Testimonios

La romántica conexión entre Cuba y Guatemala

El caso de una “niña” en Guatemala y su amor imposible

Macky Arenas:

Estamos escribiendo tantas historias duras sobre nuestras realidades en América Latina que a veces nos olvidamos de las lecciones de amor, de nobleza y de gallardía que forman nuestro patrimonio cultural y son parte de nuestra identidad “emocional”, por decirlo de alguna forma.

Tal vez pocos relatos, inmortalizados en hermosos poemas pero reales -envueltos en el drama pero testimonios imperecederos de la grandeza del alma humana- sean tan impactantes como el que protagonizaron la hija de un expresidente guatemalteco y el gran poeta cubano José Martí, padre de la patria cubana e inspirador de tantas luchas por la libertad latinoamericana.

Ahora, cuando los cubanos retoman con fuerza la lucha por su libertad, vale la pena destacar la fuerza espiritual y la inconmensurable ternura que cabía en el corazón de quien les infunde coraje y cuyo legado los anima: su poeta y patriota.

Una historia de amor y poesía

La historia se desarrolla hacia finales de los 1800, en Guatemala, cuando una linda jovencita, María García de Saborío,  dama de sociedad guatemalteca, hija del general Miguel García Granados, quien fuera presidente de Guatemala, se enamora perdidamente del poeta y patriota  cubano José Martí. Él había llegado a Guatemala en 1877, frecuentando la tertulia del general García Granados.

Él también se enamoró de María, dicen que quedó prendado apenas la vio. Pero no pudo corresponder el amor  por estar comprometido para casarse con una joven camagüeyana, Carmen Zayas Bazán Hidalgo, quien lo esperaba en México para contraer matrimonio. Y él era un hombre de palabra.

Siendo María, sobrina de María Josefa García Granados, influyente poetisa y periodista de la época, es fácil imaginar cómo pudo surgir el amor, dada la sintonía que introdujo  entre ellos el amor por las letras.

Aparte de ello, Martí era encantador. A cualquier mujer habría fascinado su amplia cultura, su pasión por la libertad, su fluidez al hablar, su alma noble que sobresalía de sus poros.  Dicen que en Guatemala lo llamaban “Doctor Torrente” por su gran capacidad oratoria. Él impartió clases a María en la Academia de Niñas de Centroamérica, razón de más para encandilar a esta alumna sensible y, por demás, muy interesante, que llamaría también la atención de Martí.

La chispa

Un testigo describe así el primer impacto: M.B. Martínez: «Era una joven interesantísima. Llevé a Martí a un baile de trajes, que se daba en casa de García Granados, a los dos días de haber llegado a Guatemala; estábamos los dos de pie, en uno de los hermosos salones, viendo desfilar las parejas del brazo. Llegaron dos hermanas señoritas. Me preguntó Martí, “¿Quién es esa niña vestida de egipcia?”—“Es María, hija de la casa”. La detuve y le presenté a mi amigo y paisano Martí, y se encendió la chispa eléctrica».

Otro contemporáneo, José María Izaguirre, cubano que  vivía en Guatemala en ese tiempo y era director del entonces prestigioso Instituto Nacional Central para Varones, ofrece esta descripción de la joven: «Era alta, esbelta y airosa: su cabello negro como el ébano, abundante, crespo y suave como la seda; su rostro, sin ser soberanamente bello, era dulce y simpático; sus ojos profundamente negros y melancólicos, velados por pestañas largas, revelaban una exquisita sensibilidad. Su voz era apacible y armoniosa, y sus maneras tan afables, que no era posible tratarla sin amarla. Tocaba el piano admirablemente, y cuando su mano resbalaba con cierto abandono por el teclado, sabía sacar de él notas que parecían salir de su alma y pasaban a impresionar el alma de sus oyentes».

En las veladas artísticas y literarias que organizaba Izaguirre, a las que Martí asistía con frecuencia, también era asidua María y allí se conocieron. Ella era apenas una adolescente, siete años menor que él. Para remate, el padre de María lo invitaba con frecuencia a su casa pues se hicieron amigos y eran más oportunidades para ver a María.

A finales de 1877, Martí se fue de Guatemala. Partió rumbo a México, donde cumplió su compromiso de matrimonio con su prometida, Carmen Zayas Bazán, además de asuntos políticos que lo obligaban a una vida de mucho ajetreo.

Muere María y nace la leyenda

Martí regresó a Guatemala a inicios del siguiente año, ya casado con Carmen, madre de su único hijo. Invadida por una profunda aflicción, murió María el 10 de mayo de 1878, a sus diecisiete años.

Ello daría lugar a una triste leyenda inspirada por los amores frustrados entre el poeta y prócer cubano José Martí y María. Martí dejó su tristeza plasmada en el poema IX de sus Versos Sencillos. Antes de su fallecimiento, él dedicó al menos dos poemas a la joven.

Dicen que María, cuya salud estaba amenazada desde siempre por complicaciones en las vías respiratorias, a pesar de encontrarse afectada por una fuerte gripe, se metió al río y las frías aguas le causaron una neumonía que la llevó a la muerte. No hay que descartar que ese frágil estado físico, junto a su depresión emocional, haya sido la combinación de fondo para el deterioro de su salud. Dicen que se fue apagando como una velita.

Él, al saber la noticia, escribió unos versos exquisitos donde idealiza aquél amor, revela un mensaje que ella le hizo llegar al saberlo casado y relata su propio dolor por la pérdida de María. Algo realmente sublime, viniendo de una de las plumas más prolíficas de la literatura hispanoamericana y mundial.

Esos versos conocidos como Versos Sencillos, fueron publicados en Nueva York en 1891, unos 13 años luego de la muerte de María.

“Dicen que murió de frío. Yo se que murió de amor”

Una vez de vuelta en Guatemala, ya con su esposa, él no visita más la casa de García Granados. En carta a un amigo, Martí confesó haber recibido de ella esta desesperada nota que habla de su intenso amor, todavía vivo, pero también de un alma generosa y comprensiva: «Hace seis días que llegaste a Guatemala, y no has venido a verme. ¿Por qué eludes tu visita? Yo no tengo resentimiento contigo, porque tú siempre me hablaste con sinceridad respecto a tu situación moral de compromiso de matrimonio con la señorita Zayas Bazán. Te suplico que vengas pronto”.

Cuentan que fue un entierro muy concurrido el de María, dada la alcurnia de la familia en la sociedad guatemalteca. Allí también estaba Martí, quien, luego de que todos se fueron, quedó junto a la tumba de María, guardando respetuoso silencio, acompañando a su amor imposible.

Vale la pena conocer el sentido poema, incluido en los Versos Sencillos IX. Se llama La Niña de Guatemala:

(Poema – Texto completo)

José Martí

Quiero, a la sombra de un ala,

Contar este cuento en flor:

La niña de Guatemala,

La que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos,

Y las orlas de reseda

Y de jazmín: la enterramos

En una caja de seda.

… Ella dio al desmemoriado

Una almohadilla de olor:

El volvió, volvió casado:

Ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas

Obispos y embajadores:

Detrás iba el pueblo en tandas,

Todo cargado de flores.

…Ella, Por volverlo a ver,

Salió a verlo al mirador:

El volvió con su mujer:

Ella se murió de amor.

Como de bronce candente

Al beso de despedida

Era su frente ¡la frente

Que más he amado en la vida!

…Se entró de tarde en el río,

La sacó muerta el doctor:

Dicen que murió de frío:

Yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,

La pusieron en dos bancos;

Besé su mano afilada,

Besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,

Me llamó el enterrador:

¡Nunca más he vuelto a ver

A la que murió de amor!.

Y así, a la sombra del ala de aquél  platónico amor, los cubanos de todos los tiempos se siguen enamorando,  recitando esa historia encerrada en el sublime poema de José Martí, uno de los protagonistas que vivió para contarlo.-

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