Trabajos especiales

Suecia: violencia pandillera y una nueva primer ministro

El nuevo primer ministro de Suecia, la socialdemócrata Magdalena Andersson, tiene un reto formidable ante sí: el creciente número de tiroteos y episodios de violencia pandillera que se registra en las ciudades del país. Suecia tiene el mayor número de tiroteos letales por millón de habitantes de toda Europa

El nuevo primer ministro de Suecia, la socialdemócrata Magdalena Andersson, que previamente se desempeñó como ministra de Finanzas, tiene un reto formidable ante sí: el creciente número de tiroteos y episodios de violencia pandillera que se registra en las ciudades del país. Su predecesor, Stefan Löfven, fracasó de manera notable y ni siquiera consiguió ralentizar el aumento exponencial de tiroteos durante sus siete años de mandato. El Parlamento eligió a Andersson en noviembre, luego de que Löfven anunciara su dimisión en agosto.

«Suecia es un país fantástico, pero tenemos una serie de problemas graves», afirmó Andersson. «Pienso eliminar cualquier obstáculo para acabar con la segregación y hacer retroceder los delitos violentos que estragan el país».

Suecia tiene mucho más que un «serio problema». Lleva años batiendo récords de delincuencia, al tiempo que se niega a hablar abiertamente de la relación entre inmigración y violencia pandillera. Esta resistencia puede que sea fruto de una combinación de corrección política y temor a fracasar en su proclamada ambición de ser la «superpotencia humanitaria». Ya en 2019, el líder del partido opositor Moderaterna, Ulf Kristersson, dijo que la situación era «límite para un país que no se encuentra en guerra».

Durante muchos años, el debate público sobre la relación entre la inmigración y los crecientes niveles de delincuencia y violencia pandillera fue considerado tabú. La publicación de estadísticas sobre el asunto tuvo un abrupto fin luego de que el Consejo Nacional para la Prevención de la Delincuencia (Brå) las publicara en dos ocasiones: 1996 y 2005. En 2017 el ministro de Justicia, Morgan Johansson, se negó a publicar datos sobre la etnia de los delincuentes; dijo que era algo irrelevante. La mayoría de los miembros del Parlamento le apoyó. Las investigaciones privadas sobre la cuestión eran sencillamente ignoradas. Ahora bien, a medida que los tiroteos se han convertido en cotidianos y que crece el número de inocentes heridos o muertos registrados en ellos, lo incuestionable está deviniendo objeto de discusión.

«Ya no es un secreto que gran parte del problema de la delincuencia organizada y pandillera, con tiroteos y explosiones, está vinculado con la inmigración de las últimas décadas», escribió el jefe de la Policía de Gotemburgo, Erik Nord, en mayo.

«Cuando, como es mi caso, tienes la oportunidad de seguir los asuntos a escala individual, ves que en principio todo el que dispara o es disparado en los enfrentamientos entre bandas procede de los Balcanes, de Oriente Medio, del norte de África o de África Oriental».

En agosto, en un cambio de posición completo que refleja cómo han cambiado los ánimos en Suecia desde 2017, el Brå publicó por primera vez en 16 años un informe con estadísticas sobre la composición étnica de la delincuencia, y en él se leía:

«La proporción de nativos y no nativos entre los delincuentes fichados es a menudo objeto de discusión. El Consejo Nacional para la Prevención del Delito había publicado con anterioridad dos investigaciones sobre el particular, pero han pasado ya varios años de la publicación del último estudio (2005), que se centraba en la delincuencia registrada durante el periodo 1997-2001. Desde 2001, la inmigración se ha incrementado, y la composición de la población no nativa ha cambiado. El actual estudio se acometió en este contexto, a fin de actualizar y mejorar la base de conocimiento de la delincuencia protagonizada por nativos y no nativos».

El informe proseguía:

«El riesgo de ser fichado como delincuente es mayor entre los nacidos en Suecia cuyos padres no son nativos, seguidos de los nacidos en el extranjero (…) El riesgo de ser fichado como sospechoso de haber cometido un delito es 2,5 superior entre los nacidos en el extranjero que entre los nacidos en Suecia y de padres nativos. Las personas nacidas en Suecia con ambos progenitores no nativos tienen un riesgo tres veces mayor.

Suecia tiene el mayor número de tiroteos letales por millón de habitantes de toda Europa, según un estudio comparativo elaborado por el Brå y divulgado en mayo. Además, es el único país del continente en el que los tiroteos letales se han incrementado desde el año 2005. En 2020 murieron 47 personas y 117 resultaron heridas en 366 tiroteos. En 2021, para el mes de noviembre se habían registrado 290 tiroteos y 42 muertos. Según el Brå,

«la tasa de homicidios por arma de fuego en Suecia es muy elevada en comparación con otros países europeos: aproximadamente 4 muertes al año por millón de habitantes. La media europea es de aproximadamente 1,6. Ninguno de los demás países incluidos en el estudio ha experimentado un incremento comparable al registrado en Suecia. De hecho, en la mayoría se han observado disminuciones tanto en la tasa de homicidios como en la de homicidios por arma de fuego».

En 2019 la Policía estimó que el problema iba para largo. «Pensamos que [los tiroteos y la violencia extrema] seguirán produciéndose por espacio de cinco a diez años en las zonas particularmente vulnerables», dijo el comisionado de la Policía Nacional, Anders Thornberg. «Las drogas se han instalado en la sociedad, y la gente normal las compra. Hay un mercado por el que las bandas van a seguir luchando».

«La investigación muestra que el aumento de la violencia letal por arma de fuego en Suecia está fuertemente relacionada con los entornos criminales de las zonas vulnerables», dice el informe del Brå. La Policía ha llegado a la misma conclusión: «Las zonas vulnerables son un foco de crimen organizado», informó recientemente. «Los criminales de las zonas vulnerables exportan la delincuencia a otras partes del país».

La Policía sueca define las «zonas vulnerables» como «áreas geográficamente delimitadas caracterizadas por un nivel socioeconómico bajo y donde los delincuentes tienen un impacto [notable] en la comunidad».

Según el más reciente informe sobre las mismas, divulgado por la Policía el pasado 3 de diciembre, hay 61 zonas vulnerables en el país. Algunas, categorizadas como «particularmente vulnerables», tienen niveles de violencia aún mayores y se caracterizan por las «amenazas y actos de violencia sistemáticos» –especialmente contra testigos de delitos–, unas condiciones de trabajo casi imposibles para la policía; «estructuras sociales paralelas, extremismo, violaciones sistemáticas de la libertad religiosa o un fuerte influjo fundamentalista que restringe los derechos y libertades humanos, gente que se va [al extranjero] a combatir en zonas en conflicto [y] una elevada concentración de criminales».

En esas 61 zonas vulnerables viven 556.000 personas, el 5,4% de la población del país (apenas 10 millones), según Hechos para el cambio: un informe sobre las 61 zonas vulnerables suecas. Tres de cada cuatro habitantes de esas zonas son de origen foráneo; los países de nacimiento más comunes son Siria, Turquía, Somalia, Polonia e Irak. En cinco de ellas la proporción de residentes de origen extranjero es del 90% o superior: Rosengård (Malmö), Hovsjö (Södertälje), Fittja (Botkyrka), Rinkeby/Tensta (Estocolmo) y Hjällbo (Gotemburgo). En Suecia hay casi 2,5 millones de personas con orígenes foráneos; según el informe, el 16,2% vive en zonas vulnerables. En un reciente comunicado de prensa, la Policía sueca escribió:

«La principal razón subyacente al desarrollo [de los acontecimientos,] con tiroteos y explosiones, es la situación prevaleciente en las zonas vulnerables, donde los residentes son amenazados por los criminales, el tráfico de drogas es flagrante y (…) los delincuentes han creado estructuras sociales paralelas».

La nueva primer ministro ha anunciado que está por fin dispuesta a recurrir a la mano dura. «Se impondrán penas más severas a los delitos relacionados [con la actividad de] las bandas», dijo en su primera comparecencia para dar cuenta de las políticas que piensa llevar a cabo, el pasado 30 de noviembre.

«No debería ser posible amenazar a testigos para que guarden silencio; de hecho, deberían recibir el apoyo que necesitan para cumplir con su deber de una manera segura. Será más fácil detener a sospechosos de delitos graves (…) Quien cometa múltiples delitos debería ser castigado con mayor severidad. Las condenas reducidas para jóvenes de entre 18 y 20 años por delitos graves serán abolidas. Las penas deberían reflejar mejor la gravedad de los delitos, aun cuando sus autores sean jóvenes».

Las condenas reducidas para jóvenes han sido un gran obstáculo, porque la violencia pandillera la protagonizan precisamente los jóvenes, incluso hay niños implicados en ella.

En seis de los siete distritos policiales del país, las bandas utilizan a niños de 12 años en sus actividades delictivas, que incluyen la venta de drogas y el transporte de armas. La Policía dice que en Estocolmo y Gotemburgo hay cientos de niños implicados en las actividades delictivas de las bandas. Según los responsables de la inteligencia sueca, el reclutamiento de menores ha aumentado en los últimos años, y algunos expertos sostienen que las bandas están reclutando incluso a niños de apenas 8 años.

En agosto la Policía detuvo a tres adolescentes, quinceañeros, por disparar y herir gravemente a dos hombres y a una mujer de 60 años, que estaban en el momento y el lugar equivocados, en Kristianstad. «Lamentablemente, se ha convertido en algo cotidiano», declaró una mujer que trabaja en la zona. «Si por la noche hay tiroteos, normalmente al día siguiente habrá más… Y a una le preocupa estar en medio».-

Judith Bergman

Gatestone Institute

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba