Entrevistas

Fernando Valladares, biólogo del CSIC: «Tenemos al menos cinco tipos de plástico en nuestro cuerpo»

«El gran apagón es inevitable», señala este investigador que al principio del confinamiento nos alertó de que la mejor vacuna es la naturaleza. «También para evitar suicidios», indica. Y nos guía: «Si hay más diversidad de especies, habrá menos virus»

Fernando Valladares es doctor en Ciencias Biológicas, profesor de Investigación en el CSIC y en la Universidad Rey Juan Carlos. Pero por encima de todo es un apasionado de la ecología y un entusiasta a la hora de comunicar, con claridad y precisión, todo aquello que nos rodea como especie. En el confinamiento nos avisó de que la mejor vacuna la teníamos al alcance y no le habíamos hecho caso, la naturalezaY a la naturaleza nos remite para entender lo que nos está pasando, nuestro alejamiento de ella es la principal causa de los desastres que estamos viviendo.

—¿Cómo anda la humanidad de salud?

—Está bastante regular. Hay un indicador muy claro, que son las muertes evitables, es decir, aquellas personas que se mueren antes de lo que les toca. Y esas muertes, en un porcentaje muy alto, tienen que ver con el estado del medio ambiente: el cambio climático, pandemias, degradación ambiental, la contaminación… Todo acelera el curso de enfermedades graves. Tú no te mueres de contaminación, pero esta hace que tu asma sea mortal; no te mueres de cambio climático, pero una ola de calor hace que una persona mayor o con problemas respiratorios fallezca…

 

—En el confinamiento nos dijiste que la mejor vacuna era la naturaleza.

—Claro, esa frase se puede aplicar a enfermedades: la naturaleza reduce los riesgos de infección y es un poco análogo de lo que pasa con la vacuna en el caso de las enfermedades infecciosas. Pero también hay otras formas de prevenir muertes evitables. Ahora está saliendo la estadística de suicidios, se están revisando los trastornos mentales, y todo tiene que ver con el alejamiento de la naturaleza. Eso está documentadoNo solo personas mayores recuperan la motivación cuando están en contacto con la naturaleza, eso se ha trasladado también a los trastornos mentalesUna forma demostrada de contrarrestar estrés, ansiedad o depresión, que luego pueden derivar en suicidios, es el contacto con la naturaleza. Si estás en un entorno con diversidad biológica, te encuentras mucho mejor.

 

—Todo es un círculo: si estás más estresado también te van a entrar más virus…

—Exacto, todo es un círculo vicioso y lo que hay que intentar es que sea un círculo virtuoso. En lugar de seguir explotando la naturaleza como si no hubiera un mañana, si cambiamos y valoramos la naturaleza como valoramos a nuestra familia, entonces al final tendremos un gran beneficio. No solo estaremos más felices y sanos, sino que contrarrestaremos décadas de agresión al medio, que luego se traducen en efectos climáticos y estrategias costosísimas.

 

—Si hay más animales, hay menos virus, nos has dicho.

—Sí, al haber más diversidad, y más diversidad genética dentro de la especie, eso hace que los riesgos de una infección sean menores. Resulta más difícil que de una especie A pase a una especie E, si en el medio hay muchas más. En ese caso, el virus se amortigua, ya que de especie a especie tiene que acomodarse y le resulta más complicado. La carga vírica baja porque se comparte entre especies distintas, pero si todas fueran de la misma especie, por ejemplo aves, cuando el virus le coge el truco, al final sube la carga vírica y la probabilidad de que un mosquito pique a un ave, y un ave a un humano, aumenta.

 

—¿Vendrán muchas más pandemias?

—Totalmente. Eso lo llevamos sabiendo desde hace décadas, incluso hay escenarios que, ojalá no se den, de tener varias epidemias y alguna pandemia simultáneas. Los virus no esperan cola, no van a esperar a que se acabe una para que empiece otra. Nos estamos poniendo un poco apocalípticos [risas], pero con la bacterias ya hemos visto que no solo se está alcanzando la resistencia, sino la superresistencia. Que significa, sobre todo, ser resistentes a más de un antibiótico. Y ahí tenemos un problema. Con la tuberculosis, por ejemplo, ya han empezado a surgir cepas que necesitan un tratamiento cruzado, porque ningún antibiótico es capaz de matar a la bacteriaEl confinamiento nos ha llevado a un uso extensivo de los antibióticos que ha acelerado en más de diez años el escenario de resistencia.

 Siete millones (al menos) de personas mueren al año por la contaminación; por el covid el primer año murieron casi dos millones

—¿Por qué en el confinamiento y por qué ahora sucede esto?

—Porque cuando no se conoce la enfermedad se aplican tratamientos genéricos y se prueban muchos antibióticos.

 

—¿Qué ha acelerado que haya tantas epidemias?

Dos mecanismos, uno es el de la resistencia por el uso tan intensivo de antibióticos que ha acelerado la evolución de las bacterias, que han hecho que haya más cepas. Muchos antibióticos acaban en los cuartos de baño de la red sanitaria, en papeleras…, y ese exceso termina en el medio ambiente convirtiéndose en un gran experimento natural en el que pones las sustancias a disposición de muchas bacterias, que entonces se reproducen por millones. Por otra parte, todas estas zoonosis, las enfermedades de animales que pueden afectar a los humanos, también aumentan por cuestiones ambientales, de degradación del medio, o por el mayor contacto de los humanos con especies con las que no tenía experiencia inmunológica, por ejemplo, a través de mercados ilegales. Esas especies pueden llevar años con un patógeno con el que han establecido una relación de entendimiento, como la que nosotros tenemos con un catarro.

 

—Por eso hay que ver lo que pasa con ómicron.

—Claro, posiblemente es menos grave porque a la larga el patógeno que más éxito tiene es aquel que acaba reproduciéndose mucho, y para reproducirse mucho no te interesa matar en el que creces. El mejor favor a un virus es hacerle copias y que nosotros sigamos sanos. Así, esa variante benigna se acaba imponiendo. Por eso hay que darle tiempo a las enfermedades. Pasa con el cólera, la gente que está en sitios donde hay más, coge menos cólera. Pero tiene que ser una convivencia sostenida de cientos de años.

 

—Para seguir apocalíptica, ¿cuánto plástico dirías que tengo en mis órganos?

—Cinco o seis tipos diferentes prácticamente en todas tus vísceras. Se sabe que los plásticos se van degradando y acaban en toda la cadena ecológica, y esa cadena la acabamos comiendo. Primero te comes una gallina que ha comido una lombriz, que a su vez se ha comido el plástico del suelo. Sabemos que hay plástico en nuestros intestinos, pero también en todas las vísceras e incluso nanoplásticos que nos entran en el cerebro a través del bulbo olfativo. Como un virus. Eso genera inflamaciones y esas inflamaciones pueden dar lugar a tumores.

 

—Cuando decimos que el cáncer lo provocan factores medioambientales, ¿nos referimos a todo esto?

—Sí, por eso cada vez más la medicina mira al medio ambiente. Con los cánceres infantiles sucede así, la mayoría tienen que ver con esto.

 

—¿Cuántas personas mueren por la contaminación al año?

—Al menos el 12 %, son más de siete millones de personas. En el primer año de covid fallecieron menos de dos millones, y aquí hablamos hasta de siete al año.

 

—¿El gran apagón es inevitable?

—Sí, pero estadísticamente en España tenemos menos probabilidades que en otros países del centro de Europa, porque allí la red está muy conectada. Suiza y Austria ya han dicho que para el 2023 las probabilidades de un apagón serán del 100%. En España no estamos en esos niveles, pero es bastante inevitable. Lo que puede suceder es un apagón corto y muy bien programado, porque de lo que se trata es de proteger al sistema eléctrico de un fallo grande que llevase meses arreglar. Se hará de modo preventivo, pero no es una tontería. No es para tomárselo a broma, no nos pasará en el corto plazo, pero llegará. Tendríamos que consumir menos electricidad y depender menos de ella. Un apagón no se genera solo por demanda, no porque pidas más de lo que puedes dar, eso es una causa, pero hay otras, como la sincronización entre las distintas fuentes de electricidad. Por eso es importante tener una diversificación de fuentes de energía, así, si fallan unas, puedes tener otras y estabilizar la señal y las frecuencias.

 

—Ahora también nos sube la temperatura del planeta. ¿El último acuerdo internacional vale para algo?

—Hay varios problemas de fondo, pero mientras sigamos consiguiendo energía a base de quemar, no resolveremos el calentamiento global. El 70-80% de la energía se consigue quemando combustibles fósiles, eso no nos lo podemos permitir.

 

—Se batieron récords el año pasado con temperaturas de 55 grados.

—Sí, eso es importante, pero lo que más preocupa es el promedio, estamos por encima del 1,3 con relación a la era preindustrial (finales del siglo XIX), que es la que tomamos como referencia. Nos hemos puesto el límite del 1,5, pero parece casi imposible, esperemos rebasarlo cuanto más tarde, mejor.

 

—Dame una noticia buena para acabar [risas].

—Ja, ja, ja. Se están tomando acuerdos con gases de efecto invernadero importantes como el metano. Se están poniendo buenas medidas, el metano es un gas muy potente, y se notará enseguida. Vive mucho menos tiempo que el CO2, y esto va a ayudar a atajar el cambio climático. Y con la naturaleza, todos estamos ganando conciencia en la protección, se va a ir notando.-

SANDRA FAGINAS/La Voz de Galicia

https://www.lavozdegalicia.es/amp/noticia/yes/2021/12/31/tenemos-cinco-tipos-plastico-cuerpo/0003_202112SY31P28991.html

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