Entrevistas

P. Guido Trezzani: «Seguimos celebrando todas las misas, aunque muchos se quedan en casa por miedo»

Mientras se viven días convulsos en Kazajistán, las pequeñas comunidades católicas siguen la evolución de la situación con preocupación pero sin verse especialmente afectadas

En la capital, Nursultan, no se produjeron disturbios, según confirman los colaboradores de la Nunciatura Apostólica, y el domingo 9 de enero la comunidad se reunió, como es habitual, en la catedral, para celebrar la fiesta del Bautismo del Señor, a pesar de que rige la prohibición de reunirse en grupos de más de tres personas.

Al parecer hay un gran enfrentamiento en la cúpula del poder, tras la dimisión del gobierno, que debiera ser sustituido por uno nuevo en el día de ho, 11 de enero. Está en curso una purga general a todos los niveles: tras la detención del jefe de los Servicios de Seguridad (KNB) Karim Masimov, parece ser que hallaron un coronel muerto en su piso. Como dicen en la Nunciatura, «está claro que esto no ha terminado», y es muy difícil hacer pronósticos sobre el futuro del país.

La incertidumbre queda confirmada por una conversación telefónica con el padre Guido Trezzani, un misionero italiano que lleva muchos años en Kazajistán, donde dirige la organización Cáritas de Almaty. La gran ciudad sureña, con casi dos millones de habitantes, fue el epicentro de los enfrentamientos. El padre Guido afirma que «se concentró una multitud de personas desesperadas, procedentes de las ciudades y pueblos de los alrededores». Él mismo pudo comprobar esto, ya que vive en una «aldea de niños» de la provincia, a unos 20 kilómetros de la metrópoli.

Los pequeños suburbios de la provincia de Almaty fueron el campo de reclutamiento de los manifestantes, reunidos por gente bien entrenada y armada hasta los dientes. Ofrecían dinero para atacar el centro de la ciudad y los edificios gubernamentales. Así se produjo la ocupación de la residencia presidencial, que fue defendida por jóvenes de la academia militar, desbordados por gente furiosa que empuñaba armas de todo tipo: «Una horda de 20.000 o más personas no es algo que se pueda organizar en un día, ni siquiera en una semana», dice don Guido. Aunque la información que se difunde es incompleta e imposible de verificar, es evidente que detrás de la revuelta hay un plan muy bien definido.

Es probable que las protestas por el alza del precio del gas, que comenzaron en Janaozen el 3 de enero, hayan sido espontáneas -movilizaron a conductores y trabajadores estrechamente vinculados al tema- pero tampoco es seguro que haya ocurrido así. En Almaty, la protesta se desplegó con un plan bien definido: «Se veían muchos extranjeros, en su mayoría de países vecinos, como tayikos y uzbekos», por tanto fue organizado desde el exterior, como acusó el propio presidente Tokaev.

Como recuerda don Guido, «me vino a la mente un episodio de hace un par de años, cuando en la zona explotó un depósito de armas, muchas de las cuales fueron robadas; la gente daba vueltas llevando Kalashnikovs y varias armas automáticas, que no se pueden comprar en una tienda». Tal vez exista realmente una lucha interna por el poder, pero ahora todo está bajo control, también debido a la presencia de las fuerzas de la OTSC (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva), encabezadas por Rusia «Seguimos celebrando todas las misas, aunque muchos se quedan en casa por miedo», concluye Trezzani.

Monseñor Adelio Dell’Oro, italiano y obispo de Karaganda, también asegura que salvo por Almaty y otras pocas ciudades, la situación es de relativa tranquilidad. «Rezamos para que los problemas se resuelvan pacíficamente, porque la violencia y las revoluciones nunca han creado una nueva sociedad y un nuevo mundo. Estoy en contacto con Silvia y Lucía [dos católicas] de Almaty: están bien, pero la situación no es calma, ya que se ha pasado de los actos terroristas a los actos de vandalismo. Rompen escaparates y roban en muchos sitios».

Monseñor Dell’Oro explicó que siente preocupación por los niños discapacitados que son atendidos en Almaty; en este momento no cuentan con los alimentos y medicamentos especiales que necesitan. Los fieles han pedido la colaboración del Centro de Asistencia Social del municipio. Estamos en estado de emergencia hasta el 19 de enero», añade el obispo de Karaganda, «y no es posible salir a la calle desde las 11 de la noche hasta las 7 de la mañana. Ustedes también pueden rezar para que los problemas se resuelvan a través de un verdadero diálogo por el bien común, en paz y justicia».-

(Asia news/InfoCatólica)

 

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