Opinión

El valor de la honestidad

 

Gloria Cuenca:

Ser honesto es gran cualidad. En otros tiempos bastaba con que alguien lo proclamara para que se le considerara así y se le aceptara. Después hubo que recurrir a los demás para que garantizaran quienes éramos y cómo actuábamos. Fueron apareciendo, las necesarias, cartas de buena conducta, en los colegios, en las universidades y también los antecedentes penales. Certifican sí la persona se ha comportado bien a lo largo de una etapa de su vida. Sin embargo, la conducta es lo más importante; “portarse bien” a la larga, es lo que definitivamente sirve, para saber si alguien es honesto o no, y especialmente, digno de nuestra confianza. Existen maneras de ser deshonesto: las mentiras, los robos, la irresponsabilidad en el trabajo, el incumplimiento de los tratos, el hacerse el desentendido/a sobre deudas y préstamos, la complicidad o la omisión, con trabajos deshonestos, las agresiones verbales y físicas, el maltrato y el acoso, entre otras formas de abuso. Se puede notar, entre la gente que no es honesta, tiene múltiples maneras de actuar, y-a veces- pasa medio desapercibida. Esto lleva a una relativa y aparentemente, aceptación de esos hechos vergonzosos. Algunos, hacen “como si” no se dan cuenta; otros se quedan quietos para no entrar en conflicto; una especie de juego: el del gato y el ratón. Donde el ratón es el ladrón, y la persona robada es el gato; otros participan en la cacería del ratón; y otros, esperan el fin del mes y los sacan del juego, es decir, los despiden, cuando de empleados se trata.

Robar antes, era algo excepcional y muy mal visto para quienes crecimos en otra realidad, distinta a la de hoy. Ser ratero, pedir prestado y no pagar, actuar como ladrón y capaz de cometer hurtos era criticado e inaceptable. Para la religión, la postura es categórica: se trata de un pecado mortal. Además, de requerir perdón y reparación, debe existir en la mente de quien se atreve a robar, la posibilidad de arrepentirse y hacer, lo que se conoce como “el propósito de enmienda”. Es decir, debe prometer no reincidir. Con sorpresa, se observa que hay una enorme cantidad de personas que roban, aparentemente, se arrepienten, pero de inmediato vuelven a caer en lo mismo, roban sin ningún remordimiento. Sin embargo, hemos llegado a un momento difícil y lleno de incertidumbre: una enorme cantidad de personas, roba. Entre otras cosas: comida, herramientas, cuadernos y creyones, ropa, galletas y cosas pequeñas en los auto mercados, en nuestras casas, en las tiendas y en los expendios de todo tipo. Con la mala argumentación de que, lo hacen porque no tienen, u otros tienen más. Esto ocurre sin que les importe; sin embargo, se trata de un delito, un pecado mortal, una acción en contra de la sociedad. ¿Qué hacer? Volver a la educación, imprescindible, insistir en los valores, (recuérdese un valor, es algo estimado) la honestidad, la rectitud, la veracidad, la coherencia entre otros aspectos, fundamentales  para ser buenos ciudadanos y mejores personas.

Sabemos, empíricamente, que los robos son al “mayor y al detal”. Sí  figuras prominentes dan el mal ejemplo, los demás mortales hacen lo propio. En las familias ocurre igual: algunos de los hermanos enseñan picardías, unos a otros, casi siempre los más pequeños. ¿Qué hacer? Rescatar los valores, hacer de la educación un aspecto fundamental, para volver a “moral y luces: nuestras primeras necesidades”, vigente hoy, como siempre. Considerar que la ética es un importante activo en el proceso de recuperación de la Venezuela posible, es fundamental y de trascendencia. No olvidarlo. La honestidad es una meta y una postura ética. ¡Decidamos apostar y trabajar con eso! ¡Feliz año 2022! Con ética y en Libertad.-

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