Opinión

Saludo navideño

José Antonio Gil Yepes:

Navidad, natividad, nacimiento. Algo nuevo ha nacido en esa Belén que podremos llamar a Venezuela si renacemos, no con un nuevo gobierno, sino en nosotros mismos.

Como saludo para estas navidades deseo compartir contigo una sencilla pero profunda reflexión que debe llenarnos de orgullo y esperanza. Estábamos acostumbrados a que el gobierno marcará la pauta: nos promoviera, protegiera, bloqueara, expropiara o confiscara y, por ello, desconfiamos de todos, concentramos poder y nos cuesta tomar riesgos. Pero hoy vemos que el repunte de la economía se debe principalmente al afán de miles de iniciativas de empresas y emprendedores, y no al apoyo oficial ni a una gran reestructuración macroeconómica y política, que sigue pendiente.

Estos miles de esfuerzos individuales dan fe de que podemos sacar lo mejor de nosotros mismos para responder a las dificultades. Pero esta natividad de emprendimientos, si no cuenta con el apoyo desde arriba del entorno gobierno, necesita blindarse desde adentro: Necesita que estos emprendimientos se basen no sólo en iniciativas y grandes esfuerzos individuales sino también en alianzas con los sectores relacionados a cada emprendimiento, lo cual requiere cambios en el estilo de liderazgo. Es decir que la fórmula completa de este nacimiento no sólo es “el yo” (¡Bravo, que bien lo hace fulanito, wao!”); la fórmula completa es “el nosotros”.

En cuanto a las alianzas. Si esos emprendimientos no se blindan, tejiendo una red horizontal de intereses complementarios entre propietarios, colaboradores, clientes, proveedores, distribuidores, fuentes de desarrollo tecnológico, financistas y entes reguladores, serían muy vulnerables a los disparates y atropellos que han cometido los gobiernos en Venezuela.

En cuanto al liderazgo. Si no entendemos que no podemos seguir siendo desconfiados y, por ello, obsesivos por concentrar el poder y de usarlo para “marcar nuestros territorios personalísimos”, no podremos construir alianzas y, sin ellas, seremos muy vulnerables.

El nuevo liderazgo de cada uno de nosotros ya no puede ser autoritario, vertical y exclusivo. Necesitamos desarrollar un liderazgo democrático, más horizontal que vertical, participativo e incluyente. Pero esto no es noticia. Eso está en cualquier libro; pero hay algo que está en muy pocos. Recientemente lei, “en dos sentadas” la obra de James C. Hunter, The Servant, Una historia sencilla sobre la verdadera esencia del liderazgo. Este libro sugiere, a través de vivencias, que, para construir alianzas sinceras y profundas, necesitamos desarrollarnos como personas integrales.

Ese “liderazgo de servicio” se basa en traducir el Amor que nos enseñó Jesucristo (“amor”como agapé, obras y conductas; no como razones ni sentimientos, “manipulativo ni romántico”) en las características de un nuevo liderazgo: Paciencia-Auto Control; Amabilidad-Prestar atención, apreciar, incentivar; Humildad-Ser auténtico, sin pretensiones ni arrogancias; Respeto-Tratar a todos como gente importante; Desprendimiento-Responder a las necesidades (no necesariamente a los deseos; ej., enseña a pescar, no regales pescados); Perdón-perdonar; Honestidad-No decepcionar a otros; Compromiso-Cumplir lo prometido; Servicio y Sacrificio-Poner de lado nuestros deseos y necesidades, buscar el mayor bienestar de los demás.

Siguiendo estos principios, podremos cambiar el sesgo disociativo (rompemos amistades, matrimonios,  sociedades y renunciamos, en vez de luchar desde adentro) que rompe nuestras alianzas, por un sesgo asociativo, propio de una alta inteligencia emocional.

En este caminar, me pregunté cómo haría yo mismo para poder alcanzar esa grandeza que supone el liderazgo de servicio. Pero, en los momentos que me he propuesto dominarme y ensayar alguno de esos rasgos, me he sentido mejor que nunca. Esa sensación debe ser un “pitazo de que por ahí va la cosa”. La Ley Natural o la Ley de Dios existe y nos ilumina desde nuestra conciencia. Al menos démosle una oportunidad en esta navidad, tiempo de buenos propósitos.

Lo cierto es que si no cambiamos nuestros patrones personales, no podremos ser los líderes nutritivos que necesitamos ser para mover esos negocios que están surgiendo “de la nada y con las uñas”. Si somos líderes verticales “al servicio propio” y menos si construimos negocios de “lucro sin fin”, no podremos construir alianzas y sin ellas seremos muy vulnerables a los caprichos de los gobiernos.

Aparte de que sí hay una fórmula para blindarnos, otra buena noticia es que al blindar nuestros negocios bajo un modelo de alianzas y liderazgos de servicio, no sólo nos fortalecemos económicamente sino que también desarrollamos un tejido social, económico y cultural que hace crecer y blindar nuestra democracia liberal.

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