El Mundo

Haití, el grito de un país al borde de la ruina

Los asesinatos, las guerrillas, los secuestros y la violencia están cada vez más a la orden del día. El testimonio de la hermana Marcella Catozza: "La gente tiene miedo incluso de salir de sus casas. La causa de tanto dolor es la extrema pobreza en la que se encuentra la población, abandonada por todos"

Hay una imagen que resume el dolor y la desesperación de Haití de un vistazo: muestra a decenas de pobres indigentes atacando un camión cisterna cargado de combustible. En sus manos sostienen martillos y cubos y en sus corazones el sueño de poder arrancarle a ese camión unos cuantos litros de gasolina para venderlos en el mercado negro y, tal vez, salir adelante por unos días sin morir de hambre. El camión no resistió y explotó, llevándose consigo las vidas y los miserables sueños de al menos ochenta personas. La tragedia tuvo lugar hace quince días en Cabo Haitiano, la segunda ciudad más poblada del país caribeño, pero ya se ha convertido en el símbolo de una nación al borde del abismo.

Falta todo, también el agua

«Esta noticia ha dado la vuelta al mundo, pero nadie ha puesto el foco en el verdadero drama: la multitud de personas hambrientas que, para sobrevivir, intentan saquear un poco de combustible con martillos, arriesgando sus vidas», dice la hermana Marcella Catozza. Ponerse en contacto con la monja, miembro de la Fraternidad Misionera Franciscana, no ha sido fácil. Las conexiones telefónicas son casi imposibles, e Internet está sujeto a los caprichos de la electricidad, que en muchas zonas está ausente durante buena parte del día. «A menudo faltan el agua y el gas durante semanas. Ni siquiera podemos cocinar la poca comida que tenemos», explica la hermana Catozza.

Lo que la misionera llama «nuestro hogar» es una estructura que incluye un orfanato con 150 niños de hasta 14 años y una guardería con más de 500 alumnos. El lugar, situado entre el mar y la ciudad, también sería evocador si no fuera porque se encuentra en el corazón de Waf Jeremie, la barriada más grande y pobre de la capital, Puerto Príncipe. «Waf Jeremie- dice la monja – tiene unos 100.000 habitantes y es un barrio de chabolas construido sobre un vertedero municipal. Hace veinte años, el obispo de aquel entonces pidió a nuestra congregación que se ocupara de la ‘gente del vertedero’, y no nos echamos atrás».

Aumento de la violencia

En el barrio de chabolas, la hermana Catozza tiene que enfrentarse no sólo a la extrema pobreza, sino también al ejército de liberación que ha instalado allí su cuartel general. «Son los milicianos los que llevan mucho tiempo aterrorizando a la gente, disparando en las calles», dice, y añade que «en todo el país, la violencia nunca ha sido tan fuerte como en los últimos meses». «Ha aumentado de forma increíble. Nunca había visto algo así», asegura.

Los actos de guerrilla, los asesinatos y los secuestros de las bandas son especialmente preocupantes. El 24 de diciembre un secuestro relámpago afectó a una educadora que trabaja con la hermana Catozza: «Hasta la noche no sabíamos nada de ella, luego la soltaron pero la habían desvalijado completamente. La dejaron sin nada», explica.

La gente en Haití tiene ahora miedo de caminar por las calles. En Navidad, las iglesias han estado medio vacías, muchas fiestas religiosas y sociales han sido canceladas. Incluso en el barrio de chabolas donde la hermana Catozza vive con sus huérfanos, no se pudo celebrar la misa de Nochebuena: «No sólo eso, sino que también tuvimos que renunciar a reunirnos con el nuevo nuncio apostólico que debía visitar a nuestros niños en la mañana del 24 de diciembre y celebrar la Eucaristía para ellos». Esta situación ha llevado a la Conferencia Episcopal de Haití a lanzar, en su habitual mensaje de Navidad, un llamamiento al mundo entero para que «acuda en ayuda de una nación sumida en el caos político, económico y social, especialmente tras el asesinato del presidente Jovenel Moise en julio».

La miseria engendra muerte

Según la religiosa, la violencia en Haití tiene un origen claro: la extrema pobreza de la población. «Desde hace 40 años – dice, levantando la voz- el país vive en esta situación y, sin embargo, nadie ha hecho nada. Pensemos en el terremoto de 2010 que arrasó con todo: Haití es casi tan grande como una región italiana, pero aún no ha habido reconstrucción. En resumen, Haití está abandonado por todos», concluye.-

Federico Piana – Ciudad del Vaticano/Vatican News

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba