, sin duda alguna, los resultados ante la celebración de Revocatorios, serán ilegítimos, simples usurpaciones y hechos adversos ante el sentir mayoritario. En el caso de las elecciones para cambios en Alcaldías y en Gobernaciones, además, nada impedirá que el régimen sólo permita que la expresión política no gubernamental resulte favorecida en algunas entidades. Y suficiente para que, a partir de su ya conocido desempeño en estos casos, por vías presupuestarias, termine asignándole lo que su llamada «representación parlamentaria»  denominan «protectores» u otras formas novedosas de control.

En Venezuela, nada de esto es hoy una novedad. Ya se ha visto en experiencias electorales pasadas. Y que tan sólo beneficia al régimen en su intento internacional por legitimarse y mostrar una falsa careta de democracia en el país. Esto, de hecho, ya se ha expuesto en varios países. Y, adelantándose al evento electoral programado, han declarado este proceso como ilegítimo.

Este cuadro complejo, peligroso y contagioso que tiene como generador continental a Cuba, Venezuela y Nicaragua, es lo que preocupa a las potencias internacionales, especialmente a Europeos y Norteamericanos, en armonía con los organismos internacionales, especialmente la Corte Penal Internacional. Todos, en conjunto, conforman el gran poder que puede detener esta metástasis contaminante en América. Innegablemente, lo están logrando. La implacable justicia tarda, pero siempre llega, reza el dicho popular.

En cuanto al caso particular de Venezuela, es imperativo  que los partidos políticos activos, de confusa definición moral e ideológica al demostrarse incapaces de resolver la trágica situación nacional durante 22 años, aprovechen la circunstancia actual para reestructurarse.

De hacerlo política, moral e ideológicamente, darle paso a la Sociedad Civil Organizada, y juramentarla constitucionalmente bajo la denominación de «Conferencia Ciudadana para el Restablecimiento Constitucional y Democrático de Venezuela». Además, hacerlo representando a más de 70 de las más importantes organizaciones de la Sociedad Civil a nivel nacional, para que aporte personalidades profesionales con demostrada capacidad, conocimientos y experiencias.

Pero, además, que dichas personalidades rescaten la credibilidad y las esperanzas perdidas del soberano, hasta hacer posible la integración de un Gobierno de Transición que, durante un período perentorio, rescate, refunde y ponga en marcha al país en un proceso Constituyente. Y teniendo siempre en consideración que el mismo debe ser integrado por personalidades de todo el país y de, una vez cumplida la tarea, ir a un proceso electoral general, libre e imparcial y estrictamente supervisado.

Desde luego, la conclusión de dicho propósito se manifestaría en la posibilidad de la competencia de todos los partidos políticos ya reconstituidos, depurados y organizados, para beneficio del país.

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